Medio Oriente: no hay señales para el optimismo
«No tenemos un socio» para hablar de paz, dijo Sharon a Bush, excluyendo una vez más negociaciones con el líder palestino Yasser Arafat.
Bush se hizo eco: «Aún no están dadas las condiciones» para reunir una conferencia de paz sobre Medio Oriente, que debería realizarse este verano (boreal), aunque aún están por definir la sede, fecha, modos y nivel.
La impresión es que Estados Unidos e Israel están de acuerdo en presionar para que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) apure los tiempos de la reforma y la democratización, poniendo en discusión sus instituciones y líderes.
Bush no respondió a la pregunta sobre «si el problema es Arafat», y su vocero, Ari Fleischer, dijo que «el problema no es una persona». Pero la «cuestión Arafat» es fuerte: también los árabes lo advierten, si es cierto que los egipcios piensan en un papel simbólico para el líder palestino.
Las declaraciones de hoy en la Casa Blanca, así como las del sábado en Camp David, tras la reunión con el presidente egipcio Hosni Mubarak, parecen también condicionadas por la preocupación de no descubrir las cartas.
El presidente norteamericano, en efecto, anunció que pronto tomará una iniciativa para relanzar la diplomacia de paz en Medio Oriente, a poco más de dos meses del discurso del 4 de abril en el Jardín de Rosas de la Casa Blanca, con la que se puso nuevamente en marcha un proceso estancado por la escalada de violencia entre israelíes y palestinos.
Antes de su anuncio, Bush quiso hacer una nueva ronda de consultas: Mubarak, Sharon y sus emisarios en la región, el subsecretario de Estado William Burns y el director de la CIA George Tenet, ambos veteranos de misiones centradas en la posibilidad de reanudar el diálogo (Burns) y la seguridad (Tenet).
Sharon se presentó en la Casa Blanca por sexta vez: ningún líder extranjero se había reunido tantas veces con el presidente norteamericano. Las últimas dos veces, las visitas de Sharon a Estados Unidos habían sido truncadas por atentados suicidas palestinos (el 7 de mayo, una bomba estalló justamente durante su reunión en el Estudio Oval).
Esta vez, Sharon hizo lo posible para revertir la situación: entró en el Estudio Oval mientras tanques y tropas israelíes estaban lanzando una nueva incursión en Ramalá, la ciudad de Cisjordania que alberga las oficinas de Arafat y el gobierno de la ANP.
Bush, esta vez, no lo invitó a la moderación, sino que reiteró el derecho de Israel a defenderse de los ataques terroristas: además renovó el pedido de drásticas reformas en la ANP, agregando que esas reformas son necesarias antes de que se pueda lograr cualquier progreso hacia la paz.
En cuanto al hecho de que la conferencia aún parece lejana, Bush insistió: «Es porque nadie tiene confianza en el gobierno palestino que se va delineando. Por lo tanto, es necesario hacer primero las cosas que vienen primero: crear las instituciones para dar esperanza a los palestinos y para dar confianza a los israelíes de poder tratar con el gobierno palestino».
La única advertencia que la Casa Blanca quiso hacer a los israelíes fue la de intentar evitar que las acciones militares puedan tener repercusiones en los esfuerzos por alcanzar la paz. Pero Fleischer no fue enérgico: «Por lo que nosotros sabemos, la operación está limitada en el tiempo y tiene el objetivo específico de tener en la mira a los terroristas». *
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