La violencia continúa en Argelia

Un año después de su elección como presidente argelino, Abdelaziz Buteflika sigue enfrentado a las violencias de los grupos islamistas armados que rechazan su política de reconciliación nacional.

Electo con casi el 75% de los votos, durante unas controvertidas elecciones criticadas por 6 adversarios políticos que se retiraron la víspera de la votación «denunciando fraudes electorales», el presidente Buteflika no logró imponer la paz, tema central de su campaña electoral.

Su llegada a la presidencia de Argelia el 15 de abril de 1999 había suscitado mucha esperanza entre sus compatriotas, que habían visto en él el hombre que podría acabar con las matanzas de los grupos armados que causaron, según fuentes oficiales, más de 100.000 muertos, un millón de víctimas y daños por valor de 20 millardos de dólares.

Buteflika liberó rápidamente a más de 10.000 simpatizantes de los islamistas armados y logró que se votase la ley de la concordia civil.

Esta normativa, aplicada del 13 de julio de 1999 al 13 de enero de 2000, preveía una amnistía total o parcial de los islamistas armados que no hubieran cometido crímenes de sangre ni violaciones y que no hubieran colocado bombas en lugares públicos.

También permitió la amnistía de unos 1.700 islamistas que solicitaron beneficiarse de ella.

Fue seguida por otra amnistía para casi 3.000 combatientes del Ejército Islámico de Salvación (EIS), la rama armada del Frente Islámico de Salvación (FIS, disuelto), en tregua desde octubre de 1997.

Todas estas iniciativas no desembocaron en el regreso de la seguridad a Argelia, donde prosiguen matanzas y masacres.

Desde el 13 de enero, los grupos armados, el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) de Hassan Hattab y el Grupo Islámico Armado (GIA) de Antar Zuabri, que rechazan la política de reconciliación nacional, asesinaron a más de 500 civiles y miembros de las fuerzas de seguridad. Las pérdidas en las filas de estas agrupaciones ascienden a más de un centenar de muertos, según las estimaciones de la prensa.

Buteflika en un primer momento advirtió que sería «despiadado» con aquellos que siguieran con la lucha armada después del 13 de enero pero parece haber cambiado de opinión.

«Seguimos teniendo la puerta abierta para aquellos que, dudando todavía y sin confianza en sí mismos, siguen tímidamente y poco a poco optando por la paz y la reconciliación», afirmó recientemente el presidente durante el 10º Congreso Nacional Arabe en Argel.

Paralelamente, el presidente argelino afronta una situación social y económica precaria con un nivel de desempleo de más del 30% de la población activa.

Pese a los llamados de Buteflika a los inversores extranjeros, estos no se arriesgan en Argelia. En 1994, el país adoptó un plan del Fondo Monetario Internacional (FMI) que provocó el despido de 400.000 trabajadores de empresas públicas en vías de privatización o liquidación.

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