El petróleo ruso y la seguridad de los EEUU

La visita de George W. Bush a Moscú ha sido sin duda un hecho de la mayor trascendencia estratégica para la política de la Casa Blanca. Analistas no ahorraron en sus comentarios el calificativo de «histórico» al referirse a la reducción de los arsenales atómicos, acordada entre Bush y Putin, o a la cooperación entre la OTAN y Moscú, firmada por razones de seguridad en una base militar americana cerca de Roma. «Una alianza entre viejos enemigos y la finalización de la guerra fría» fueron los títulos de los rotativos más importantes en las capitales europeas.

Menos destaque periodístico tuvo un acuerdo sobre la «Seguridad Energética», firmado por ambos presidentes, en el cual Washington se compromete a participar en el desarrollo y la explotación de la industria petrolera de Rusia.

La idea madre del acuerdo es buscar un sustituto para el suministro de petróleo para los EEUU si por la escalada del conflicto en el Cercano Oriente se pusiera en peligro el flujo energético. Arabia Saudí ha dejado de ser un aliado fiable, luego de los ataques terroristas del 11 de setiembre, cuando se supo que no sólo Osama bin Laden sino otros destacados actores fueron financiados por empresarios de este reinado. Los americanos ven con preocupación que Arabia Saudí, suministrador más importante de petróleo e integrante de la OPEC, se manifiesta pasivo ante el conflicto israelí-palestino y también se opone a una participación en el conflicto contra Irak.

Observadores constatan que el acuerdo de «Seguridad Energética» va unido a la presencia de tropas americanas y de la OTAN en las ex repúblicas soviéticas de Asia Central y a la ampliación del aeropuerto afgano de Baghram.

Rusia, segundo productor mundial de petróleo

La producción petrolera de Rusia ha crecido en los últimos años al punto de superar a Arabia Saudí en el suministro del mundo occidental. Además, al no ser miembro de la OPEC, Rusia no se somete a las resoluciones de reducción de extracción para mantener o aumentar el precio del «oro negro». Rusia es hoy el segundo productor de petróleo del mundo y desplazará pronto a Arabia Saudí del primer lugar.

En Primorsk, en el mar báltico, se acaba de construir un importante pacto para embarcar petróleo hacia los Estados Unidos y Europa. También se construyen nuevos oleoductos para conducir petróleo hacia los puertos del Mar Negro.

Rusia y su presidente Vladimir Putin ambicionan un mayor empuje y desarrollo del comercio con los EEUU como recompensa de las concesiones políticas luego del 11 de setiembre. Consorcios americanos invierten unos 700 millones de dólares en un vasto proyecto petrolero «Sajalin 1″ y la Exxon está participando «en grande» con cifras millonarias.

El acuerdo de «Seguridad Energética» se basa en los planes hegemónicos de los EEUU, que luego del 11 de setiembre fueron acelerados por los estrategas del Pentágono y de la Casa Blanca. Consejeros americanos se encuentran en Georgia y soldados americanos iniciaron la construcción de bases militares en tres ex repúblicas soviéticas.

Los Estados Unidos se aprovechan de la actual debilidad de Rusia, presionando a través de la OTAN, que piensa seguir adelante con su extensión hacia el este, lo que encuentra fuerte oposición entre los militares, que no olvidaron las enseñanzas de la historia, especialmente de la Segunda Guerra Mundial, que costó sacrificios sin igual al pueblo ruso.

Putin quiere una nueva calidad en las relaciones con Occidente, pregonando pragmatismo en las conversaciones.

No será sencillo llevar adelante este viraje de Moscú, que encierra graves contradicciones y choca con legítimos intereses de Rusia afirman especialistas. En Occidente hay quienes piensan que una Rusia debilitada conviene a los intereses de los EEUU y Europa. *

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