Una reunión aislada y muy restringida
La cita está fijada para el 26 y 27 de junio, cuando en un hotel de montaña de Kananaskis –una estación de deportes de invierno en la provincia canadiense de Alberta– se realice, después de tantos años, el primer G8 «reducido», con las delegaciones que acompañan a cada premier restringidas al máximo.
Además, la cumbre es a más de 100 kilómetros de la ciudad más cercana, Calgary, donde se estableció la sala de prensa.
Sin duda, los acontecimientos de Génova (Italia) el pasado julio imprimieron un giro decisivo para este regreso al pasado. El recuerdo de la ciudad arrasada por los manifestantes antiglobalización y los choques con la policía aún está vivo entre quienes asisten a la cumbre.
Sin embargo, ya hace tiempo que entre los líderes se hablaba de la necesidad de volver a las raíces del evento, que con ésta conoce su 28ª edición.
La primera cumbre se realizó cuando, ante el aumento de la crisis energética mundial, el entonces presidente francés Valéry Giscard d’Estaing convocó en 1975 a los líderes de Estados Unidos, Japón, Alemania, Canadá, Gran Bretaña e Italia para discutir qué hacer en el castillo de Rambouillet, cerca de París. La reunión se desarrolló en una atmósfera decididamente informal.
A lo largo de los años los participantes aumentaron, así como los temas que tratar, y las delegaciones llegaron a ocupar hoteles enteros.
Pero ahora el premier canadiense, Jean Chrétien, tiene intención de recuperar lo que él mismo definió como «el espíritu de Rambouillet», lejos del asedio de los antiglobalización, en una localidad rodeada de bosques y silencio entre las montañas.
Según Chrétien, la de Kananaskis deberá ser una «cumbre de ideas, menos burocrática, más informal, sin discursos preparados ni extensos comunicados finales, con una agenda reducida a lo esencial, como ocurrió en aquella primera cumbre del entonces G7. Mientras tanto, el «club de los grandes» del mundo se extendió, y la globalización dictó nuevas prioridades.
A la mesa de la cumbre se sentarán, según el orden de precedencia dictado por su respectiva antigüedad en el gobierno, el anfitrión Jean Chrétien, el francés Jacques Chirac, el ruso Vladimir Putin, el norteamericano George W. Bush, el inglés Tony Blair, el alemán Gerhard Schroeder, el japonés Junichiro Koizumi, el italiano Silvio Berlusconi, el presidente de turno de la Unión Europea –el español José María Aznar– y el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi.
Todos se alojarán en el Delta Lodge de Kananaskis, uno de los dos hoteles del valle, que sólo cuenta con 350 habitaciones donde se ubicarán las delegaciones, que no podrán estar formadas por más de 25 personas.
Los demás, incluidos los aproximadamente 2.000 periodistas que seguirán el acontecimiento, estarán alojados a 110 kilómetros de distancia, en la ciudad de Calgary, donde se estableció la sala de prensa y en la cual los líderes serán vistos mediante pantallas de videoconferencia.
Para Aznar, se trata de la primera participación en un G8, por su condición de presidente de turno de la UE. El decano de la cumbre será el dueño de casa, Jean Chrétien, que encabeza el gobierno de Ottawa desde hace nueve años. *
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