Los "supersecretos" del espionaje son revelados
Dentro eran exhibidos objetos de espionaje, como la pistola en forma de lápiz labial que dispara un tiro de la KGB, conocida como «el beso de la muerte», artefactos de escucha cada vez más pequeños con el paso del tiempo, y grabadoras de la CIA en forma de portafolio, tan grandes en los primeros años de la Guerra Fría que es difícil imaginar como pasaban desapercibidas.
El museo también dedicó un espacio a tributos a espías ficticios, entre ellos una réplica del Aston Martin DB5, color plateado, que usó James Bond en la película «Goldfinger» de 1967, equipado con ametralladoras, cortaneumáticos, chorros de aceite y un escudo a prueba de balas para evadir al enemigo.
Los alrededor de 1.000 artefactos incluyen herramientas usadas por agencias de espionaje internacionales, tanto de amigos como enemigos de Estados Unidos.
Exhibidos lado a lado estaban un anillo pistola del siglo XIX de Francia, un bolígrafo negro de gases lacrimógenos creado por la CIA alrededor de 1948, y una pistola en forma de caja de cigarrillos diseñada en 1939 por la soviética NKVD, la predecesora de la KGB, para llevar a cabo asesinatos. No hay registro de que se llegara a usar.
También había una pistola en forma de pipa para matar a quemarropa, entre otros objetos diseñados por las fuerzas especiales británicas de 1939 a 1945.
Los artefactos de espionaje estadounidenses en el museo se detienen deliberadamente con la era de la Guerra Fría para no revelar ningún secreto actual.
«Muchos de los artefactos que hay en el museo son extranjeros», dijo Jonna Méndez, una ex jefe de disfraces de la CIA y actual asesora del museo.
«Si uno quisiera ver artefactos estadounidenses, probablemente tendría que ir al museo de la KGB, en Moscú, donde ellos capturaron a algunas personas, arrestaron a algunas personas, consiguieron algunos equipos», dijo.
«Probablemente vería algunos equipos allí que ninguna agencia de inteligencia occidental reclamaría, pero que probablemente son de Occidente», agregó.
Méndez, y su esposo, Antonio Méndez, también un ex jefe de disfraces de la CIA, se demoraron 35 segundos en disfrazar al alcalde de Washington, Anthony Williams, después que éste abandonó por un instante el escenario de la ceremonia de inauguración.
Lo disfrazaron con un sombrero de fieltro de ala ancha, gafas de sol, un bigote y una perilla. También le pusieron la parte frontal de una camisa fijada con velcro para ocultar su corbata de lazo roja.
Williams regresó al escenario sin ser reconocido mientras los espectadores miraban las acrobacias de agentes con impermeables, atados cada uno por una cuerda negra, saltando, girando y corriendo por el frente del edificio al son del tema de «Misión Imposible».
Ningún museo dedicado a revelar la profesión del espionaje estaría completo sin un túnel.
Un pasadizo secreto fue diseñado para recrear el túnel de Berlín, cavado por agentes estadounidenses y británicos en 1954 para interceptar las líneas telefónicas de Alemania Oriental a Moscú.
Tiene bolsas de arena a los lados y una lavadora y secadora para que los excavadores limpiaran sus ropas antes de salir a fin de no levantar sospechas. *
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