Recuerdos del nuevo santo Juan Diego ya inundan calles mexicanas

La imagen del indígena mexicano Juan Diego, que será canonizado por Juan Pablo II, comienza a ganarse un lugar más allá de los altares, pues muchos de sus fieles quieren tener una efigie de él sólo o al lado de la Virgen de Guadalupe, «Patrona de los mexicanos».

En los comercios de reliquias religiosas que rodean el Templo del Tepeyac, localizado en el popular barrio de La Villa, en el norte de Ciudad de México, Juan Diego es el personaje de moda pues «antes había una que otra figurita, pero siempre al lado de la Virgen, ahora ya está como santo», cuenta Mario Escobar, un veterano vendedor.

Las figurillas del indio al que la leyenda cuenta que se le apareció la Virgen de Guadalupe en diciembre 1531 están por todas partes y tamaños. En algunas conserva sus rasgos netamente indígenas, en otras las pierde, sobre todo en las tiendas de artículos de mayor calidad y precio.

Los fieles al futuro San Juan Diego pueden llevarse a sus casas una sencilla y mal acabada estatua por 25 pesos (poco más de dos dólares y medio), una de cierta calidad se cotiza entre 50 y 100 pesos (5 y 10 dólares), según el tamaño. Una de calidad, con fino acabado, no baja de 400 pesos (unos 40 dólares).

En el interior de la Basílica unos días antes de la canonización que efectuará Juan Pablo II había dos pinturas con la figura de Juan Diego, así como carteles en los que lucía el indígena al lado del Papa, pero en estos su imagen india era menos nítida.

Nadie parece notar que dentro del templo Juan Diego viste como un fraile y luce una barba poco común entre los indígenas, mientras que en las imágenes del comercio popular tiene un aspecto más «indio».

«Aquí no sabemos quien pintó a Juan Diego en la playera (camiseta) o los cuadros y estatuas, es más, creo que son varias las personas, porque no se parecen uno y otros», expresa Juan Treviño, encargado de una tienda de reliquias.

El recuerdo más barato de la santificación de Juan Diego es un pequeño relicario que se cotiza en cinco pesos (apenas medio dólar), que ofrecen los vendedores callejeros, que lamentan que las autoridades hayan cerrado sus espacios de comercio 48 horas antes de la llegada del Papa a Ciudad de México, prevista para la noche del 30 de julio. *

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