El terremoto argentino y el FMI, Stiglitz y Perón
Todas las fuerzas sociales y políticas argentinas se han puesto en movimiento. El cuadro general del país se está remodelando en profundidad. Las movilizaciones populares han sido el factor desencadenante de los cambios y, como dice nuestro corresponsal en Buenos Aires, será en la calle los próximos meses donde se decidirá el futuro político. En lo inmediato, la indignada protesta por el asesinato de dos piqueteros en Avellaneda a manos de las fuerzas policiales detonó el llamado a elecciones anticipadas por parte de Duhalde. Anticipadas, pero no tanto.
No daba para más
Hay quienes opinan, como la diputada Elisa Carrió, que en estos tiempos convulsionados el lapso hasta el 30 de marzo de 2003 significa una eternidad, que son excesivos estos nueve meses para parir un nuevo gobierno que recién asumiría el 25 de mayo, con lo cual el presidente Duhalde en verdad está logrando estirar un mandato que, en los hechos, finiquitó el pasado 26 de junio por el repudio generalizado ante el doble crimen policial. La gigantesca manifestación del día 3, bajo lluvia torrencial, dio la medida de este sentimiento nacional. Fue la mayor desde las del 20 de diciembre, que derribaron a De la Rúa. El miércoles mismo veíamos en TV testimonios de participantes en el episodio (como un trabajador municipal que se jugó entero para salvarle la vida al manifestante herido), reveladores de que se trató de un crimen sin atenuantes, premeditado y seguido de una represión desorbitada, extendida a 5 km (y más) del puente Pueyrredón. Desde entonces la suerte del gobierno Duhalde quedó sellada. No daba para más.
La demostración de anteayer, que aglutinó fuerzas sindicales (CTA), sociales y políticas, puso el acento además en el reclamo de la renovación total de los mandatos: presidente y vice, legisladores y gobernadores, lo que ha conmocionado a todos los sectores políticos y hecho saltar a la liza a una larga lista de pretendientes, enfilados en primera instancia a las internas partidarias del 24 de noviembre.
El FMI en tres escenarios
En el trasfondo de la crisis subyace la política económica impuesta en el decenio menemista por el FMI, que se aprovecha ahora de la crítica situación de Argentina para imponerle todas sus condiciones en beneficio de la banca acreedora, en negociaciones interminables, negándose a abrir los cordones de la bolsa hasta no ver concretadas integralmente sus exigencias.
Por eso no es de extrañar que el anuncio de elecciones anticipadas sea seguido, pocos días después, por el aterrizaje de la enésima misión del FMI en Buenos Aires. (Y por la del siniestro Otto Reich).
Esto guarda relación con la orientación implementada a forceps por el ministro Lavagna, en particular en un tira y afloja con los gobernadores hasta doblegarlos uno por uno. Pero se marca además en otros dos escenarios particulares.
Por una parte, el titular de Economía había llegado trabajosamente a ciertos acuerdos con los sectores agropecuarios, a fin de reactivar la producción en esa área. A último momento, el FMI vetó estos acuerdos. Por otra parte, era inminente el juicio político en la Cámara de Diputados a la corrupta Suprema Corte de Justicia. Pero el gobierno estaría dispuesto a enterrar el dictamen respectivo a condición de que el alto tribunal autorice medidas (básicamente sobre el corralito) a tono con lo que reclama el FMI y contra los intereses de los depositantes cautivos.
La palabra de un converso
Hace poco se publicaron en buenos Aires opiniones de Joseph Stiglitz, quien fuera Nº 2 del Banco Mundial, principal asesor de Clinton en el período pasado y Premio Nobel de Economía 2001. Acaba de publicar un libro titulado «El malestar de la globalización». Los círculos de las altas finanzas lo tildan ahora de «converso», pero no hay duda que conoce el paño.
«En caso de que Argentina logre complacer al Fondo y consiga más dinero –dijo– la mayor parte de esa plata va a ir a parar al FMI, al BID y al Banco Mundial; no ayudará a Argentina en absoluto. El dinero externo oficial no es el que va ayudar a las empresas argentinas a empezar a producir más. Y eso es lo que hace falta ahora a los sectores productivos: tienen que producir bienes y exportarlos. La cuestión no es solamente tener el dinero sino ponerlo en el lugar indicado. El dinero tiene que ir a las empresas para financiar su producción. Pero el dinero del FMI no va a las empresas».
Más adelante puntualizó: «El FMI sistemáticamente se preocupa más por la inflación que por el desempleo. Se inclina demasiado hacia la contracción y esto provoca caída de la economía, pérdida de empleos, deterioro o interrupción de la educación y un incremento peligroso de la desnutrición».
Y culminó con este concepto: «El Fondo conmina: No dejen de cumplir con la deuda. Deben honrar sus acuerdos. Pero resulta que para cumplir con el contrato de crédito significa romper con otro acuerdo igualmente importante, el contrato social de un gobierno con su pueblo: mantener empleos para los trabajadores, garantizarles seguridad social».
Una página olvidada
Por ahí alguien ha resucitado, precisamente ahora, unas declaraciones de Perón del año 1967, recogidas en la compilación de Juan J. Balati «La economía social según Juan D. Perón», en la cual el viejo caudillo explica por qué se opuso al FMI desde su nacimiento en Bretton Woods en 1946.
Señala que «en casi todos los países adheridos al famoso FMI se sufren las consecuencias y se comienzan a escuchar las lamentaciones. EEUU se encarga, a través de sus empresas y capitales, de apropiarse de las fuentes de riqueza de todos los países donde los tontos o los cipayos le dan lugar, merced a su dólar ficticiamente valorizado con referencia a las monedas envilecidas de los demás». Parece dicho hoy. *
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