La coalición de centroizquierda no logró la unidad
Roma, ANSA
Una de las enseñanzas más claras de la crisis política italiana es la de los enormes problemas a los que se enfrenta un líder político que debe mantener unida a una coalición integrada por diferentes partidos de la izquierda y del centro.
Según coinciden los analistas, uno de los errores fatales del premier Massimo D’Alema fue precisamente el de no haber logrado mantener compacta a su coalición, integrada por un amplio abanico de formaciones.
La lista del frente político encabezado por D’Alema es muy larga y va desde el poscomunista Democráticos de Izquierda (al que pertenece el premier), hasta dos formaciones ex democristianas, además de Los Demócratas (el partido del ex fiscal Antonio Di Pietro), un pequeño partido comunista y uno socialista, y de los «verdes» ecologistas.
Como prueba, basta decir que el centro-izquierda se presentó a las elecciones regionales del domingo con diez siglas diferentes, que en los comicios europeos de hace unos meses llegaron a ser doce. D’Alema no logró mantener unido este auténtico «ejército» de fuerzas, algunas de las cuales tienen programas –para no hablar de las ideologías– muy diferentes entre sí.
Los centristas del Partido Popular, por ejemplo, se quejaban desde hace tiempo del modo en que los trataba el premier poscomunista y por el hecho de que tenían poco espacio –tanto en términos políticos como de cargos– dentro del gobierno.
El tema de las desgastadoras rencillas y polémicas internas envenenó las relaciones internas y terminó siendo uno de los escollos más serios para D’Alema.
El electorado percibió, por ende, una situación de gran desorden desde este frente tan deshilachado.
En otras palabras, D’Alema realizó una tarea notable como»arquitecto» del Olivo, la coalición que se impuso a Silvio Berlusconi en 1996 y que llevó al poder a Romano Prodi, pero luego dio la sensación de haber perdido la brújula y de no tener el control de la sucesiva alianza de centro-izquierda.
Esto contrastó, en cambio, con el perfil homogéneo presentado durante la campaña electoral por el frente opuesto, o sea, por la denominada Casa de la Libertad, liderada por Berlusconi. La coalición conservadora también es muy variopinta, visto que está integrada por el partido fundado por Berlusconi, Forza Italia, la derechista Alianza Nacional de Gianfranco Fini, la separatista Liga Norte del «incendiario» líder Umberto Bossi, además de otras formaciones menores ex democristianas de centro- derecha.
Pese a ello, el dúo Berlusconi-Fini no mostró mayores discrepancias, mientras que el pacto electoral con Bossi funcionó a la perfección, según demostró el triunfo alcanzado por el centro-derecha en las industrializadas regiones del norte. Berlusconi y Bossi ya hicieron años atrás una alianza política de largo plazo, de la que ambos salieron enfrentados a muerte y con un gobierno (cuyo premier era el magnate de la TV) hecho trizas.
Otra enseñanza que puede desprenderse de esta nueva crisis italiana es la importancia para un gobierno de saber dar respuesta –y sobre todo saber «escuchar»– los reclamos más profundos de la sociedad civil. En el caso concreto de las elecciones del domingo, la gente pedía más seguridad para los ciudadanos y contra el crimen organizado, más firmeza a la hora de resolver el problema de la inmigración ilegal, más empleo, menos impuestos y menos presencia del Estado.
En otras palabras, una serie de reclamos que D’Alema no supo interpretar.
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