Protestas contra la deportación del niño

Indalecio Alvarez – Miami, EEUU, AFP

La tragedia está ambientada en un decorado de teatro: los manifestantes avanzan por la izquierda, las personalidades por la derecha, en el medio se encuentra la casa de Elián y en frente las cámaras de televisión bajo telas blancas.

«Â¡Major, Major, Major!» Detrás de las rejas, unos cuarenta cubanos reciben al alcalde de Miami, José Carollo, un estadounidense de origen cubano, gritando su título en inglés.

Sonríe, aprieta algunas manos, lanza un llamado a la calma: «Sigan protestando en forma pacífica. Les tenemos que demostrar que somos un pueblo que respeta el orden y las leyes». Luego da la vuelta hacia las cámaras.

«¿Qué hacemos si se lo llevan?», le pregunta un manifestante. «Recen, recen y tengan fe en Dios», contesta el alcalde.

Carollo es uno de los 22 alcaldes de la región de Miami que causaron sensación esta semana al declarar que la policía local no ayudaría a las autoridades federales en caso de que intentaran recuperar al niño náufrago cubano Elián González para entregarlo a su padre, que vive en Cuba.

El diario The New York Times hasta llegó a hablar de «secesión en Miami». El alcalde contestó en estilo lapidario: «Es el mismo diario que hace 41 años presentaba a Fidel Castro como el Robin Hood del Caribe.»

Entre los manifestantes, Mirta Díaz, que abandonó Cuba hace 20 años, opina que el alcalde hizo bien en pedir tranquilidad. «Resistir es una cosa, la violencia otra», dice bajo un paraguas que utiliza para protegerse del fuerte sol. «Lo que vamos a hacer no lo sabemos todavía.»

Frente a la casa de Elián, situada en el corazón de Little Havana, ondean dos banderas, una estadounidense y otra cubana. Los camiones de las televisiones son más grandes que las casas de este emblemático barrio, aunque pobre, lo que pone en evidencia las proporciones que tomó el tema de la custodia del niño.

Los autos todoterreno están aparcados por la zona con pequeñas banderas. Pertenecen a cubanos enriquecidos que abandonaron el barrio hace tiempo y regresan para manifestar su apoyo.

«Â¡Elián, Elián, Elián!». Quien sale de la casa no es el niño náufrago, sino el portavoz de la familia, Armando Gutiérrez.

Entrega a la prensa un comunicado de Lázaro González que «clarifica» su posición. El tío abuelo de Elián se compromete a «respetar las leyes» estadounidenses, pero pide que el pequeño pase unos exámenes psicológicos antes de que siga el proceso judicial.

Detrás de los manifestantes, un sacerdote empieza a recitar solo un Ave María en español con la ayuda de un altavoz, tras pedir en vano a todos que empiecen a rezar con él.

A unas cuadras de la casa, Ramón Saúl Sánchez, el presidente del anticastrista Movimiento Democrático, se reúne con sus partidarios en el Café Versailles, tradicional lugar de encuentro de la comunidad cubana en la calle 8.

«Esta es una calma muy temporal», advierte en alusión al respiro otorgado por las autoridades federales al anunciar que no tomarán ninguna medida antes del martes.

«Si el gobierno intenta llevarse al niño, habrá protestas civiles, una cadena humana, se va a cerrar el aeropuerto y el puerto de Miami», vaticinó.

Sentada a la misma mesa, Cuca Cañizares, 65 años, sólo pide una cosa: «A Elián se le debe dar un día en la Corte». Fidel Quintana, de la misma edad, espera «más protestas civiles y afrontamientos».

En cambio, Marilú Suárez Rivas, 52 años, que dialoga con su hija Alejandra, 30 años, está convencida de que Washington está cediendo paulatinamente. «Fíjate como han prolongado el proceso, la comunidad se ha unido y eso tiene su impacto en Washington».

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