Un decenio atrás había recibido el abrazo de Clinton en la Casa Blanca

Yasser Arafat pierde el apoyo de Estados Unidos

El ahora envejecido ex líder guerrillero emergió del exilio para encabezar la Autoridad Palestina en el marco de un acuerdo interino de paz con Israel en 1993, y lo hizo con el apoyo y bendición de Washington. Ahora, sin embargo, Estados Unidos le ha cerrado las puertas.

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, dijo el lunes que su gobierno respalda la creación de un Estado palestino provisional pero solamente si se encuentra una «nueva dirigencia palestina diferente (a la de Yasser Arafat)».

«Cuando el pueblo palestino tenga nuevos líderes, nuevas instituciones y nuevos acuerdos de seguridad con sus vecinos, Estados Unidos respaldará la creación de un Estado palestino», dijo Bush en un esperado discurso sobre su política para el Oriente Medio pronunciado cuando la violencia azota a la región.

Bush no mencionó a Arafat por su nombre, pero el blanco del discurso fue más claro que el agua, dijeron analistas.

Ese cubo de agua fría está a mundos de distancia de la festiva ceremonia de 1993 en los jardines de la Casa Blanca, donde Arafat abrazó a Clinton y estrechó la manos del entonces primer ministro de Israel, Isaac Rabin, asesinado en 1995 por un judío de extrema derecha opuesto a los acuerdos de paz.

Bush descartó la creación de un Estado palestino con Arafat a la cabeza, en un tremendo golpe para el líder de 73 años que ha recorrido el mundo con la cabeza cubierta con un pañuelo de cuadros negros y blancos que arregla de tal manera que recuerde la forma del eventual Estado palestino.

Especialistas sobre Oriente Medio aseguran que si alguien es capaz de hacer que las cosas funcionen bien para Estados Unidos e Israel esa persona es Arafat, a quien se le reconoce su capacidad para sobrevivir casi a cualquier desastre, desde guerras civiles, atentados a su persona y un accidente aéreo en el desierto de Libia en 1991.

«Arafat es quizás el mejor táctico de todo el mundo», dijo a Reuters el analista político palestino Ali al-Jerbawi.

Arafat ha vencido a Israel en diferentes maniobras políticas desde el levantamiento palestino contra la ocupación israelí en septiembre del 2000, después que las conversaciones de paz se estancaron.

Su popularidad cayó bajo el peso de denuncias de corrupción en la cúpula de la Autoridad Palestina, pero repuntó el año pasado cuando Israel lo declaró un negociador «irrelevante» y rodeó con tanques y tropas sus oficinas centrales en la ciudad cisjordana de Ramalá durante varias semanas.

El sitio a sus oficinas no sólo convirtió a Arafat, una vez más, en un líder querido y respetado por su pueblo, sino que llamó la atención de la comunidad internacional y le atrajo la simpatía mundial, lo que obligó al primer ministro de Israel, Ariel Sharon, a romper el cerco para liberarlo.

Esto endureció aún más las tirantes relaciones entre los archienemigos Arafat y Sharon, quien dijo en enero que Israel debió de haber matado al líder palestino cuando lo tuvo a mano, durante un sitio militar en Beirut en 1982.

La decisión estadounidense de darle la espalda a Arafat puede aumentar el apoyo que éste tenga dentro de casa y en los países árabes, donde Washington es casi siempre visto como un mediador en Oriente Medio inclinado a favor de Israel.

«Nunca está lejos de Estados Unidos la costumbre de dictar resoluciones a otros países, pero cuando estas órdenes vienen de afuera los países y los pueblos no las aceptan», dijo Jerbawi.

Washington declaró a Arafat «persona non grata» luego que se alineó con el presidente iraquí Saddam Hussein durante la Guerra del Golfo en 1991, liderada por el padre de W. Bush, el entonces presidente George Bush, para expulsar a las tropas de Bagdad de Kuwait.

Sólo que en 1993 Clinton elevó al líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) a un estatus de jefe de Estado, cuando dijo que sin Arafat las posibilidades de un acuerdo de paz entre Israel y los palestinos era remotas.

Arafat dejó el exilio en Túnez en 1994 para encabezar un gobierno palestino autónomo en territorios de Cisjordania y la Franja de Gaza.

Para 1997, ya había ganado el control total o parcial, a través de los acuerdos de paz interinos de 1993, del 40 por ciento de los territorios de Cisjordania y la Franja de Gaza.

Sin embargo, una cumbre de paz en Campo David, que Clinton pensó podría reemplazar los acuerdos interinos de Oslo con un tratado permanente de paz que llevara a la creación de un Estado palestino, fracasó en el 2000 por temas como las fronteras, los refugiados y la ciudad de Jerusalén.

Meses después, el peor baño de sangre en décadas se desató en la región.

Los palestinos culparon a Sharon del levantamiento cuando, como líder de la oposición de Israel, visitó un sitio religioso en Jerusalén durante un estancamiento de las negociaciones.

Israel acusó por su parte a Arafat de lanzar deliberadamente el levantamiento como una táctica de negociación para obtener más concesiones en un acuerdo final de paz.

También lo acusa de tener responsabilidad directa en los ataques suicidas.

Arafat, quien ha negado tener nexos con los ataques suicidas, acusó a Israel de querer empujarlo hacia el exilio e incluso de querer asesinarlo durante las décadas de 1970 y 1980, cuando era un líder guerrillero sin domicilio fijo.

Arafat ha sobrevivido a intentos de asesinato, a la invasión israelí de 1982 de su base militar en el Líbano y al aislamiento internacional cuando se alineó con Saddam Hussein en 1991.

Compartió el Premio Nobel de la Paz con Rabin y con el actual ministro israelí de Relaciones Exteriores, Shimon Peres, por haber alcanzado los acuerdo de Oslo en 1993. *

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