Análisis internacional - La decisión ya estaba tomada; el secuestro del senador Gechen Turbay la precipitó

Pastrana y EEUU declaran la guerra total en Colombia

NIKO SCHVARZ

 

El gobierno de Estados Unidos anunció de inmediato que incrementará el envío de armamentos a Colombia, así como la ayuda logística y de inteligencia. El secretario de Estado, Colin Powell, le aseguró a Pastrana total apoyo en la lucha contra la guerrilla, a la que endilgó el calificativo de «terrorista», y el vocero Richard Boucher amplificó esta declaración al mundo. El secretario general de al OEA, César Gaviria, le hizo eco desde la CNN, anticipando que EEUU prestará toda su ayuda a Colombia para luchar contra el terrorismo. Las armas norteamericanas (como los helicópteros Black Hawk desde la base de Tres Esquinas, en el Caquetá) se emplearon en profusión en estos ataques, que prosiguen. La guerra total está al orden del día. La cruzada «antiterrorista» lanzada por el presidente Bush da para todo.

El secuestro del senador Jorge Eduardo Gechen Turbay (el mismo miércoles 20, en un avión obligado a aterrizar en una carretera sureña) precipitó una decisión que estaba adoptada por anticipado. Fue un mero detonador. Más aún: los delegados de los diez países facilitadores de un acuerdo, el enviado de la ONU, James Lemoyne, y los delegados de las dos partes estaban en la zona de despeje cuando llegó la orden de Pastrana de suspender el diálogo y regresaron a Bogotá antes de que comenzaran a caer las bombas.

Vicisitudes del diálogo de paz

Estos hechos, como destacan los cables, se produjeron «exactamente un mes después de que el gobierno y las FARC salvaran a última hora el proceso de paz mediante un acuerdo en que fijaron un cronograma que señalaba el 7 de abril como fecha para alcanzar los primeros acuerdos para un cese al fuego y de hostilidades». A esa fecha, el proceso había entrado en crisis, fundamentalmente por la oposición de los mandos militares y del gobierno norteamericano. Ambos querían romper un diálogo que se mantiene desde hace tres años. Estados Unidos propugnaba una solución a sangre y fuego, expresada en el Plan Colombia, en la cual el componente militar (armamentos, asesores, formación de batallones especiales, contratación de mercenarios) es el ingrediente fundamental, bajo el camuflaje de la lucha contra el narcotráfico. Esta tendencia se exacerbó con la llegada de Bush al gobierno, que amplificó los alcances del Plan Colombia, apresuró los ritmos de su aplicación y ahora procura encajarlo en los marcos de su agresiva campaña mundial «antiterrorista». En cuanto a los mandos militares, están unidos por un cordón umbilical, como se ha demostrado, con las bandas asesinas del paramilitarismo, que a su vez están estrechamente ligadas al narcotráfico y son sus usufructuarios. Ahora el general Fernando Tapias, comandante general de las Fuerzas Armadas, pasó a ocupar el centro de la pantalla y lleva de la mano a Pastrana a visitar la antigua zona de distensión.

Como contrapartida, los diez países amigos y el enviado de la ONU, James Lemoyne, realizaron esfuerzos sostenidos para mantener vivo el proceso de paz. A ello contribuyó decididamente la voluntad negociadora de las FARC, demostrada en forma reiterada y en la cual insiste incluso en la dramática coyuntura actual. Tras una serie de pacientes negociaciones, un laborioso parto dio a luz una resolución según la cual en la fecha tope arriba mencionada (7 de abril) se daría a conocer un acuerdo bilateral sobre cese de fuego y de hostilidades, que es lo que toda la nación colombiana está reclamando a viva voz. Entonces se entraría de lleno a debatir, en un clima pacificado, los puntos de una agenda establecida hace tiempo de común acuerdo, que versa sobre reales reformas de índole económica, social y política en Colombia.

Este proceso es el que se destrozó a los bombazos y con fuego nutrido de metralla. Con el aplauso y apoyo expreso del gobierno de Estados Unidos.

Armas y asesores yankis en la Operación Muerte

En los primeros operativos, en la madrugada del jueves 21, apenas unos minutos después del vencimiento de la vigencia de la zona de distensión de 42.000 kilómetros cuadrados, el ejército efectuó 200 bombardeos aéreos sobre 85 objetivos estratégicos, dando así inicio a la Operación Tanatos (que en griego significa muerte). Las misiones estuvieron a cargo de aviones OV-10, AT-37, DC-34 y helicópteros Black Hawk (Halcón Negro), donados –es decir, vendidos– por Estados Unidos. Los aparatos partieron de la gigantesca base militar de Tres Esquinas, montada por Estados Unidos en el sur del país, activada con el conjunto de las bases militares que rodean a Colombia, como veremos. Este operativo ha creado una tremenda conmoción en las naciones limítrofes, particularmente Ecuador y Panamá, que sufren las consecuencias de los considerables flujos migratorios ocasionados por la guerra civil colombiana, particularmente la zona fronteriza ecuatoriana de Sucumbíos. Por su parte, la presidenta panameña, Mireya Moscoso, decretó el «estado de alerta general». Los bombardeos aéreos eran parte de la táctica para que los soldados de la Fuerza de Despliegue Rápido (Fudra o «task forces» en la jerga norteamericana) llegaran a ocupar la población de San Vicente del Caguán, en el corazón de la ex zona desmilitarizada, lo que aconteció ayer.

La información militar agrega que «los blancos (de estos operativos) fueron principalmente los campamentos guerrilleros y pistas de aviación clandestinas». Esto es una burda patraña. Lo que el ejército está destruyendo son puentes, así como carreteras que se construyeron durante los años de despeje y que son presentadas como pistas clandestinas por el mismo gobierno que nunca resolvió el problema de las vías de comunicación en San Vicente y las zonas aledañas.

Se dice también que «el final de la zona de distensión provocó una fuerte preocupación entre los 100.000 habitantes del área, que temen, además de la ofensiva militar, la irrupción de grupos paramilitares de extrema derecha». Esto sí que es cierto, y por partida doble. Por una parte, en medio de la conmoción que vive Colombia por la falta de seguridad generalizada, la zona de distensión se había convertido en un oasis de tranquilidad, donde las muertes violentas (tan extendidas por todas partes) habían caído prácticamente a cero. Eran excepcionales. Las FARC aseguraban la paz y el orden, con el beneplácito colectivo. Por otra parte, y no sólo en la zona de despeje, las FARC eran una garantía de defensa de la población, principalmente campesina, contra los desmanes de las bandas asesinas de los paramilitares de Carlos Castaño, que han actuado siempre con el visto bueno del ejército, con el cual están íntimamente entrelazadas (muchos de sus miembros revistan en los dos campos a distintas horas, según se comprobó). Ahora esta situación se agravará, sin duda, y los pobladores temen por sus vidas.

Bases militares y lógica bélica

La declaración de guerra de Pastrana es un paso adelante en la estrategia diseñada en su encuentro con Bush del 11 de noviembre pasado en Washington, en que se puso a punto el Plan Colombia. En esos marcos, Estados Unidos ha cercado al país por una red de bases militares: la de Manta, en el Pacífico ecuatoriano, donde actúan 200 marines y parten aviones que sobrevuelan Colombia y realizan espionaje sofisticado sobre las FARC; las de Aruba (Reina Beatriz) y Curaçâo (Hato), en el Caribe, con 300 militares yankis, aviones F-16, de reconocimiento y de espionaje (uno de ellos cayó en acción en Putumayo el 23 de junio de 1999, muriendo cinco militares USA de la Brigada de Inteligencia Militar 204 con base en Texas); otra está en proceso en Liberia, Costa Rica; hay además sendas bases en Roosevelt Roads (Puerto Rico), en Guantánamo (Cuba) y en So
to Cano (Honduras).

Ahora se multiplicará el flujo armamentista desde Estados Unidos hacia Colombia. Como decíamos, la «lucha antiterrorista» da para todo. Seguirá un mayor involucramiento norteamericano en tareas de inteligencia y adyacentes, el envío de asesores militares que ya han estado participando sobre el terreno, la contratación de mercenarios y el adiestramiento de batallones especiales, que ya entraron en acción. De esta suerte, el gobierno de Bush inserta a Colombia en su estrategia de guerra global, que hace furor en varias regiones del mundo y amenaza con extender sin límites ni contrapeso a la vista. *

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