Temen que la ETA pueda arruinar la fiesta

Un millón de personas en los Sanfermines

PAMPLONA, ESPAÑA, REUTERS

 

Cuando el cohete surcó la línea del cielo sobre la playa del ayuntamiento, miles de vecinos, visitantes y turistas extranjeros desataron una guerra de huevos, harina y champán.

El «chupinazo» dio inicio a nueve días y 204 horas de locura colectiva de una fiesta que inmortalizó en su novela «Fiesta» de 1927 el escritor estadounidense Ernest Hemingway.

«Es la hora de San Fermín. A Pamplona hemos de ir», cantaban los participantes todos vestidos con el tradicional color blanco y el pañuelo rojo al cuello.

Tras noches seguidas de fiesta, baila y vino, un puñado de valientes, la mayoría de ellos imprudentes, correrán durante tres minutos de extrema emoción delante de un grupo de seis toros en el tradicional encierro matutino que se repetirá cada mañana a las ocho durante la semana de fiestas.

Aunque los Sanfermines suelen transcurrir en un ambiente festivo y sin violencia, este año la tensión es mayor luego que el gobierno español aprobó una serie de medidas para ilegalizar al Partido Batasuna, rama política de ETA.

«El ambiente es tenso», dijo un periodista vasco.

«La bandera española no, la bandera vasca sí», cantaba un grupo de jóvenes que bromeaban con obscenidades y arrojaban botellas de vino al balcón del ayuntamiento desde donde el concejal socialista Roberto Jiménez lanzó el «chupinazo».

«Que se vayan los simpatizantes de ETA», gritaron algunos entre la multitud.

A partir de mañana, los tradicionales encierros acapararán el interés de la multitud y darán un susto a más de un participante, ya que las heridas suelen ser siempre numerosas.

En el último siglo, 13 corredores han muerto al ser fatalmente cogidos por algún toro, el último un joven estadounidense de 22 años en 1995. *

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