800 millones de personas en el mundo en un círculo vicioso

Batalla contra el hambre

«El hambre es una de las peores violaciones de la dignidad humana.

En un mundo de abundancia está a nuestro alcance eliminar el hambre.

Una derrota en este campo debería avergonzarnos», señaló Annan, invitando a «aprender a convivir con los más pobres» y pidiendo a los participantes que den esperanzas a los más desfavorecidos.

Por su parte, el director general de la FAO, el senegalés Jacques Diouf, pidió a los gobiernos de los países ricos 24 mil millones de dólares más de aportes para eliminar el hambre, «que es un imperativo ético basado en el derecho humano más fundamental, el derecho a la existencia».

Cansados de apelar inútilmente a la solidaridad de los países ricos, tanto Annan como Diouf y el propio papa Juan Pablo II, en un mensaje enviado ayer a la cumbre, destacaron la conveniencia de ayudar a los países pobres para que se conviertan, de ese modo, en potenciales mercados para sus productos.

«La eliminación del hambre redunda también en beneficio de los poderosos», dijo Diouf y puntualizó que las hambrunas despiertan solidaridad sólo en el caso de catástrofes pero que el hambre crónica «sólo encuentra indiferencia porque no hace ruido, ni produce imágenes chocantes de televisión».

Por otra parte, la pobreza y el hambre generan violencia. Por lo tanto, si hay menos hambrientos en el mundo, se reduce el peligro de las revueltas y del terrorismo, dijo Diouf. El director del organismo mundial, que día tras día recibe los desastrosos informes sobre la pobreza y el hambre en el mundo, recordó sus obligaciones a las instituciones financieras y a los países ricos que, desde 1990 a 2000, redujeron un 50 por ciento sus ayudas a la agricultura, principal recurso de subsistencia del 70 por ciento de la población pobre del mundo.

Los instrumentos y los mecanismos puestos en marcha, en 1996, para lograr el objetivo de reducir a la mitad el número de 800 millones de hambrientos del planeta no bastaron, dijo Diouf.

«En consecuencia, la cifra de las personas que no reciben suficiente comida disminuyó sólo en seis millones al año en lugar de los 22 millones que serían necesarios para que en 2015 los hambrientos del planeta fueran «sólo» 400 millones.

Las zonas «rojas» del mundo, es decir, las más amenazadas por el hambre, son Africa, donde el 28 por ciento de la población –más de 200 millones de personas– sufre de hambre crónico, y el Caribe, que entró a formar parte de las regiones más pobres del mundo.

La FAO presentó un plan de acción para «pasar de las palabras a los hechos» centrado, sobre todo, en la ayuda a la agricultura y a la preservación de la cultura rural y un mayor acceso a los alimentos.

Por ahora es sólo un borrador que los delegados están afinando en febriles reuniones que precedieron los trabajos y proseguirán hasta el 13, cuando la Segunda Cumbre Mundial de la Alimentación cierre sus puertas.

Las divergencias de puntos de vista, sobre todo con Estados Unidos, son grandes, porque mientras los países pobres hablan de derecho a la alimentación, los más ricos admiten sólo «el derecho al acceso» a los recursos alimentarios.

Estos son algunos de los matices con los que se jugarán los resultados de aquí a 2015 en la lucha para arrancar del hambre y de la miseria a 400 millones de personas. *

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