Temen una crisis en Perú
Gloria Granda G. – Lima, ANSA
«Tememos que la situación se torne insalvable (…) por la escalada de denuncias», declaró a ANSA un diplomático extranjero que sigue de cerca las negociaciones que realiza la misión de observadores de la OEA, que preside el ex canciller guatemalteco Eduardo Stein.
Stein dijo en las últimas horas que no se descarta la posibilidad de descalificar el proceso electoral por falta de garantías y transparencia, a poco de cumplirse un plazo de tres días dado por la OEA al gobierno del presidente Alberto Fujimori para que se modifiquen las condiciones políticas y electorales.
Fujimori, visiblemente mortificado, respondió que Perú no va a acatar presiones de ningún tipo, y menos extranjeras, y descartó la posibilidad de anular las elecciones, por considerarla «impracticable».
Fujimori, de 61 años, se postula por la alianza Perú 2000 a un tercer mandato consecutivo de cinco años y, según asegura, ganará las elecciones en primera vuelta.
Su mayor rival, el economista Alejandro Toledo, de 54 años, líder del opositor partido Perú Posible, ha denunciado un supuesto fraude en marcha para asegurar el triunfo de Fujimori y que éste además podría «patear el tablero» para perpetuarse en el poder sin elecciones.
El proceso electoral peruano corre el riesgo de ser declarado viciado si persiste la falta de garantías para una elección justa y transparente, las limitaciones para que los candidatos de oposición realicen sus campañas sin temores ni acosos, la «guerra sucia» contra ellos y el denunciado uso de recursos del Estado en la campaña oficialista.
Funcionarios del Departamento de Estado norteamericano están «pidiendo permanente información» a las misiones de observación internacional de la campaña electoral en Perú, precisó el funcionario diplomático.
ANSA pudo informarse también de que un general «comisionado» del Ejército norteamericano, adscrito a la Secretaría de Defensa (Pentágono), indagó el viernes en la estructura militar peruana sobre las versiones de un presunto malestar castrense en un sector de las Fuerzas Armadas, que estaría en claro desacuerdo con la actual cúpula militar, aliada del presidente Fujimori.
La preocupación norteamericana fue alentada tras llegar a a Washington la versión de que grupos de coroneles estarían dispuestos «a contradecir» a sus propios comandos en el caso de que se produzca un fraude y no se respete la voluntad popular el próximo domingo, en que unos 14 millones de peruanos fueron convocados a sufragar.
Asimismo, se conoció que «las consultas» se hicieron en repetidas ocasiones al propio asesor presidencial y jefe de facto del poderoso Servicio de Inteligencia Nacional, Vladimiro Montesinos, desde las instancias intermedias del «G2″ (inteligencia militar norteamericana) sobre el aparente malestar en los cuarteles.
Cabe señalar que Montesinos tiene estrechas relaciones con distintos niveles de la Central de Inteligencia Americana (CIA).
Esta información se conoció en momentos en que el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, que preside el general José Villanueva Ruesta, emitía una «orden de comando» para que todo el personal militar entre a la «inamovilidad absoluta» en todo el territorio nacional.
El grupo de supuestos coroneles dijo la semana pasada en un pronunciamiento firmado con seudónimos que no reconocerán un eventual triunfo de Fujimori, pero el documento fue declarado apócrifo por el ministro de Defensa, general Carlos Bergamino.
No obstante, prominentes ex jefes militares consideraron «auténtico» el contenido del pronunciamiento.
Bergamino declaró que las Fuerzas Armadas reconocerán al candidato que gane los comicios, los quintos que se realizan consecutivamente desde que los militares dejaron el poder tras 12 años de dictadura (1968-1980).
Sin embargo, grupos políticos peruanos sostienen que las Fuerzas Armadas son aliadas incondicionales del presidente Fujimori, quien perpetró el 5 de abril de 1992 un «autogolpe» de Estado que disolvió el Congreso e intervino el Poder Judicial.
Ha expresado públicamente y en varias ocasiones su «lealtad» a Fujimori y su deseo de profundizar reformas estructurales a largo plazo.
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