Tunick fotografió a unas 4.000 personas desnudas en Santiago
«No hubo ningún problema y sólo hubo tres detenidos: uno por hurto (…) y dos personas que se desnudaron fuera del área de seguridad», señaló.
Agregó que los desnudos en Chile «son un paso más en la tolerancia y en la diversidad que está viviendo la sociedad de la Región Metropolitana y el país» y destacó que el evento fue «altamente positivo (…) Quienes quisieron venir a desnudarse y posar para la fotografía lo pudieron hacer sin problemas y quienes querían protestar también lo hicieron y están en su derecho de hacerlo», expresó Trivelli.
Patricia, una mujer de 30 años que sin inhibiciones llegó hasta el perímetro donde los asistentes se apostaron desde tempranas horas para ser inmortalizados en el «Nude Adrift» de Spencer, en las cercanías del río Mapocho que recorre casi toda la capital chilena, dijo que «éste es un acto libertario donde no vine a exponer mis genitales, sino a mostrar mi alma».
Rodrigo Vergara, un joven periodista de Radio Cooperativa, uno de varios profesionales de la prensa que participaron en la performance, describió que el ambiente fue de «total algarabía, donde reinaba un clima de rebelión y de libertad».
La experiencia que estaba prevista para el amanecer de Santiago se retrasó por dos horas debido al desorden de algunos enfiestados parroquianos que llegaron borrachos al lugar, mientras centenares de fieles de iglesias evangélicas con gritos y pancartas trataban de impedir la realización del «impúdico» evento, totalmente inédito en Santiago.
Un instante de tensión se vivió cuando los asistentes que estaban de pie esperaban por los altoparlantes la orden de los organizadores para el inicio de la experiencia.
«Si se mantiene el desorden, la performance no se va a realizar», advirtió por altoparlantes uno de los organizadores, mientras se observaba a decenas de borrachos y unos «espontáneos» mostraban sus partes pudendas desde arriba de los árboles.
Al escucharse la voz de «Â¡acostarse en el suelo!» los cuerpos se apretujaron y se rozaron, escuchándose protestas, mientras se captaban las primeras tomas fotográficas.
Las fuerzas policiales montaron un dispositivo de seguridad para impedir la llegada de curiosos. Sin embargo, muchos traspasaron las barreras y con sus pequeñas cámaras fotográficas inmortalizaban la curiosa jornada.
La experiencia de Tunick en Santiago superó con creces las registradas en Sao Paulo con 1.200 personas, y Buenos Aires con 450 nudistas, ya que el fotógrafo de 35 años aguardaba únicamente entre 300 y 400 participantes.
«El cuerpo es una escultura maravillosa», dijo el fotógrafo de Nueva York, quien días antes arengó a los chilenos diciéndoles que «debían estar orgullosos de participar».
Munido de una cámara de formato medio, y montado sobre una larga escala, Tunick aguardó pacientemente el inicio de la sesión, defendiendo su visión del cuerpo como «una forma que ensalza la vida y permite que el alma brille».
«Ya llevo diez años haciendo esto. Creo que a partir de esta fotografía en Chile cambiaré el estilo. Habrá mucha gente de pie y quizás sólo algunos recostados», dijo previamente a la prensa.
Su experiencia provocó la ira en sectores conservadores, mientras otros la calificaron de obra de arte, de profesionalismo en la máxima expresión.
Para el pintor Mario Toral, su arte «es un grito de desenfado», en tanto que para la fotógrafa de desnudos María Gracia Subercaseaux, «las masas de cuerpos hacen un paisaje maravilloso en la ciudad.»
Respecto a la gran cantidad de participantes, el sociólogo Pablo Huneeus dijo que «existe el anhelo de igualdad, de libertad y de eternidad. En pelotas (sin ropa) todos somos iguales. Es un poco lo que pasa en la playa».
Entretanto, las dos horas que tuvieron que esperar los nudistas para ser fotografiados se hicieron sentir con los dos grados centígrados del ambiente.
El joven productor de televisión Sebastián Ramírez confesó que no se habría perdonado marginarse de la performance, ya que «me gusta mostrar el cuerpo y no tengo problemas para hacerlo. No tengo ninguna inhibición».
Su mujer Maité León no estaba muy conforme con esta idea, «pero, qué le voy a hacer. Si a él le gusta, no le podía decir que no lo hiciera. Ojalá que no me lo toquen mucho», señaló la mujer antes de la prueba.
Gisela, con seis meses de embarazo, aseguró que no tuvo problemas con mostrar su futura maternidad y que no temía contraer un resfrío.
Otra señora desnuda que superaba los 50 años dijo que participaba en la obra de Tunick porque «me encanta todo lo que sea rupturista». *
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