Argentina sigue sin aclarar el peor atentado de su historia

Comunidad judía pide justicia a ocho años del ataque a la AMIA

«Se sigue trabajando en esto (encontrar a los culpables) y lo único que puedo decir es que (…) no vamos a terminar nuestra tarea hasta que esta respuesta no esté completa», dijo a una radio Marta Narcellas, una de las abogadas de la comunidad judía en la investigación que se abrió tras el atentado.

Cientos de personas se dieron cita el jueves frente al lugar donde funciona la asociación –ahora convertida en una especie de fortaleza, cercada por un muro gigante y un impecable sistema de seguridad– y en un acto que duró alrededor de una hora recordaron entre lágrimas a las víctimas del atentando.

En julio de 1994, durante la presidencia del peronista Carlos Menem, 85 personas perdieron la vida al explotar un coche bomba frente a la sede de la Asociación de Mutuales Israelitas Argentinas (AMIA), en el centro de la capital argentina.

«Quienes eligieron este edificio habían realizado una tarea de inteligencia eficiente porque aquí pasaba la médula de la vida comunitaria judía. Aquí no funcionaba solamente una mutual. Aquí funcionaban todas las instituciones importantes que sostienen a la comunidad judía en nuestro país», destacó Narcellas.

Dos años antes, el 17 de marzo de 1992, la explosión de otra bomba en la sede de la Embajada de Israel había dejado un saldo de 29 personas muertas, entre ellos diplomáticos, empleados, vecinos y transeúntes.

Todavía no hay condenados por los atentados, pero en el caso de la AMIA, la Justicia argentina sospecha que el grupo islámico Hezbolá podría estar detrás de él. El juicio oral y público para esclarecer el ataque comenzó el 24 de septiembre y ya desfilaron por los tribunales más de 600 testigos.

En el banquillo de los acusados están cuatro ex policías de la provincia de Buenos Aires y un ex vendedor de autos, encausados como partícipes necesarios del atentado, además de otras 15 personas que enfrentan cargos menores.

Pero, según la fiscalía, los acusados apenas serían parte de la conexión local que tramó el atentado, permaneciendo en sombras los responsables de haber dado la orden de llevarlo a cabo.

«No tengo absolutamente ninguna duda de que va a ocurrir la sentencia y que los va a condenar y que es muy probable que en ese momento algunas de las personas se decida a hablar un poco más», señaló Narcellas.

En Argentina vive la mayor comunidad judía de Latinoamérica y la séptima del mundo. *

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