En busca del "tercer hombre" entre Carlos Menem y Elisa Carrió
ISIDORO GILBERT
Temen la opción entre la emergente Elisa Carrió y Carlos Menem. No por las mismas razones. En el sector concentrado de la economía, la diputada nacional que está arriba en las encuestas, que hoy no son un dato terminante, las motivaciones podrían considerarse obvias.
Su argumento estrella: «no se le conoce el programa; sólo su discurso ético». En rigor, es abrir el paraguas ante el primer intento de un espacio político que quiere efectivamente torcer el rumbo neoliberal y replantear la inserción argentina en el mundo.
Otro argumento para debilitar a la mujer: «no tiene equipos conocidos», una verdad a medias. Los cuadros que recoge o están ligados a los ámbitos académicos o al espacio social organizado, con fuerte peso de la Central de Trabajadores Argentinos. Una de las iniciativas de la CTA, el Frente Nacional contra la Pobreza, que brega por programa de distribución de los ingresos, Carrió lo introducirá en su plataforma electoral.
Se comprende la perturbación: los asesores económicos de la novedad no están en multinacionales, ni han pasado por organismos financieros internacionales, ni son economistas que contratan los grandes bancos y por lo tanto, crean dudas en el establishment que sabe encontrar voceros para generar espasmos.
Otra crítica vinculante: Carrió «no sabe construir política de poder» porque no acuerda con los grupos concentrados de la economía, ni acepta ir a la pasarela del FMI ahora, a exhibirse como ganado en los ruedos porque en definitiva –dicen lo que así piensan– le harán la vida imposible y en pocos meses se caerá.
La batería de objeciones incluyen algunas razonables pero hay que señalar que no caen en saco roto. Ejemplos: la consigna de la «abstención revolucionaria» no ha tenido eco ni dentro ni fuera del Partido Alternativa para una República de Iguales (PARI), porque las vertientes que convergen a ese espacio y datos que «llegan desde abajo» reclaman participación, mantener y ampliar lo ganado.
Mantiene su pedido por la caducidad de mandatos, una fuerte renovación, porque es un reclamo popular vigente. No hay ningún dato que indique que se llegue a esa situación. Acaso, el pedido se ciña a que los mandatos de los legisladores que se elijan con el binomio presidencial, la mitad de la Cámara baja, un tercio de la alta, asuman antes, para que el nuevo gobierno cuente con una relación de fuerzas al menos más cercana al resultado electoral de marzo. No es sencillo.
La duda de los desesperados
Aparentemente, la nueva legislación electoral, aun en borrador, no obligará a los partidos que tienen un solo candidato a ir a una interna que cuesta dinero y esfuerzo inútil. «Es un compromiso de Duhalde con Lilita (Carrió)», dicen en la Casa Rosada.
Más aún: el Presidente rechazó el reclamo de gobernadores peronistas para que «la Gorda (Carrió) esté obligada a hacer internas aun con lista única, así le contamos las costillas», argumentan. «Está el recurso de inconstitucionalidad si nos obligan», replican en el PARI a los que dudan de la lealtad del oficialismo a su propio compromiso.
Es posible que Duhalde haya estado convencido que la candidata «se bajaba» y por eso dijo que finalmente la presidencia la disputarán dos peronistas. ¿Quiénes serían?: el que resulte de la interna entre Carlos Menem y Juan Manuel de la Sota, y el peronista disidente, Adolfo Rodríguez Saá, que ya tendría dispuesto ir por fuera de la estructura partidaria. Al igual que el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner.
En la desesperación, que llega a algunos progresistas, no faltó la versión que daba a Carlos Reutemann como saliendo del Partido Justicialista encabezando una coalición de centro-derecha como la «otra opción». Es difícil creer que quien huyó a tener un partido, dinero para la campaña y un fuerte respaldo en sectores no peronistas para pelearle a Menem la interna, dé un paso tan osado como irse del peronismo a crear una nueva identidad.
A Carrió algunos analistas la ven desmoronándose a medida que avance la campaña y «no pueda exhibir propuestas». Ese es un prejuicio, sostienen quienes siguen más de cerca lo que sucede en ese espacio.
En todo caso, la dificultad mayor que tiene la diputada es armar su propia fuerza política para que pueda abrirse a legiones de independientes. Por eso libra una batalla contra los que intentan repetir la experiencia del Frepaso, es decir, poner el control de la nueva identidad en manos de las corrientes que provienen del peronismo, el socialismo y el radicalismo.
Mientras este proceso no esté realmente en marcha, es decir, no estar condicionado a aparatos, el asunto de las candidaturas será tema de discusión como el del sexo de los ángeles. Pero Carrió no puede evitarlo, así como no alcanzó a frenar a sus legisladores de la provincia de Buenos Aires que se opusieron en la Legislatura a que las elecciones provinciales se desliguen de las nacionales.
«Si llegamos al poder, desde allí podemos hacer mucho para conquistar provincias y municipios», dicen en el núcleo duro, el cercano a Carrió. «Si no ganamos es ocioso pensar en victorias en grandes distritos», añaden. El determinismo se aleja.
Al igual que aquella idea de que todos los caminos conducían a un balotaje entre la mujer y Menem. Dicho como consigna, no sólo como posibilidad, daba argumentos a los críticos de la candidata: de allí a encolumnar a sectores de otros partidos detrás del «Tercer Hombre», salido del peronismo, el único lugar posible, hay un solo paso.
Una semana negra para el ex
Hoy hay dudas sobre el futuro de Menem, aunque si las internas fueran ahora, acaso se las ganaría a su challenger interno, el cordobés De la Sota.
Pero al ex presidente que el New York Times haya publicado en tapa que Menem según un hombre de la inteligencia iraní, arrepentido y ex protegido de Alemania–pudo haber recibido un soborno para evitar que Teherán sea inculpada por la voladura a la mutual israelita AMIA (en rigor, el disidente luego aclaró que era la embajada israelí), le cerró muchas puertas en el exterior, especialmente en la comunidad judía norteamericana.
¿Cómo hace la derecha republicana para sostener a un sospechoso de haber recibido dinero del Mal? Difícil.
Al influyente matutino le importa un rábano la interna justicialista, como no quiere ver el menemismo, sino los atentados impunes y la información, que ya era conocida aquí, actúa como un toque de atención que va mucho más allá del propio Menem, aunque a éste le caiga el castigo mayor.
Tan grave como la publicación, ha sido el reconocimiento de Menem que es poseedor de al menos una cuenta secreta en Suiza. No la declaró como lo marca la ley y puede ser procesado.
Peor aún si el gobierno helvético informa, como se aguarda, que el ex tiene otra cuenta más por la que habrían pasado los 10 millones de dólares de los que habla el iraní.
Por eso el rumor de que Menem se bajaba de la candidatura tuvo algún eco. Es difícil que así sea. El ex presidente sabe que la que viene es la última presidencia posible (cumplió 72 años) y luchar y ganar representa incluso defender su libertad.
Con todo, algunos de sus viejos asesores, menos fanáticos, quisieran que dé un paso al costado.
El ex ministro del Interior, Carlos Corach, lo fue a ver a Anillaco con ese consejo pero Menem no le dio tiempo: lo recibió con mucha gente presente, viejo truco para eludir compromisos.
En entourage menemista está partido entre los moderados y los impresentables, la runfla de la que el ex no quiere desprenderse.
Su o sus mentiras han recaído en un magistrado que le debe al menemismo no haber sido
llevado a juicio político a pesar de haber protegido a proxenetas, lo que es toda una definición sobre el Poder Judicial.
Los tribunales no son la mayor duda. Queda con fuerza saber si todo lo que se reveló y lo que se sepa en el futuro, le rebanará a Menem votos en la interna. O si la posibilidad de que gane para una opción que muchos no quieren ni oír o simplemente por asco, movilice al electorado independiente a participar de las definiciones dentro del PJ; la ley lo permite.
Un cordobés con más garra que ideas nuevas
Eso dependerá de cuanta credibilidad o simpatías recoja De la Sota. No tiene un buen récord como gobernador, no es querido por la mayoría de sus pares de otras provincias que no han ido ayer a su lanzamiento formal durante un simbólico mitin en homenaje a Eva Perón, en el 50 aniversario de su muerte.
De la Sota arranca además con una intención de voto baja, pero desde el primero de agosto abandonará la gestión provincial y saldrá a caminar lugar por lugar, mérito que le reconocen sus adversarios. Tan pro norteamericano como Menem, con lazos de vieja data con el embajador de los EEUU, comenzó a diferenciarse con temas sensibles como la dolarización que rechaza.
Menem, si antes de las revelaciones podía prometer que sus contactos externos le permitirían conseguir 30 mil millones de dólares para acabar con el corralito y poner en marcha al país, hoy ya no puede ni mentar el tema.
Si a Menem sus enemigos pueden endilgarle querer convertir a la Argentina en una versión sudamericana de Puerto Rico, De la Sota era hasta hace poco muy sensible a las relaciones carnales.
Se cuidará ahora de semejante discurso, lo hará centrista, de tinte progresista, cuidadoso de no herir a adversarios internos y externos, todo para instalarse como el Tercer Hombre dentro del PJ, pero sobre todo en la sociedad, como el que tapone a Menem e impida que un nuevo proyecto político económico pueda plasmarse como alternativa.
Cosas de la vida. El día en que los argentinos recordaron a Eva Perón, se dieron a conocer los índices de desocupación más duros de la historia: 21,4% que por otra metodología es del 30%. La difunta es un símbolo de la época donde el trabajo abundaba.
El peronismo, sea quien lleve la antorcha en marzo, es el responsable, con Menem o con Duhalde de la catástrofe. Pero es un misterio si tiempos de burbujas durante la década del ex, no generan ilusión a desesperados.
Decía Simón Weill: «A fuerza de no querer saber, se llega a no poder saber». Un buen consejo para los argentinos. *
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