Demasiados hombres y dinero en el Silicon Valley
La soledad domina en el paraíso de Internet, la región californiana de Silicon Valley, donde hay demasiados hombres, demasiado dinero en juego, poco tiempo libre y ninguna experiencia sobre cómo buscar una posible pareja.
Esta vez, la preocupación de la nueva economía no está ligada a la marcha de Wall Street, sino a que en la tierra donde viven los trabajadores mejor pagos del mundo, y donde cada día nacen 64 nuevos millonarios, no surgen historias de amor.
El fenómeno es tan preocupante que mereció una investigación de primera plana en el New York Times. Si Cupido está desocupado en la patria del high-tech –uno de los pocos lugares del mundo donde la desocupación, así como el amor, es un fenómeno en vías de desaparición– los motivos son en primer lugar demográficos.
Palo Alto, el corazón de Silicon Valley, es uno de los escasos sitios en el mundo occidental donde hay más hombres que mujeres (casi un 36 por ciento).
Pero a los dirigentes que viven en la zona les parece una diferencia aún más pronunciada.
«Dondequiera que vayas, la relación hombres-mujeres es de cinco a uno», comenta Jim Aronson, un representante treintañero de una empresa de semiconductores en San José.
En los bares, por la noche, se ven sólo pequeños grupos de hombres hipnotizados frente al televisor sintonizado en el Sports Channel. Y durante el día las calles de Palo Alto le parecen a un recién llegado una reunión de boy-scouts.
Pero el problema no es sólo numérico. «La gente no tiene tiempo», explica Julie Paiva, que desde San Francisco maneja una agencia para corazones solitarios destinada al Silicon Valley.
«Hay mucho estrés en sus vidas, cada uno tiene miedo de que los otros se muevan más rápidamente. Nunca vi en mi vida gente tan competitiva», explicó Paiva.
Los ejecutivos de la nueva economía viven llevándose el pijama a la oficina, y conceden confidencias sólo a sus computadoras de bolsillo.
Así, incluso las muchachas que se mudan con el proyecto de»cómo pescar un millonario» se decepcionan. «Dicen que aquí el promedio de hombres disponibles es muy bueno –cuenta desconsolada Danette Austin, de 33 años, maestra de un jardín maternal– pero los interesantes no sacan nunca la cabeza de la oficina».
En realidad los nuevos millonarios, ricos con poco más de 20 años, y dispuestos a defender con uñas y dientes su bienestar, finalmente revelan tener miedo de las mujeres, a las que consideran sólo «buscadoras de oro».
Ellas, por su parte, no son de gustos fáciles. «El hombre ideal aún es el Harrison Ford de ‘Indiana Jones'», explica Julie Paiva.
El resultado de esta mezcla de sentimientos es que en Silicon Valley hallar nuevas historias de amor es más difícil que hallar una casa que cueste menos de medio millón de dólares.
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