Perú hacia la segunda vuelta
«Que haya segunda vuelta no significa que no haya habido fraude. El gobierno ha cedido al reclamo de limpieza del pueblo», fue el lúcido comentario de Rafael Roncagliolo, secretario del grupo independiente Transparencia y antiguo dirigente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap).
Efectivamente, el proceso electoral estuvo marcado por maniobras de todo tipo. Pero pudo más la decisión del pueblo de no dejarse trampear su destino, su movilización incesante desde la nororiental Iquitos a la surandina Arequipa pasando por las históricas Cuzco y Ayacucho hasta la explosión de alegría cuando finalmente la espuria Organización Nacional de Procesos Electorales (ONPE) se vio obligada a largar prenda, después de dilatar en forma inconcebible los resultados, que no le servían al presidente.
Las manipulaciones de los últimos días
El jefe de la misión de la OEA, el ex canciller guatemalteco Eduardo Stein, dijo que había «atrasos monumentales y silencios inexplicables» en el suministro de datos por parte de la INPE y que «algo siniestro está pasando». Agregó que el proceso electoral estaba plagado de irregularidades y que para una segunda vuelta debía replantearse todo el programa de ONPE, absolutamente deficiente, y un acceso equitativo a los medios.
Roncagliolo denunció que el organismo perpetró un «verdadero sabotaje» impidiendo actuar a sus 17 mil delegados, y que 5 ejercicios de proyección meticulosos demostraban que Fujimori no llegaba al 50 %.
En ese momento, calculamos con matemáticos amigos que para superar la marca debería alcanzar en los votos remanentes un porcentaje sensiblemente superior, lo que era prácticamente imposible.
En sentido análogo opinaba desde Lima el sociólogo uruguayo Romeo Grompone. Esta situación se prolongó durante tres días, hasta que la presión se tornó insostenible.
Los gigantescos fraudes pre-electorales
El primer fraude fue la presentación de Fujimori a una re-elección que la Constitución prohíbe expresamente. Con el agravante de que el Tribunal Constitucional, última instancia de decisión, se pronunció en contra; entonces el Congreso, con mayoría absoluta del gobierno destituyó a los integrantes que votaron la resolución, y los restantes convalidaron la re-elección.
Luego quedó documentado por el diario El Comercio de Lima que se falsificó más de un millón de firmas de electores por parte de uno de los grupos integrantes de la coalición de gobierno. En una nota de Ximena Ortúzar en «Lecturas de los Domingos» pueden leerse los detalles del operativo y los nombres de sus ejecutores, empezando por quien figuraba a la cabeza de la lista de congresistas del oficialismo y pasaría a ser presidente del Parlamento si Fujimori ganaba.
En el momento de votar, éste alegó que en todas las elecciones peruanas se falsificaron firmas.
La manipulación con los medios llegó a extremos inconcebibles. Todos los canales de TV abierta difundieron exclusivamente las actividades pro Fujimori y ocultaron las campañas de la oposición, que quedaron relegadas a un único canal cable con escasos suscriptores. Con su campaña sucia, los canales destruyeron las candidaturas de Andrade y de Castañeda y respecto a Toledo se metieron con su idoneidad profesional, con su esposa (la antropóloga belga Eliane Karp) y con su hija, inventándole otra hija fuera del matrimonio, como hicieron con Lula en Brasil. Esto prosiguió el día de la elección y los siguientes. Antes el gobierno despojó de su canal al publicista independiente Baruch Iveher y lo obligó a exiliarse, pero éste anunció su decisión de retornar y de abrirle juicio, además de condenar su actitud en la elección.
Las maniobras del domingo 9
Toledo denunció a viva voz que en distritos de Lima como Jesús María y la Universidad se cortó de la hoja sábana de votación la última parte con el número 10, que corresponde a su candidatura. Pronto se supo que esta maniobra se había producido en 14 de las 24 provincias. El primer ministro Alberto Bustamante dijo que era un error de imprenta. En varios lugares se marcó con cera el casillero correspondiente para que no se pudiera marcar la cruz con el bolígrafo.
Agréguese: policías y militares actuando como jefes de mesas en favor del oficialismo y hostigando a los fiscales de la oposición; falsificación de cédulas electorales, traslado de mesas, un gobernador repartiendo cédulas en plena veda.
Item más: unos de recursos públicos a favor de Fujimori, según informe de la Defensoría del Pueblo; personas que al concurrir a mesas del interior se encontraron con que otro había votado en su lugar, hojas de votación previamente marcadas a favor de Fujimori; muertos que sufragaron; empadronamientos realizados por los militares a miembros de las mesas; voto de militares, a pesar de la prohibición legal; publicidad oficialista en cabinas de sufragio. También se detectó a fujimoristas ingresando datos en la página web de la ONPE desde una cabina de Internet pública…
El nuevo Parlamento y la unidad de la oposición
En medio de las manifestaciones que lo llevaron en andas hasta la cada de Pizarro, Toledo proclamó: «No pretenda nadie cambiar la voluntad del pueblo. El Perú ha perdido el miedo al autoritarismo».
Esto no tenía una traducción concreta en lo lemas esgrimidos por los manifestantes: «No más dictadura. No más corrupción. No más neoliberalismo. No más Fujimori.»
Se expresa también en la nueva composición del Parlamento unicameral de 120 escaños que quedó totalmente remodelado. El fujimorismo cayó de 67 a 49 bancas, el grupo de Toledo saltó a 28, Andrade logró 10 y Castañeda 5. El voto cruzado determinó que el APRA, con apenas 1 % de los votos para la presidencia, regociera 7 parlamentarios. El Frente Independiente Moralizador (FIM) sólo presentó candidatos al Congreso, logrando 10 legisladores, y Acción Popular (de Belaúnde) 3.
Es plenamente posible conformar una mayoría parlamentaria anti-fujimorista congregando a las fuerzas de oposición. El domingo se reunieron junto a Toledo todos los candidatos opositores: Alberto Andrade, alcalde de Lima; Luis Castañeda, de Solidaridad; Abel Salinas, del APRA; Víctor García Belaúnde, de Acción Popular; Máximo San Román, de Unión por Perú, y Federico Salas Guevara, que llegó desde Huancavelica. Fueron recibidos por la multitud con el clamor de: «Â¡Unidad!».
Unidad para un cambio profundo en la vida del país. «Hemos arado juntos estos últimos ocho meses –dijo Toledo– para sembrar en el corazón de los peruanos la necesidad del cambio».
Te recomendamos
¿mesías?
Milei rendirá tributo al mesiánico Rebe de Lubavitch, que predicaba supremacismo racial judío
Desde proclamarse mesías y decir que los judíos son la raza superior hasta los escándalos de pederastia encubiertos por la organización: este es el movimiento al cual Javier Milei rendirá tributo en el Palacio Libertad.
Compartí tu opinión con toda la comunidad