West Point: la elite militar de EEUU

En la biblioteca de la academia de West Point –donde se forma la elite militar de Estados Unidos– se ven libros con las páginas gastadas por las consultas, con títulos tales como «Luchar contra el terrorismo» o «En el corazón del terrorismo».

Más aun: «Islam, una breve introducción», «A la sombra del profeta», «Historia de las relaciones entre cristianos y musulmanes» o «Enfrentar el miedo: una historia del terrorismo».

El 11 de setiembre por la mañana el mundo también cambió para los 4.000 cadetes que, 60 km al norte de Nueva York, se disponen a entrar por la puerta grande a la carrera de las armas. Han descubierto más o menos brutalmente que la guerra será para ellos algo bien diferente de lo que fue para sus mayores.

Estos últimos prepararon durante décadas batallas con tanques en las grandes llanuras europeas, teorizaron sobre el equilibrio nuclear, soñaron con escudos espaciales antimisiles.

La promoción 2002 pasó su último año atenta a las cadenas de información, fascinada por las imágenes de miembros de las fuerzas especiales estadounidenses a caballo, armas-láser a la espalda, en las montañas afganas. Algunos podrían sumárseles a partir del próximo invierno. Todos saben que entran bajo las banderas de un país en guerra.

«Este año ya hemos aprobado un curso sobre terrorismo», explica el coronel George Forsythe, vicerrector de la Academia Militar. «Estaba en los libros antes del 11 de setiembre. Queríamos insistir en la preparación para el liderazgo en un mundo global, poniendo el acento en las culturas extranjeras y las tecnologías de la información».

Los atentados del World Trade Center y del Pentágono no condujeron a una reformulación de los programas, pero está prevista la participación de nuevos expertos. Entre ellos, la de especialistas en el mundo musulmán y la de un capitán de las fuerzas especiales, Jason Amerine, de 30 años, uno de los primeros en entrar en Afganistán y que durante meses combatió al lado del dirigente afgano Hamid Karzai. Diplomado recientemente en West Point, impresionó a los estudiantes.

«He aquí a un joven capitán, de la promoción 93, que no fue únicamente punta de lanza militar, sino también diplomático y negociador», sonríe el coronel Forsythe.

«No enviamos embajador: él actuó como embajador. Eso es lo que hacemos en la Academia: no les enseñamos a hacer la guerra en Bosnia, en Afganistán o en Filipinas. Damos los fundamentos para que puedan adaptarse a todas las situaciones». *

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