Sánchez de Lozada se perfila como nuevo presidente de Bolivia
La determinación del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), del ex mandatario Jaime Paz Zamora, de votar nulo, y la de la Nueva Fuerza Republicana, del candidato derrotado Manfred Reyes Villa, de abstenerse, configuraban un escenario que, en principio, podría favorecer a Sánchez de Lozada.
Con una importante bancada, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), ganador de la elección general del 30 de junio, aunque sin alcanzar el 50% más uno requerido para asumir directamente, podría catapultar a Sánchez de Lozada, con el apoyo de dos fuerzas menores de derecha, a la presidencia, como consecuencia de diversas disposiciones constitucionales.
De hecho, su principal contendor en la elección del Congreso, el indígena productor de coca Evo Morales, líder del Movimiento al Socialismo (MAS), parecía haber resignado sus posibilidades al negarse a realizar acuerdos con partidos a los que peyorativamente tilda de tradicionales.
Al anunciar que el MIR no votará en el Parlamento por el MNR ni por el MAS, el ex presidente socialdemócrata Paz Zamora (1989-93) «está apoyando indirectamente a Sánchez de Lozada», interpretó el candidato a vicepresidente por el socialismo, Antonio Peredo.
Paz Zamora, que resultó cuarto en la elección general pero posee la tercera fuerza legislativa (5 senadores y 26 diputados), sostuvo que el pueblo le ha dado a su partido la misión de «gobernar desde el Parlamento».
«El voto popular no ha dicho que el MIR sea gobierno, nuestra misión es estar en el Parlamento», remarcó.
Según el analista Jorge Lazarte, ex miembro de la Corte Nacional Electoral, Paz Zamora se pone al resguardo de inminentes problemas sociales al anunciar que no formará parte de la próxima coalición de gobierno.
Con una recesión agobiante, un índice de desempleo que superó el 11% y preocupantes bolsones de pobreza, al nuevo gobierno le aguarda la aprobación de impostergables medidas económicas.
Las tareas urgentes son el ajuste de la paridad del boliviano con respecto al dólar para favorecer las exportaciones, medidas que eviten la caída de los salarios reales y una readecuación del precio de los combustibles, congelado en los últimos dos años.
En medio de un sentimiento popular antichileno, por razones históricas, el próximo gobierno tendrá también que decidir por qué puerto, chileno o peruano, se exportará el gas natural a mercados de ultramar.
El escaso margen de maniobra del próximo gobierno –si el presidente es Sánchez de Lozada contará con 57 parlamentarios leales frente a 100 de la oposición– también se expresará, según analistas, en otro elemento aun más preocupante: la protesta popular.
El Parlamento bicameral elegirá nuevo presidente el próximo 4 de agosto. *
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