Uganda pide ayuda para capturar a los líderes religiosos prófugos

Secta: son 1.000 muertos

Adrian Blomfield – Kanungu, Reuters

Tras colocar una ofrenda floral junto a la fosa común donde fueron enterrados los cadáveres calcinados de más de 500 personas, que murieron hace dos semanas en el incendio de su iglesia, la vicepresidenta de Uganda, Speciosa Kazibwe, dijo que piensa que los líderes de la secta están prófugos y pidió ayuda para capturarlos.

«Creo que (los líderes) todavía están vivos. Todo el mundo tiene que ayudarnos a atraparlos», dijo Kazibwe.

«Han comenzado a esparcirse por Tanzania y Kenya y hemos iniciado investigaciones para determinar si tienen conexiones en Europa. Esto fue un asesinato. Estoy convencida de eso», añadió.

Kazibwe agregó que se calcula que los líderes del culto han matado a más de 1.00 personas, muchas de ellas mujeres y niños, e indicó que es probable que los investigadores encuentren más fosas comunes.

Pobreza, lejanía: factores determinantes

El densamente poblado distrito de Kigezi, donde la secta tenía su sede, en Kanungu, es uno de los más pobres de Uganda.

Algunos analistas indican que su pobreza, el impacto de sida y la inestabilidad regional, han convertido la zona en terreno propicio para que la secta propagara su mensaje de que el fin del mundo estaba muy cerca.

Algunos testigos han sugerido que una gran cantidad de miembros del culto provenía de Ruanda, donde unos 800.000 miembros de las etnias tutsi y hutu fueron asesinados en 1994. En el último año y medio se ha desatado una guerra multinacional en el Congo.

«¿Qué consuelo se le puede dar a un pueblo cuando niños, mujeres y hombres incautos son asesinados?», se preguntó Kazibwe.

Los líderes de la secta al parecer comenzaron a matar a los miembros, a quienes habían instado a entregar sus bienes mundanos, después que éstos comenzaron a pedir que se les devolviera su dinero cuando se dieron cuenta que no se cumplieron las predicciones del culto y el fin del mundo no llegó el 31 de diciembre de 1999.

Centenares de residentes locales, muchos de ellos familiares de las víctimas, se reunieron para participar en la ceremonia en la aldea donde comenzaron los dantescos acontecimientos cuando se encontraron 500 cadáveres achicharrados entre los escombros de la iglesia incendiada.

La policía había calificado el incidente de suicidio masivo pero después del descubrimiento de tres fosas comunes con más de 400 cadáveres de personas que habían sido estranguladas, envenenadas, o asesinadas a machetazos, han decidido tratar el caso como asesinato.

Líderes musulmanes, protestantes y católicos participaron junto con funcionarios del gobierno, entre ellos Kazibwe, para colocar ofrendas florales en la iglesia, antes de una jornada de oración.

La Policía continua elaborando una lista de las víctimas cuyos cadáveres se han descubierto en varios lugares, todos vinculados con la secta.

Las labores de excavación en busca de más fosas comunes se suspendieron durante el fin de semana en espera de ayuda del exterior para reforzar los deficientes recursos del equipo de la Policía ugandesa, que cuenta con un solo patólogo.

Otras unidades policiales realizaban labores de búsqueda en las zonas rurales aledañas, en casas y lugares utilizadas por la secta encabezada por el ex católico Joseph Kibwetere.

La ex esposa de Kibwetere, Theresa, ha dicho que el líder fue un buen marido hasta que cayó bajo la influencia de la ex prostituta, Gredonia Mwerinda, quien afirmaba hablar con la Virgen María.

Sin embargo, otras personas han descrito Kibwetere como un hombre violento que estuvo internado en una institución para enfermos mentales en 1998.

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