700.000 feligreses durante acto de canonización en Guatemala

El Papa pidió por indígenas, niños y mujeres marginadas

«Pensemos en los niños y jóvenes sin hogar o sin educación; en las mujeres abandonadas con muchas necesidades que remediar; en la multitud de marginados en las ciudades; en las víctimas de organizaciones del crimen organizado, de la prostitución o de la droga», declaró el Pontífice, durante la misa de canonización.

El Papa, en su segunda escala de una gira que ya lo llevó a Canadá y que concluirá el jueves en México, abogó además por la transformación de «la comunidad humana en una gran familia, donde las relaciones sociales, políticas y económicas sean dignas para el hombre, y se promueva la dignidad de la persona con el reconocimiento efectivo de sus derechos inalienables».

En una fresca mañana, un poco ventosa y nublada, en la que el sol aparecía de manera intermitente, el Papa canonizó al hermano Pedro de San José de Betancourt a las 09H42 locales, en su tercera y probablemente última visita a esta nación, que visitó en 1983 y 1996.

El encargado de prensa de la Comisión de la Iglesia Católica, Luis Marroquín, confirmó a la AFP que en la inmensa plaza se concentraron «más de 700.000 personas. Es un acto impresionante».

El acto de canonización fue realizado en el Hipódromo del Sur de la capital, de más de 18 hectáreas, abarrotado por emocionados feligreses de Guatemala, el sur de México y las naciones vecinas centroamericanas.

El Papa, completamente vestido de blanco y con una estola champagne, ingresó en el papamóvil hacia las 08H30 locales a las instalaciones del Hipódromo, donde fue ovacionado por una delirante multitud.

El Papa de 82 años, aquejado por la artritis y el mal de Parkinson, lucía este martes radiante y con gran vitalidad, contrario a su llegada la tarde del lunes procedente de Toronto, cuando pareció cansado y con muchas dificultades para caminar.

Con voz pausada, a veces entrecortada, el Papa pronunció su homilía en un altar de dos grandes columnas blancas, en medio de las cuales destacaba enorme pintura del hermano Pedro de San José de Betancourt.

Durante su corta homilía, el Papa hizo especial referencia a los indígenas, que conforman el 60% de los casi 12 millones de guatemaltecos, la mayoría de ellos sumidos en la pobreza y la discriminación racial.

«El Papa no os olvida y, admirando los valores de vuestras culturas, os alienta a superar con esperanza las situaciones, a veces difíciles, que atravesáis», señaló Juan Pablo II.

«Construid con responsabilidad el futuro, trabajad por el armónico progreso de vuestros pueblos.

Merecéis todo respeto y tenéis derecho a realizaron plenamente en la justicia, el desarrollo integral y la paz», agregó el Papa, mientras era ovacionado por la multitud.

El Papa también saludó la presencia en la ceremonia del presidente anfitrión Alfonso Portillo y sus homólogos Mireya Moscoso (Panamá), Abel Pacheco (Costa Rica), Enrique Bolaños (Nicaragua), Francisco Flores (El Salvador), Ricardo Maduro (Honduras) e Hipólito Mejía (República Dominicana), así como el primer ministro de Belice, Said Musa.

Miles de banderas amarillas y blancas del Vaticano fueron ondeadas por los feligreses, algunos de los cuales recorrieron cientos de kilómetros desde sus comunidades en el interior del país o desde los países vecinos, para rendir homenaje al Pontífice, en una región donde la religión católica sigue siendo mayoritaria.

La multitud también portaba pinturas del hermano Pedro de San José de Betancourt, un español, originario de Tenerife, que en el siglo XVII se estableció en Antigua Guatemala, 45 kms al oeste de la capital, a los 25 años, para dedicarse al servicio de los desposeídos hasta su muerte a los 41 años.

«Al inscribir hoy en el catálogo de los Santos al hermano Pedro de San José de Betancourt, lo hago convencido de la actualidad de su mensaje». «El nuevo santo, con el único equipaje de su fe y su confianza en Dios, surcó el Atlántico para atender a los pobres e indígenas de América.

Primero en Cuba, después en Honduras y, finalmente, en esta bendita tierra de Guatemala, su tierra prometida», afirmó el Papa.

El Papa destacó la vocación de servicio del nuevo santo, primero de la región centroamericana.

«Pedro de Betancourt se distinguió precisamente por practicar la misericordia con espíritu humilde y vida austera. Sentía en su corazón de servidor la amonestación del apóstol Pablo: «Todo cuanto hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres», parafraseó Juan Pablo II.

Tras la ceremonia de canonización, el Papa recorrería un trayecto de unos 3 kms hacia la Nunciatura, donde descansaría hasta horas de la tarde, cuando partirá a la ciudad de México. *

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