El cholo contra el chino
Fujimori, descendiente de inmigrantes japoneses y líder de la alianza Perú 2000, y Toledo, del Movimiento Independiente Perú Posible, culminaron en la noche del jueves en Lima y Cusco, respectivamente, sus campañas en multitudinarios mítines que, a decir de los analistas, recuperaron para la política «la voz de la plaza» luego de un proceso marcadamente mediático.
Paralelamente, otros cinco candidatos de los nueve que postulan, cerraron la etapa proselitista con concentraciones menores antes de entrar en vigencia –a las 00h00 del viernes– la prohibición de manifestaciones políticas.
Pero, según las encuestas, conocidas en círculos cerrados debido a la prohibición legal de publicarlas desde hace 15 días, la Presidencia de la República para el mandato 2000-2005 la disputarán Fujimori y Toledo.
A mediados de marzo, Fujimori aventajaba a su más cercano perseguidor (Alberto Andrade, de Somos Perú) por un 40% a un 15% en la intención de voto. Las encuestadoras se preocupaban entonces de sondear si al candidato-presidente le bastaría la primera vuelta para asegurar un tercer mandato.
Pero Toledo surgió desde las provincias hace 21 días con tal fuerza que las principales encuestadoras admitieron la víspera que las presidenciales podrían definirse en segunda vuelta, pues dijeron que ninguno superará el 50% de los votos legalmente requeridos en la primera ronda.
Datum otorgó un 42,1% de intención de voto a Toledo y un 41,8% a Fujimori, sobre una muestra nacional de 2.013 encuestados con un margen de error del 2%.
Apoyo dijo que Fujimori obtendría un 46% y Toledo un 39%, pero resaltó que la tendencia de crecimiento del candidato opositor podría reducir las diferencias. Entrevistó a 3.600 personas en todo el país y su margen de error es de 2%.
La empresa CPI señaló un resultado similar al de Apoyo y destacó que serán los indecisos (un 9%) quienes definan a último momento quién será el nuevo mandatario peruano. CPI interrogó a 2.750 personas.
La postulación de Fujimori se hizo posible al aprobar el Congreso en 1996 la llamada Ley de Interpretación Auténtica de la Constitución del Estado, sobre la parte que hace permisible una segunda reelección.
La oposición consideró que Fujimori había cumplido con ese mandato al ser reelegido en 1995, luego de haber ganado en 1990 la presidencia.
Pero el congresista Carlos Torres y Torres Lara (oficialista) planteó la figura de la «interpretación auténtica», como efecto del «golpe institucional» que Fujimori encabezó en abril de 1992.
Según fundamentó Torres y Torres Lara, al amparo de la Constitución vigente, Fujimori fue elegido por primera vez en 1995 y, por tanto, la corresponde la reelección inmediata el 2000. Su alterado período 90-95, dijo, lo cumplió según el mandato de la anterior Constitución.
A partir de ello, el país se dividió.
En 1998, el Congreso rechazó la realización de un referéndum para consultar al país la viabilidad de una nueva candidatura del presidente.
El Tribunal Constitucional fue decapitado porque tres de sus miembros no validaron la Ley de Interpretación Auténtica. Se aprobaron leyes para una reforma del sistema judicial por el que los jueces provisionales adquirieron protagonismo sobre los titulares.
Algunos de esos jueces fueron designados para el Jurado Nacional de Elecciones, que, tras modificar su sistema de votación (2 pueden vetar a una mayoría entre cinco), validó la postulación de Fujimori.
Esto y los supuestos ilícitos electorales acaecidos –no investigados con celeridad por la Policía Nacional ni el Ministerio Público– han creado un ambiento tenso que llevó a Toledo a aventurar el riesgo de un levantamiento popular, que él no dudaría en encabezar, si Fujimori gana en primer vuelta.
«De ocurrir ello, estará consumado el fraude», dijo Toledo, autodefinido como «un David en lucha contra Goliat». Pero, si gana, habrá «logrado el milagro».
El cierre de campaña electoral que vivieron los peruanos la noche del jueves, con miras a las elecciones generales del domingo, tuvo un protagonista que apoyó con todas sus armas al presidente y candidato a una segunda reelección consecutiva, Alberto Fujimori: la televisión de señal abierta.
El mitin de cierre de campaña de Fujimori se realizó en Lima ante unas 100.000 personas, según cálculos conservadores, y contó con cantantes, bailarinas y bellas porristas que se contornearon toda la noche al rítmo de la pegajosa «tecno-cumbia» y mantuvieron sonrientes a los asistentes.
El nutrido mitin fue transmitido por todas las televisoras de señal abierta, incluida la del Estado, como suele hacerse cuando el presidente de la República dirige mensajes a la nación y las emisoras televisivas lo transmiten en cadena.
Según las leyes peruanas, está prohibido usar los órganos de comunicación del Estado en para transmisión de propaganda política de los funcionarios del Estado, salvo en los espacios de escasos minutos destinados para ello.
El mítin de Alejandro Toledo, el «cholo», principal rival de Fujimori y quien podría lograr en las urnas lo que no consiguieron hacer ni el laureado Mario Vargas Llosa, en 1990, ni el respetado Javier Pérez de Cuéllar, ex secretario general de Naciones Unidas, en 1995, fue virtualmente ignorado.
Según estimaciones de la prensa, Toledo, su esposa, la antropóloga belga Eliane Karp, la hija de ambos, Chantal, y su fórmula presidencial convocaron a unas 80.000 personas en la plaza principal de la milenaria ciudad de Cusco, 1.200 kilómetros al sur de Lima.
El mitin de Fujimori fue precedido por un espectáculo musical en el que participaron la popular Rossy War, «la reina de la tecnocumbia» peruana, el grupo Euforia, quienes entonaron todas las canciones de música tropical de «moda» en el país.
El gran éxito es el también pegajoso tema «El ritmo del chino», creado para la campaña de Fujimori, con el estribillo «chino, chino, chino», el apodo del presidente. Fujimori estuvo acompañado por su hija mayor y primera dama de la Nación, Keiko Sofía, de 24 años, quien bailó en varias ocasiones la música tropical, junto a su padre.
Chantal, la hija de Toledo, en cambio, no bailó, permaneció aplaudiendo a su padre y a su madre, cuando se dirigió en quechua a los cusqueños.
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