Duhalde con serias dificultades para aprobar el Presupuesto
ISIDORO GILBERT
Inopinadamente el Presidente mencionó ayer que no iba a renunciar ni a adelantar las elecciones que él citó para el 14 de setiembre de 2003, luego que el ex mandatario Carlos Menem volviera a reclamar esa anticipación porque cree que la actual administración ha fracasado.
Duhalde encuentra escollos para amoldar su política económica con los requerimientos del FMI para que abra la mano, ponga a disposición de Argentina una masa de dinero que sostenga la flotación del peso y le permita, según su visión, poner en funcionamiento el aparato productivo.
Los gobernadores, especialmente los peronistas, no quieren firmar, al menos hasta anoche, un nuevo acuerdo sobre coparticipación de impuestos. Es cierto que se tocan intereses a provincias muy afectadas por la crisis, donde el ajuste que se les demanda podría hacer estallar por los aires a algunas de ellas. No en vano el ministro del Interior, Rodolfo Gabrielli, no descartó que en el interior del país pueda ocurrir «un estallido social».
La lectura política inevitable de este escollo que enfrenta el gobierno es que los hombres del justicialismo con poder, es decir, muchos gobernadores, le pasan una factura por no haber ampliado el juego hacia ellos. Se acusa a Duhalde de gobernar especialmente con bonaerenses, y dentro de ellos, con sus leales, lo que genera irritaciones.
Repudios
De otra, y mayor gravedad, es la pared que encuentra en el Parlamento para poder aprobar el presupuesto. En la calle, por segundo día consecutivo, se concentraron manifestantes para denunciar esa ley de leyes como recesiva, antipopular y confeccionada según el recetario del FMI. No había ayer una multitud frente al Palacio Legislativo, pero allí en un mitin, los oradores advirtieron que irían a cada casa de los legislativos que voten el ajuste para denunciarlos ante la opinión pública. Tiene su peso.
Acaso por eso, la oposición, vino desde la Unión Cívica Radical y del ala del Frepaso que conforma la base política de sustentación, con el peronismo, claro, de Duhalde.
Estas disidencias se refieren a reclamos para imponer a sectores que han tenido grandes ganancias, gabelas que financien gastos para la educación, uno de los rubros más cuestionados en el proyecto original y que si no se resuelve positivamente, podría impedir el inicio de los cursos lectivos en marzo. Es lo que dijeron los docentes en el acto de repudio.
No es un cuestionamiento, este del radicalismo y el Frepaso, de fondo. De esa naturaleza es el que impugna el interbloque que encabeza la diputada Elisa Carrió, y los de la izquierda, amén de objeciones de sectores provinciales. Carrió y los suyos quieren una reformulación total del programa de gastos, no sujeta a las negociaciones con el FMI.
Pero Duhalde necesita el presupuesto como está pensado, porque de ese es el que habló en Washington el ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, y del acuerdo sobre el reparto de impuestos entre la Nación y las provincias. Ayer otra vez el secretario del Tesoro, Paul O’Neill, reiteró su respaldo a la Argentina pero siempre que acuerde con el FMI, algo parecido al cuento de la buena pipa.
¿Fuerte o débil?
En su charla de los jueves por radio, Duhalde aceptó ayer que el incremento de los combustibles «no es importante», borrando su propia definición de que no iba a permitir ese incremento impuesto por las petroleras que rehúyen pagar una retención a las exportaciones de hidrocarburos. No es la primera vez que el Presidente no puede llevar a cabo sus objetivos inmediatos, no obstante que afirmó en más de una ocasión «yo no soy débil». Muchos lo ven con esa falencia, a poco de cumplir 45 días como máximo gobernante. No solamente Menem trata de marcarle la cancha con anticipo de las presidenciales, dos gobernadores, el de Córdoba, José Manuel de la Sota, y el de Santa Cruz, Néstor Kirchner, la quieren también. Carrió cree que será inevitable esa anticipación y a su lado especulan con movimiento de la derecha con el objetivo de imponer un gobierno con apoyo castrense.
Sugestivamente, Menem mencionó como su predilecto para ministro de Economía si llega al gobierno, a Ricardo López Murphy, efímero conductor de esos asuntos con Fernando de la Rúa, donde fue expulsado por la repulsa popular.
El nombre de López Murphy es meneado como encabezando un gobierno con apoyo de las FFAA. El lo ha desmentido categóricamente y no surgen indicios serios de que los militares quieran comprometerse ahora con las difíciles soluciones políticas, económicas y sociales. El ex ministro, que se apresta a abandonar su partido, el radical, quiere convertirse en el referente de la derecha para las elecciones que se hagan este año o el próximo.
¿Aliado de Menem? En política nunca no es una palabra útil. Pero alguna vez dijo que «jamás sería el ministro de un Pashá». Y ya se sabe de quién hablaba. *
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