Bush, el gran elector a nivel mundial
George W. Bush pronunció el lunes su postergado discurso sobre Oriente medio. El aparataje de propaganda yanki se lanzó a presentarlo ante el mundo como un apoyo a la creación de un Estado palestino. Pero es todo lo contrario. Su objetivo consiste en sacar de en medio a Arafat, por las buenas o por las malas, y digitar la formación de un gobierno palestino favorable a los intereses de EEUU. O del gobierno Israelí, que es lo mismo. Por algo Sharon declaró que la propuesta de Bush de eliminar a Arafat coincide con lo que él viene sosteniendo. El operativo conjunto de ambos cofrades se tramó en la reciente reunión de Sharon, en su sexta visita a Washington, con Bush. Tras la cual Condoleezza Rice le bajó el pulgar a Arafat. Lo mismo dicen de Saddam Hussein. Bush se erige así en el gran digitador de los gobiernos a nivel mundial.
Reocupación y masacre en los territorios
Mientras la declaración del presidente norteamericano, presentada en esa forma sesgada, acapara los primeros planos mediáticos, Israel lanza su poderío militar, en forma desenfrenada, para recuperar todas las ciudades de la ribera occidental, sembrar la muerte y la destrucción en Cisjordania y también en la franja de Gaza, tomar cientos de prisioneros a los que llevan vendados como hacían los nazis, y matar niños palestinos (por lo que a veces piden disculpas, y otras no). Todo cabe en los marcos de la venganza contra los dos execrables atentados suicidas de la semana pasada en Jerusalén, con el saldo de decenas de víctimas inocentes. Es una espiral de sangre sin fin. A esos actos terroristas, a su vez réplica ante las masacres, arrasamientos vandálicos, ocupación de territorio y operaciones de pillaje que sellaron la operación «Muralla» extendida durante más de un mes, se responde con el despliegue brutal del terrorismo de Estado, por más que los voceros del gobierno de Sharon y sus propagandistas más o menos disfrazados empeñan todos sus esfuerzos en negar dicha caracterización. Es lo mismo que hizo el gobierno norteamericano en Kosovo y lo sigue haciendo en forma exacerbada después del 11 de setiembre en Afganistán y en Irak, multiplicando los bombardeos piratas y acelerando los preparativos para derrocar al gobierno de Bagdad. Siete de las ocho ciudades palestinas ya han sido reocupadas. Tanques, blindados, helicópteros artillados y tropas (se ha llamado otra vez a los reservistas bajo las armas) operan desde Jenin, la ciudad-mártir que lleva el estigma del genocidio israelí, a Kalkiliya y Naplusa, desde Tulkarem en el norte a Belén (con su Iglesia de la Natividad cercada y sus trece militantes palestinos deportados) en el sur. Incluso Ramalá está otra vez ocupada, y el cuartel general de Arafat nuevamente cercado como lo estuvo del 29 de marzo al 1º de mayo.
El muro y las deportaciones
El «muro de la vergüenza», que transforma los territorios palestinos en bantustanes al estilo racista sudafricano y que cerca sus ciudades, ya está parcialmente erigido y se sigue construyendo a tambor batiente. A pretexto de perseguir a los militantes del Hamas, las tropas Israelíes practican una represión selectiva y masiva, realizan justicia con mano propia, como si fueran los sheriffs en los territorios. Las matanzas se han extendido a la región de Gaza. El propio Sharon anunció «una operación masiva» del Ejército contra Hamas en la franja de Gaza, la cual no se limitará a ese territorio sino que «iremos allá donde sabemos que actúan».
A esto se suma el propósito declarado de deportar masivamente a militantes palestinos, como ya se hizo en Belén. El plan de Bush y las operaciones llevadas a cabo concertadamente por el Ejército israelí, reducen casi a cero la autonomía palestina. Pasado en limpio, lo que queda es una maniobra para sacar de la troya a Arafat, al tiempo que se da luz verde (y una ayuda material en armamentos y 10 millones de dólares diarios ) al Ejército israelí para extender sus operativos sin límite de tiempo ni de espacio, rumbo a la reocupación total de los territorios.
Irak y Afganistán
Bush no sólo se propone digitar el nuevo gobierno palestino. De modo análogo, procura eliminar a Saddam Hussein e instaurar en Irak un gobierno favorable a Estados Unidos. Ya se ha revelado documentadamente que desde enero Bush ordenó a la CIA derribar al gobernante iraquí y sacarlo del poder «vivo o muerto», apelando incluso al asesinato. En esta materia hay un largo rastro de sangre de la CIA, desde el asesinato de Patrice Lumumba a los de Torrijos y Roldós, entre muchos otros.
Lo mismo ha acontecido en Afganistán. ¿O acaso alguien tiene la ingenuidad de creer que fue la Loya Jirgah, tradicional asamblea de dirigentes de las tribus afganas, la que designó a Karzai? Esa designación, y la de su tambaleante gabinete, se hizo en Washington, y EEUU eligió a uno de los suyos, criado bajo su ala y vinculado a los intereses petroleros dominantes en la región.
Por algo el dirigente palestino Saeb Erakat le señaló a la CNN que «los líderes palestinos no deben ser nombrados en Washington). De paso sea dicho, en el entorno de la cumbre del G8 en Canadá, Vladimir Putin declaró que «sería peligroso excluir a Arafat».
Lo sorprendente es la impudicia con que Bush proclama sus objetivos, arrogándose el derecho de imponer su voluntad al mundo, sin límites ni condicionantes de especie alguna.
Llegado él mismo a la Casa Blanca por métodos fraudulentos, el mandatario se comporta como un capo de mafia cuya acción se irradia al ámbito internacional. Voces sensatas, desde la propia oposición israelí, advirtieron que la fórmula de Bush es propia de la concepción del «sueño americano», y que no se adaptan a la situación de Ramalá y otras ciudades palestinas «que chapotean en la sangre». *
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