"Lula" deja la estrella roja a un lado
SAN PABLO, ANSA
Luiz Inácio «Lula» Da Silva lanzó formalmente ayer su campaña presidencial con su mayor gesto de aproximación a la élite empresarial y a los sectores sociales medios y altos, protagonistas, según él, de sus derrotas en las últimas tres elecciones.
Como un reflejo del giro de Lula Da Silva hacia posiciones más moderadas, la estrella roja del Partido de los Trabajadores (PT), símbolo histórico de su pertenencia ideológica, fue colocada ayer a un costado del palco en el centro de convenciones de San Pablo que hospedó a la convención nacional partidaria.
Otras estrellas, verdes, azules y grisáceas, protagonizaron el decorado partidario, anunciando la fórmula compartida por Lula Da Silva, 56 años, un ex líder metalúrgico, de profesión tornero mecánico, y el exitoso empresario textil José Alencar, 70, con activos por 520 millones de dólares.
La alianza con el Partido Liberal (PL), de derecha, ligado a los pastores evangelistas, y la presencia de Alencar en la fórmula presidencial representan la mayor inflexión ideológica de Lula Da Silva y de PT.
Es que Lula Da Silva fundó el PT hace 22 años como una fuerza de izquierda, bajo el abrigo de los obispos católicos más progresistas liderados por el entonces arzobispo de San Pablo, cardenal Paulo Evaristo Arns. Lula Da Silva explicó su giro pragmático en febrero de este año, al celebrar el cumpleaños número 22 de su partido, creado luego de un vendaval de huelgas contra la dictadura militar (1964-1985).
«El PT quiere ganar esta elección. La marea está favorable y es preciso saber trabajar el momento y juntar fuerzas. No tendremos una oportunidad mejor y yo ya no puedo perder de nuevo», señaló Lula Da Silva.
En ese cumpleaños, el titular del PT, José Dirceu, aliado de Lula, declaraba que ese partido «ya no es de izquierda sino de centroizquierda y está dispuesto a sellar varias alianzas para ganar las elecciones del 6 de octubre».
La alianza con el Partido Liberal despertó rechazos dentro del PT y, como se observó hoy con los silbidos que recibieron al «compañero Alencar», como lo llamó Lula Da Silva, las heridas aún no se han cerrado.
Ahora, Lula se presenta como «un negociador, un conciliador» de posiciones sectoriales y promete implementar «un pacto social, un nuevo contrato social» inspirado en el Pacto de la Moncloa», el acuerdo español de década del ’70.
Según él, su alianza con Alenciar es importante por su «simbolismo. Por primera vez en la historia de Brasil, un trabajador lidera una alianza, teniendo como vice a un empresario exitoso».
En paralelo a esa apertura a la derecha, Lula Da Silva suavizó su discurso y moderó susar propuestas: aunque todavía habla de «cambiar el modelo económico» ya no propicia la revisión de las privatizaciones, ni la renegociación de la deuda ni la ruptura con el Fondo Monetario Internacional. Ahora, él promete pagar la deuda y hasta respetar las metas de superávit fiscal primario y señala que sus prioridades serán «acabar con el hambre, incentivar el crecimiento económico y terminar con la vulnerabilidad externa del país». La expectativa de Lula Da Silva es generar con esta alianza un hecho político que lo mantenga al frente de la intención devoto ahora que termina el Mundial de fútbol y, según él, comienza «la campaña de verdad». *
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