Carrió acusa a Menem de conspirar
ISIDORO GILBERT
Con pésima imagen en la opinión pública, reducida intención de votos en las encuestas, Menem participa como precandidato a presidente de la cumbre de la Unión Democrática Internacional (IDU), la central planetaria de la derecha, donde se codean los republicanos de George W. Bush con los populares de José María Aznar, o el conservadurismo de Margaret Thatcher. 80 partidos de ese pelaje con gran peso en la arena mundial, como es notorio.
Uno de los apoderados del Partido Justicialista, Jorge Landeau, le remitió un mail al titular de la IDU, el inglés William Hague, explicándole que ese partido resolvió en su último Congreso desvincularse de esa internacional. Por lo tanto Menem, no los representa.
Pero la formalidad le importa poco al ex presidente, que se exhibe como un gran campeón Shortorn en las gradas del poder financiero con su plan de dolarización, aceleración y compromiso total con el ALCA, con o sin Brasil, reformas en la estructura política de la Argentina y medidas en la línea expresada en Washington y que incluye la implantación del estado de sitio para «terminar con el caos».
Aquello de la vaca (o el toro) no es caprichoso. A Elisa Carrió la invitó el Departamento de Estado y se negó: «No quiero ser exhibida como vaca en rodeo. El día que quiera ir a EEUU lo haré con mi propia agenda».
La líder de Alternativa para una República de Iguales (ARI) puso en alerta ayer a todo el mundo al presentar una modificación a la Ley de Defensa de la Democracia, que se amplía no sólo a los que tomen las armas para hacerse del poder sino a los funcionarios y políticos que la propicien.
Carrió no descarta que Menem busque regresar al poder por vía del golpe de estado, aunque éste no adquiera las formas del pasado. Una de ellas es que empujaría la dimisión de Eduardo Duhalde, para que otra Asamblea Legislativa lo elija como jefe de Estado.
Para esto, de senador suplente por La Rioja pasaría a ser titular, por dimisión de su hermano Eduardo, para ser elegido. Para muchos, la idea suena a alocada.
Carrió sostiene que «estamos en un final que ya nadie puede manejar y hay riesgo democrático, porque cuando en un país las autoridades no pueden sostenerse y los poderes institucionales, por más apoyo que tengan, no pueden generar algo del orden de la legitimidad, debemos tener la templanza pero también la prudencia y la decisión de salvar al menos los retazos que nos quedan».
Ella cree que el peligro institucional existe, aunque no pueda precisar, como otros políticos, entre ellos Raúl Alfonsín, por dónde llegaría.
Como el matutino «La Nación» publicó artículos con ese posible escenario, el jefe del Ejército, teniente general Ricardo Brinzoni, se vio forzado nuevamente a desmentir esa sensación.
Pero en diversas publicaciones se menciona que las FFAA tienen adoptadas previsiones para controlar centros neurálgicos de la economía (centrales eléctricas, etcétera) porque se teme una pueblada. Esa que anuncia Menem desde el Norte, y que –no hay dudas– se la atribuye al movimiento piquetero.
Desde hace rato, la derecha viene advirtiendo que los cortes de rutas, los bloqueos de acceso a las grandes ciudades o movilizaciones nacionales con esa metodología son ensayos generales de insurrección. Algún efecto ya tiene esa presión: el secretario de Seguridad, Juan José Alvarez, que es un dialoguista que no quiere judicializar el conflicto social, anticipó que los próximos cortes de acceso a las grandes urbes serán reprimidos.
Alvarez acaba de lograr impedir o suspender el proyecto militar fogoneado por el ministro de Defensa, el radical Horacio Jaunarena, de unificar las carteras de defensa y seguridad, para que las FFAA ingresen en temas internos, vedados por la ley.
Regresemos a Menem. Amén de comer en grupo con Bush, darle la mano y una foto, quiere convencer al liderazgo norteamericano, a los organismos multilaterales de crédito y a Wall Street que él es el único candidato a presidente (en rigor, es precandidato) que tiene un programa económico como pide el Tesoro de los EEUU y el FMI, amén de la decisión de aplicarlo a rajatabla.
El lunes que viene irá a Harlem a darle la mano a Bill Clinton, que tiene oficinas en ese distrito neoyorquino.
En Manhattan hará algo más: en lo ceremonioso, colocar una ofrenda floral, el martes, en el Ground Zero (el sitio donde estuvieron las torres gemelas) y lo invitarán a comer nada menos que los de JP Morgan-Chase y Morgan Stanley, es decir, lo que se llama una buena agenda. Y si faltaba tocar algún lugar de influencia, mantendrá un encuentro en el Consejo de las Américas, el lunes próximo. *
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