Reunión Bush-Zemin no resolvió las divergencias entre ambos gobiernos
La visita del presidente estadounidense George W. Bush a China permitió estrechar los vínculos, pero no solucionó los principales desacuerdos entre los dos países, estimaron el viernes los analistas.
«La relación es ahora más civilizada, las reacciones son menos virulentas, pero en el fondo nada ha cambiado», estimó Paul Harris, un especialista en cuestiones sino-estadounidenses de la Universidad Lingnan de Hong Kong.
El presidente estadounidense partió de Pekín el viernes, luego de una visita de 30 horas a China que dio lugar a frases amables de ambas partes sobre la necesidad de fortalecer las relaciones bilaterales.
Hace tan sólo cuatro meses Bush visitó Shanghai, en ocasión de la cumbre de los países de Asia y el Pacífico. Dicho viaje, realizado un mes después de los atentados del 11 de setiembre contra Estados Unidos, marcó un vuelco en las relaciones, gracias al respaldo chino a la guerra de Washington contra el terrorismo.
«Estados Unidos saluda la emergencia de una China fuerte, pacífica y próspera», afirmó el viernes el mandatario norteamericano. Estas declaraciones fueron recibidas con satisfacción en China, que hasta hace menos de un año era acusada por Bush de ser «un competidor estratégico».
Bush invitó al presidente chino Jiang Zemin, así como a su presunto heredero, el vicepresidente Hu Jintao (con el cual se reunió brevemente el viernes), a visitar Estados Unidos.
Pero si bien un funcionario estadounidense se congratulaba de la visita, subrayando que la misma había permitido «definir las grandes líneas estratégicas de la relación para los próximos años», se observaron pocos progresos concretos en los principales temas de desacuerdo entre las dos naciones.
Bush, un cristiano practicante sometido constantemente a presiones por parte del ala conservadora del Partido Republicano, llamó públicamente a las autoridades chinas a poner fin a las persecuciones contra los creyentes y a promover la democracia. Se trata de dos cuestiones en las cuales Pekín no dispone de margen de maniobra.
«La Constitución china garantiza la libertad de culto», se limitó a indicar el presidente chino durante una conferencia de prensa, eludiendo una pregunta sobre la encarcelación de obispos fieles al Papa.
Ni siquiera se logró un pequeño progreso en la cuestión de la proliferación de los misiles, algo que Washington esperaba ansiosamente.
Pekín reiteró tan sólo que se comprometía a no exportar equipos que podrían ser utilizados para fabricar misiles. Washington quiere que Pekín elabore una lista de los equipos prohibidos. *
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