Naplusa ignora el toque de queda y festeja el atentado en Jerusalén
Los palestinos de Naplusa, que decidieron ignorar el toque de queda impuesto por el ejército israelí desde hace unos diez días comenzando a salir de sus casas, se congratularon en gran número este martes por el atentado contra civiles israelíes en Jerusalén.
«Estaba cerrado desde hace varios días, pero decidí reabrir ayer (lunes) porque no tenía más dinero. En casa, tengo que alimentar ocho niños y una mujer. Entonces, lo lamento por el toque de queda», afirma Mustapha Sheshteri, un hombre de 50 años que tiene una pequeña mercería en el centro de la ciudad.
Mientras explica que los soldados israelíes (que abandonaron el centro de Naplusa hace varios días) no le dan «miedo», su mirada se detiene en la pantalla de una pequeña televisión en blanco y negro que instaló en la puerta del comercio.
En la televisión difunden un reportaje de un canal de Abu Dhabi sobre un atentado suicida que acaba de tener lugar en Jerusalén, con un desfile de imágenes recurrentes en Israel: ballets de ambulancias, policías ordenando el tránsito con gestos desesperados, transeúntes con la mirada angustiada.
«Queremos todavía más atentados en Israel. Los israelíes nos matan, entonces nosotros los matamos», lanza el comerciante.
En el canal de Abu Dhabi, un periodista está explicando que la mayoría de las bombas humanas son oriundas de Naplusa. «Sobre todo de la universidad Al Najá, porque allí el islamismo es muy fuerte», aclara un palestino a la AFP.
En ese momento se escuchan explosiones, relativamente breves. «Son disparos de festejo tras el atentado», afirma un cliente de Mustapha Sheshteri.
A unos pasos de ese comercio, los habitantes de Naplusa, confinados en sus casas desde la amplia ofensiva lanzada por el ejército israelí en Cisjordania el mes pasado tras dos atentados suicidas contra israelíes en Jerusalén, se agolpan frente a los mostradores con frutas y legumbres del mercados.
Los obreros volvieron a las obras en construcción. Una grúa trabaja sobre un gran inmueble en plena construcción. Muchos muros de la ciudad están cubiertos con fotografías de palestinos autores de atentados suicidas, que posan con un fusil de asalto.
«¿Cuántos muertos en Jerusalén?», pregunta un vendedor de tomates.
«Ninguno, pero hay cuatro heridos», le responde alguien en la multitud, antes que el balance se eleve a siete heridos. «No es nada, hacen falta más, muchos más», responde el comerciante. *
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