Impunidad para los criminales de guerra yankis

La decisión adoptada el viernes por el consejo de Seguridad de otorgar inmunidad ante el Tribunal penal Internacional a los militares norteamericanos que revistan en la fuerza de paz en Bosnia, fue calificada como «escandalosa» por Amnistía Internacional y afecta la credibilidad del organismo echado a andar el 1º de julio. Máxime cuando el delegado de EEUU John Negroponte declaró que éste era apenas «el primer paso» (the first step), revelando la decisión de su gobierno de dinamitar el TPI, que se ha negado a ratificar.

El chantaje de Negroponte

A esta altura el Tribunal penal Internacional ha sido firmado por 139 países y ratificado por 76, superando el límite requerido para su entrada en vigencia. EEUU no lo ratificó, y por añadidura Bush retiró en mayo pasado la firma que Clinton había estampado el 31 de diciembre de 2000. Para el secretario de Defensa Donald Rumsfeld el TPI «es especialmente preocupante, sobre todo en medio de una guerra contra el terrorismo tan compleja y peligrosa». O sea que desean tener las manos libres para hacer lo que se les antoja en cualquier lado.

En tales condiciones, el embajador Negroponte (nombrado en forma fraudulenta, salteándose la venia del congreso, al igual que Otto Reich) amenazó al Consejo de Seguridad con retirar las tropas norteamericanas del contingente que opera en Bosnia Herzegovina si previamente no se le aseguraba la impunidad en sus acciones. Lo hizo cuando caducaba el mandato de la fuerza de paz, por lo que equivalía a la disolución de la misión. El Consejo en pleno capituló, optando por «garantizar la continuidad de las operaciones» y no sin antes expresar diplomáticas «reservas» por parte de Josehka Fischer, Francia y Gran Bretaña. Pero Negroponte pasó a la ofensiva en la campaña por liquidar el TPI, que según Time «no es sino la más reciente prueba de la gigantesca brecha existente entre los intereses estadounidenses y los del resto del planeta, la cual, sin duda, seguirá agrandándose». Lo comprueba el episodio en cuestión, originado en una región extremadamente sensible a raíz de los crímenes de EEUU y sus aliados en la guerra de Kosovo. Con idéntico sentido de impunidad, EEUU se afana en llevar la guerra en favor de su s intereses a cualquier región del mundo. Son notorios el descaro y la impudicia con que Bush promueve su voluntad de atacar Irak y matar a Saddam Hussein, así como toma la iniciativa junto a Sharon para desplazar a Arafat.

A mediados de junio se supo que el presidente impulsa un plan secreto de la CIA de operaciones clandestinas en Irak, incluyendo el asesinato de su líder. El 8 de julio se declaró «decidido a utilizar todos los medios para lograr un cambio de régimen en Bagdad». Según el New York Times el mando militar había puesto a punto un plan para invadir Irak por tierra, mar y aire desde el norte, al oeste y el sur, en operaciones de comando y un ataque masivo con cientos de aviones de combate y unos 250 mil soldados desde ocho países (entre ellos Jordania, Kuwait, Turquía y Water, aunque éstos todavía no habían sido consultados). El domingo pasado, 90 oficiales irakíes exiliados se reunieron en Londres y crearon un consejo militar para derrocar a Hussein, recibiendo ipso facto la cálida felicitación de Bush.

Estos actuaron como los militares golpistas venezolanos que huyeron del país y ahora conspiran en Miami junto a Pedro Carmona (a quien le dieron las llaves de la ciudad), todos ellos bajo el ala de la mafia anticubana, de Otto Reich y del embajador Charles Shapiro, orquestando un nuevo golpe contra Chávez. Al tiempo, uniendo la acción a la palabra, EEUU e Inglaterra bombardearon el domingo por centésima vez 5 regiones del sur de Irak desde Kuwait y Arabia, alegando que habían sido atacados en la zona de exclusión aérea (creada por ellos). Sin comentarios.

El colmo de la impudicia

Pasando al medio Oriente, Israel despliega desde el 19 de junio su campaña de reocupación total de las ciudades cisjordanas con excepción de Jericó, y de cruentos bombardeos en la franja de Gaza, con el apoyo militar y económico de EEUU, que destina a ese fin el 30% de su presupuesto de ayuda exterior.

Aquí también, con total impudicia, Bush y Colin Powell declaran urbi et orbi que desean eliminar a Arafat y formulan, ellos, las propuestas para constituir un nuevo gobierno palestino, que terminarán de cocinar en Washington con Egipto, Jordania y Arabia. En una división de tareas, el gobierno de Sharon pone a punto un plan de «limpieza étnica», que trae tristes recuerdos y motivó el apoyo entusiasta de la ministra de Educación, por el cual ciertos poblados y tierras serán sólo para judíos, con exclusión de los árabes.

Bombas sobre América

Esta política belicista también se traslada a nuestro continente. 1) En la isla de San José, en el pacífico panameño, los yankis arrojaron durante la guerra 35 mil bombas químicas. Miles de ellas, de 500 y mil libras, quedaron sin detonar. Panamá les pidió que las retiren. Más de medio siglo es tiempo suficiente. Pero los yankis, tan puntillosos en materia de armas químicas, les respondieron que les van a enseñar para que las retiren ellos. 2) Pastrana anuncia que, gracias al Plan Colombia, su país posee la flota aérea más operativa de toda América con la cual va a bombardear a las FARC, preparando así la asunción de Uribe, quien ha anunciado la guerra total y la militarización de un millón de civiles, mientras las bandas criminales de las AUC se aprestan a presentarse en sociedad. Esto se suma a las maniobras aeronavales de Vieques y Costa Rica, al cerco de bases en torno a Colombia, ya que todo cabe bajo los amplios pliegues de la «guerra antiterrorista» de Bush. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje