"El presidente de turno soy yo", dijo enfáticamente el primer ministro canadiense

Economía y terrorismo, ejes de la cumbre del G8

«El presidente de turno del G-8 soy yo», recordó el premier canadiense, Jean Chrétien, en respuesta a quienes sostienen que el verdadero y único protagonista de la cumbre será el presidente norteamericano, George W. Bush.

Aunque Medio Oriente, después del plan presentado por Bush, tiene un lugar en Kananaskis y hasta puede crear roces entre los socios sobre Yasser Arafat, la presidencia del G-8 no dejará de lado su proyecto de intervenir para ayudar a millones de africanos que hoy mueren de hambre.

No renunciará tampoco al intento de demostrar al mundo que el club de los países ricos quieren hacerse cargo de los problemas planteados por los movimientos anti-globalización, porque la del desarrollo «sostenible» es una exigencia que se refiere a todos.

Reunidos en las Montañas Rocosas, aislados sobre todo por motivos de seguridad (Calgary, la ciudad más cercana, está a más de 100 kilómetros de Kananaskis), los más importantes políticos del mundo, según Chrétien, deben encontrar el espíritu «informal» que dominó en 1975 en el castillo de Rambouillet, cuando se discutió la crisis energética internacional.

Una crisis que se originó precisamente por la situación existente entonces en Medio Oriente y que, 27 años más tarde, vuelve aún irresuelta a la mesa del G8, aunque en un contexto internacional radicalmente diferente.

Ahora, con la entrada de Rusia, los presidentes de los países más importantes son ocho y, en calidad de observadores, están también el presidente de la Comisión Europea y el de turno de la Unión Europea (UE), es decir, Romano Prodi y José María Aznar. La presidencia canadiense quiso, en la inauguración, consagrar a los problemas de Africa gran parte de la segunda jornada de los trabajos. El jueves, efectivamente, junto a Chrétien, Jacques Chirac (Francia), Vladimir Putin (Rusia), George Bush (Estados Unidos), Tony Blair (Gran Bretaña), Gerhard Schroeder (Alemania), Junichiro Koizumi (Japón), Silvio Berlusconi (Italia) , Aznar y Prodi, estarán también el secretario general de la ONU, Kofi Annan, y los presidentes de cinco países de Africa: Abdoulaye Wade (Senegal), Olusegun Obasanjo (Nigeria), Thabo Mbeki (Sudáfrica), Abdelaziz Bouteflika (Argelia) y Hosni Mubarak (Egipto).

En cuanto a Medio Oriente, Bush lleva al G-8 el plan norteamericano para devolver la paz a Medio Oriente, que prevé, entre otras cosas, que el líder palestino Yasser Arafat abandone la Autoridad Nacional Palestina (ANP), una posición que en Europa no tiene consenso, como expresó un funcionario de la Cancillería italiana.

En Kananaskis, Berlusconi presentará el proyecto italiano para lanzar un Plan Marshall para la reconstrucción palestina.

Frente al terrorismo, Estados Unidos pide a los aliados que ratifiquen su compromiso para luchar contra él y también el apoyo a eventuales acciones contra Irak, otro tema que genera controversias. Además, Estados Unidos pide a los socios del G-8 vía libre para impedir la proliferación de armas químicas y bacteriológicas de destrucción masiva y hacerse promotores de las medidas financieras, legislativas y jurídicas necesarias para combatir el terrorismo.

En Kananaskis se quiere lanzar también un plan de acción para responder a las exigencias sociales, políticas y económicas de Africa sub-sahariana, donde unos 300 millones de personas deben sobrevivir con menos de un dólar diario y en algunos países la población infectada por el virus del sida llega a entre 25 y 30 por ciento del total.

Además, alrededor de 250 millones de personas no tienen acceso al agua potable.

El fondo para la lucha contra el sida lanzado por el G-8 en Génova llegó a 2.000 millones de dólares y desde Kananaski puede partir una iniciativa para asegurarle a todos, antes de 2015, una instrucción mínima, de base. *

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