Nueva Zelanda continuaría con un gobierno laborista
Clark, sin embargo, necesitará aliados entre los partidos menores para poder gobernar. La campaña electoral no se cumplió según sus planes, ya que la premiera había convocado a elecciones anticipadas esperando conquistar la mayoría absoluta.
Tras menos de dos meses de campaña electoral y fuertes divergencias con los Verdes respecto de los cultivos genéticamente modificados (OGM), sufrió un descenso en su popularidad.
Un sondeo televisivo realizado el jueves por la noche da al laborismo 55 bancas en la Cámara única de 120 escaños, y otras 2 a su aliado de gobierno, la Coalición Progresista: son en total 57, cuatro menos que las necesarias para lograr la mayoría absoluta.
Otras 11 bancas serían para los Verdes, que dieron apoyo externo al gobierno saliente, y son posibles socios en una coalición: sin embargo, será necesario curar las heridas provocadas por las disputas respecto de los OGM, respecto de los cuales los Verdes son intransigentes.
En todo caso, los laboristas están en fuerte ventaja sobre los Nacionales, principal partido de oposición, que reúne apenas el 25 por ciento del consenso y parece marchar hacia la peor derrota de sus 70 años de historia.
Serán los partidos menores los que funcionen como aguja en la balanza del nuevo Parlamento: el nacionalista New Zealand First, encabezado por el carismático abogado maorí Winston Peters, que llevó a cabo una campaña electoral contra la inmigración, y el partido de centro-derecha pro familia United Future.
Clark, de 50 años, ex docente universitaria y apasionada de la escalada, se vio favorecida por las condiciones económicas positivas, que permitieron a Nueva Zelanda superar la recesión global: la desocupación está en el 5,7 por ciento, el mínimo en 13 años, y el gobierno está compensando la deuda nacional gracias al superávit de presupuesto.
Un nuevo gobierno de centro-izquierda significaría la continuación de la política independiente del pequeño país de cuatro millones de habitantes, una política que se refleja en 18 años de prohibición de naves nucleares en sus puertos, la histórica oposición a las pruebas nucleares francesas en el Pacífico y ahora la oposición a un posible «ataque preventivo» encabezado por Estados Unidos contra Irak. *
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