ANALISIS INTERNACIONAL

Después de Enron, el escandaloso fraude de WorldCom

NIKO SCHVARZ

 

Las repercusiones del gigantesco fraude de la energética Enron aún no se habían acallado cuando estalló, el miércoles 26, la escandalosa estafa de WorldCom, la segunda compañía de telecomunicaciones de EEUU con filiales en más de 60 países (entre ellos varios de América Latina), provocando el desplome en las bolsas, la caída del Dow Jones y el Nasdaq, la baja del dólar que se emparejó prácticamente con el euro, despidos masivos de personal, amén de perjuicios ingentes a la masa de accionistas y a los fondos públicos de pensión. La nueva maniobra se realizó, en forma idéntica al caso Enron, con la complicidad manifiesta de la compañía auditora Arthur Andersen. Entre una y otra quiebra fraudulenta se produjeron otras varias, lo que muestra que no se trata de casos aislados sino que es la forma de funcionamiento del sistema.

Métodos mafiosos

La de WorldCom fue la mayor manipulación contable de la historia de EEUU (superior incluso a la de Enron), elevándose a 3.850 millones de dólares en los últimos cinco trimestres: 3.058 millones correspondientes al ejercicio pasado y 797 al primer trimestre del actual. El fraude consistió en presentar como inversiones de capital lo que en realidad habían sido gastos; de esa forma se elevó un balance con beneficios por 1.400 millones al cierre de 2001 y 130 millones adicionales en el primer trimestre de 2002, cuando en realidad se originaron pérdidas cuantiosas. Véase la magnitud del desfalco y la continuidad en el tiempo de la maniobra, que «colocó una bomba en los mercados bursátiles internacionales» desde Corea del Sur y Tailandia a Londres, Frankfort y París, donde se habló del «miércoles negro».

Escribe un corresponsal desde Chicago: «El fraude asestó un nuevo golpe a los mercados, que no saben qué y a quién creer: los directivos de las compañías, los auditores, los analistas… todos parecen confabulados en un gran engaño». El Dow Jones cayó por debajo de los 9.000 puntos, lo que no se veía desde el período inmediato al 11 de setiembre. Sectores de aparente solidez como McDonald’s o la cadena comercial Wal-Mart sufrieron la deserción de los inversores, pero en mayor medida ello aconteció en el sector de telecomunicaciones, tanto en los EEUU como en el exterior: Telefónica española, Deutsche Telekom y sus homólogas en Gran Bretaña y Francia, mientras en América Latina el más afectado fue México, cuya moneda cayó a 10 pesos por dólar.

Aquí también fue manifiesta la complicidad de Arthur Andersen, una de las cinco mayores auditoras de EEUU, acusada ante la Justicia al probarse que en el caso Enron procedió a la destrucción masiva de documentos contables para borrar las huellas. Pero al margen de estos métodos mafiosos, ¿qué sentido tiene nombrar como auditores a quienes son al mismo tiempo funcionarios a sueldo de la empresa auditada? Aunque parezca mentira, esto sucedió en ambos casos.

Quiénes pagan el pato

En primer lugar, los trabajadores del emporio empresarial. A lo primero que atinaron los directivos es a despedir a 17.000 empleados, el 28% de su fuerza laboral de algo más de 60 mil asalariados. En segundo lugar, los tenedores de bonos y acciones. Cada acción, cotizada a 62 dólares en junio de 1999, cayó ahora a 83 centavos de dólar, y los bonos de la compañía a 11 centavos de dólar, lo que da la pauta del pozo en que se hundirán estos valores cuando vuelvan a cotizarse en bolsa, posiblemente mañana. Entre los tenedores de bonos se encuentran fondos de pensiones, estimándose que el colapso de WorldCom (se habla de bancarrota) provocará pérdidas de 1.000 millones de dólares sólo a los fondos de pensiones públicos en EEUU.

Los que sí están excluidos de sufrir las consecuencias materiales son los directivos de las compañías, que aparecen en TV como honorables caballeros (aunque se levantan voces reclamando la cárcel para ellos). Con la bendición de sus consejos de administración, estos directivos se aseguran remuneraciones millonarias y generosas indemnizaciones en caso de retiro forzoso. Enron entregó a sus directivos 745 millones de dólares en 2001.

Xerox y una larga lista

Casi simultáneamente, aparece una situación similar con Xerox. La gran compañía de equipos de oficina reconoció «errores contables» por 2.000 millones de dólares, pero The Wall Street Journal estima en 6.000 millones la suma de mayores ingresos ficticios contabilizada incorrectamente en los últimos cinco años. Sus acciones cayeron fuertemente.

Pero están lejos de ser éstos los únicos casos. Después de Enron, se sucedieron fraudes que alcanzaron a las siguientes firmas: Global Crossing, Qwest, Adelphia, Dynegy, Tyco, ImClone. Incluso el jueves nada menos que la General Motors vio paralizada su cotización en la bolsa tras una abrupta caída debido a informaciones circulantes de que era objeto de una investigación por irregularidades contables. Por eso se habla de «una crisis de confianza sin precedentes en el conjunto del sistema».

Así funciona el sistema

Esa es, efectivamente, la conclusión que desprende esta sucesión de fraudes a la escala de la economía de países enteros. La corrupción es inherente a un sistema que se rige exclusivamente por la ley de la máxima ganancia. Se apela a cualquier método para acrecentar los beneficios y la velocidad de circulación del capital especulativo, mientras los autores y beneficiarios de los desfalcos gigantescos gozan hasta ahora de la más absoluta impunidad.

Piense en lo que pasa en otras latitudes, Uruguay incluido. Las magnitudes no se pueden comparar, por cierto. Pero los operativos de vaciamiento de bancos, uno tras otro, de salvataje con fondos públicos y de clanes con coronita ¿no le resultan similares? *

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