El incidente dejó varias decenas de muertos en ambos bandos

Crisis entre las dos Coreas tras enfrentamiento naval

En la atormentada península asiática, la tensión está en el punto máximo, y se complican las perspectivas de un diálogo. A ambos lados del paralelo 38, el clima volvió a hacerse pesado, y vuelan las acusaciones recíprocas.

Ambos países hablan de una «provocación», y Pyongyang rechazó con desdén la idea de una reunión para intentar un retroceso en la peligrosa crisis. Corea del Sur dijo que pretende excusas oficiales, pero el Norte definió el pedido como una «desvergüenza».

El enfrentamiento se produjo el sábado unos 40 kilómetros al oeste de la isla de Yeonpueong, junto al límite marítimo internacional establecido por Naciones Unidas y nunca reconocido por los norcoreanos.

La zona es particularmente pesquera, y la batalla involucró a dos naves patrulleras que estaban escoltando a los pesqueros de sus respectivos países.

Un vocero en Seúl dijo que quienes abrieron fuego en primer lugar fueron los militares del norte, una versión reiterada hoy en una entrevista televisiva por uno de los sobrevivientes de la marina surcoreana. Pyongyang sostiene exactamente lo contrario.

En la batalla, que duró más de 20 minutos, la nave patrullera del sur fue hundida, cuatro marineros murieron, uno está desaparecido y 19 quedaron heridos. Un vocero surcoreano dijo hoy también que unos 30 marineros del norte murieron.

Sin precisar la cantidad, Pyongyang confirmó que tuvo pérdidas. Las autoridades militares del sur enviaron un cazatorpederos y otras unidades a la zona del incidente. El Norte no respondió, y por ahora parece contentarse con la guerra verbal.

Más allá de la frontera no se notaron movimientos militares particulares.

El presidente surcoreano Kim Dao Jong partió para una visita de tres días a Japón, donde hoy asistió a la victoria de Brasil sobre Alemania en el Mundial de fútbol.

Un vocero de la Marina norcoreana, citado por la agencia oficial KCNA, acusó al sur de haber «orquestado» el incidente en coincidencia con el gran evento deportivo organizado por Corea del Sur y Japón para «hacer recaer la culpa en la República Democrática Popular de Corea».

Antes de dejar Seúl, Kim dijo que su gobierno «tomará todas las precauciones necesarias para garantizar la paz en la península».

El presidente surcoreano es impulsor del diálogo con el Norte, y sigue insistiendo en esta línea de la histórica cumbre de hace dos años que aparentemente había iniciado el proceso para una reunificación a medio siglo de la guerra que provocó la división del país.

Desde entonces no hubo grandes progresos, sino que más bien se produjeron numerosos incidentes. El del sábado, sin embargo, fue el más grave, y según numerosos observadores podría congelar nuevamente por completo las relaciones intercoreanas.

El comandante del contingente norteamericano en Corea del Sud, general Leon La Porte, tomó posición a favor de Seúl. Pyongyang le respondió indirectamente acusando a Estados Unidos de querer atacar Pyongyang. El presidente norteamericano, George Bush, dijo recientemente que no deben excluirse operaciones militares preventivas contra los países que patrocinan el terrorismo internacional.

Corea del Norte está acusada de formar parte ese grupo y fue incluida en el llamado «eje del mal» junto con Irán e Irak. *

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