Una visión del mundo desde Ciego de Avila
Fidel Castro delineó en su discurso de Ciego de Avila el contraste entre los dos mundos que coexisten hoy en nuestro planeta. Lo hizo en una fecha incorporada a la mejor historia latinoamericana: el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. El próximo 26 de julio se cumplirá medio siglo de esta gesta de un puñado de revolucionarios, preámbulo de la revolución del 1º de enero de 1959, que abrió una nueva etapa en el devenir continental y se erige en el acontecimiento fundamental después de las luchas independentistas del siglo XIX.
12 años a vuelo de pájaro
Este es el cuadro de situación: «Hace apenas doce años, muchos en el mundo esperaban ver derrumbarse el último Estado socialista de occidente: Cuba. Hoy, en cambio, no pocos en el planeta esperamos ver cómo el mundo capitalista desarrollado, con EEUU al frente, sale del colosal y caótico desorden económico en que está envuelto. Los que tanto hablaron ayer del fin de la historia, podrían preguntarse si acaso esta profunda crisis no significa el principio del fin del sistema político, económico y social que representan». Claro está, con su habitual apego a la realidad el líder cubano no se deja llevar por ilusiones: «Ser conscientes del desastre que padece tal sistema no significa, sin embrago, ser obligadamente irreal, padecer exceso de optimismo o ver espejismos en medio de lo que todavía es un árido desierto».
Hoy «la humanidad sufre los horrores de la globalización neoliberal» y surgen enormes desafíos, en primer lugar la destrucción ambiental. El orador formula preguntas punzantes, referidas a la supervivencia humana: «¿Qué sentido tienen para la inmensa mayoría de la humanidad los avances espectaculares de la ciencia…? ¿Qué les prometen a los miles de millones de seres humanos hambrientos, enfermos, analfabetos totales o funcionales? ¿cómo explicarles a los 200 millones de niños que trabajan para vivir, otros que son vendidos en los mercados del placer, o mueren por millones cada año aún cuando pudieran ser salvados al costo de unos centavos? ¿De qué podemos sentirnos orgullosos? ¿A qué clase de humanidad pertenecemos?»
La conciencia de la especie
Alude luego a la estructura injusta de la ONU, al derecho de veto limitado a cinco países en el Consejo de Seguridad, a «la tiranía real en todos los temas de la superpotencia hegemónica y dominante» y proclama: «Trasmitamos el sencillo mensaje de la verdad a los miles de millones de personas que de una u otra forma lo viven y lo pueden percibir, y no habrá armas sofisticadas ni mecanismos de engaños y mentiras capaces de aplastar la conciencia de nuestra especie». Destaca en tal sentido el papel fundamental de la educación, y de un mínimo de cultura política para que los jóvenes y adultos puedan comprender las realidades del mundo. Condena asimismo los patrones y hábitos consumistas, impulsados por una publicidad de todas las horas a un costo de un millón de millones de dólares al año. Si se invirtiera la mitad de esa suma en crear valores y educar racionalmente a los pueblos, cambiaría la faz del planeta. En contraposición, dice Fidel, «no se educa a los seres humanos en un patrón de consumo y distribución realista que incluya la infinita riqueza cultural y espiritual», lo cual constituye «una enorme tragedia».
El horror globalizado
Dice luego que la lucha en que está empeñada Cuba adquiere especial relieve al enfrentar «la hostilidad y agresiones del gobierno que constituye la suma de poderes más abrumadora que ha existido, y que carece sin embargo por completo de valores éticos, sociales y humanitarios». Explica en detalle los «fraudes contables» en EEUU (incluidos los que protagonizó en su hora el propio Bush), definidos como «un robo descarado, una estafa criminal a decenas de millones de inversionistas y jubilados que han visto sus ahorros y pensiones reducidos en más de un millón de millones de dólares». Sus desastrosos efectos en las bolsas de EEUU y Europa impactaron la economía mundial.
El desempleo en EEUU subió al 6%, cayeron los índices Dow Jones y Nasdaq, el dólar se devaluó respecto al euro y al yen, 5 trimestres consecutivos se acumularon a la baja en las ganancias de las empresas, al escándalo de Enron siguió el de WorldCom (y el de Qwest después del discurso).
En Cuba, en cambio, a pesar de la baja de los precios del azúcar y el níquel, del bloqueo y los problemas del turismo, «ahorrando y administrando los recursos con eficiencia y honradez, no tienen lugar negocios turbios, saqueo de fondos públicos, lavado de dinero, tráfico de drogas». No existen niños sin escuelas. No andan descalzos ni pidiendo limosnas. Trece vacunas protegen su salud. El índice de mortalidad infantil es de los más bajos del mundo. Todos reciben atención médica inmediata y gratuita. Todos llegan al sexto grado y casi el 100% al noveno grado. Tienen asegurado estudio o empleo al arribar a los 16 años. El desempleo disminuye (de 6% en 2000 a 3,5% a fines de 2002). Se introducen en masa los medios audiovisuales y de computación en la educación escolar y general, se reduce (a 20) el número de alumnos por aula. La enseñanza universitaria se multiplica e irradia al exterior: «ayudamos en educación, salud y deportes, sin costo alguno, a otros países».
La sociedad más humana y digna. En conclusión: «existe unidad, cultura política, cohesión y fuerza. En la batalla de ideas nadie podrá medir fuerzas con nuestro pueblo. Acabamos de librar una sólida lucha contra las mentiras, la infamia, la subversión política y el intento de imponer a nuestro pueblo la caprichosa voluntad de los amos del imperio.
Lo hemos hecho con tan impresionante fuerza y apoyo popular, que a nadie debía quedar duda de que no habrá forma posible de batir nuestra invencible voluntad de vencer o morir defendiendo nuestro socialismo como la sociedad más justa, humana y digna que pueda concebirse». *
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