La gran conspiración contra Venezuela
La Santa Alianza está conformada, en el plano nacional, por los políticos adecos y copeyanos, incluido el ex presidente Carlos Andrés Pérez, destituido y encarcelado por cargos de corrupción, y todos ellos desbancados por Chávez con avalanchas de votos en sucesivas elecciones; la gran prensa, los sectores oligárquicos de la tierra y el gran capital, la derecha de la iglesia. Ahora metieron en el baile a algunos militares, que amenazaron con un golpe contra Chávez y se ganaron amplísimo espacio en los canales.
Tres militares en la pantalla
El primero en aparecer en las pantallas fue el coronel de aviación Pedro Soto, al parecer disgustado porque no pudo ascender a general y debía pasar a retiro dentro de cuatro meses. Se ganó ese tiempo porque lo pasaron a retiro ayer. Le siguieron el capitán de la Guardia Nacional, Pedro Flores, y el teniente coronel de aviación Hugo Sánchez, que se eclipsó de inmediato. Al parecer ambos estaban manipulados por un ex militar y abogado que impidió que, en un acto frente a La Casona, un dirigente adeco de Mérida tomara el micrófono para subirse al carro. Desde Nueva York, donde está autoexiliado, Carlos Andrés Pérez se declaró «gratamente sorprendido» por el acto de Soto, que calificó de «heroico» agregando: «No creo que haya una salida negociada y pacífica». El último en robar cámara fue el contralmirante Carlos Molina Tamayo, que apareció en uniforme de gala, y junto con Soto, también uniformado y luciendo condecoraciones, rivalizaron con su presencia en TV con los actores nominados al Oscar. Quedaron frustrados porque poca gente les llevó el apunte, el gobierno se limitó a reafirmar la vigencia de la Constitución y de las libertades, y tampoco decretó el estado de excepción.
Los paños fríos de Gaviria
También contribuyó a ponerles paños fríos el secretario general de la OEA, el colombiano César Gaviria, quien declaró en Bogotá: «El presidente Hugo Chávez fue elegido democráticamente y por tanto es inaceptable que un oficial de la Fuerza Armada trate de desobedecer el imperio de la ley. Las democracias, que han sido construidas con gran esfuerzo en este hemisferio, tienen mecanismos a través de los cuales el pueblo puede defender sus derechos, y Venezuela no es una excepción. Si hay problemas las soluciones deben encontrarse en la Constitución y las leyes». Gaviria exhortó al coronel Soto a obedecer las órdenes de sus superiores y llamó a los venezolanos a defender sus instituciones democráticas y a rechazar cualquier intento de alterar el orden constitucional.
El negro más profundo
Si estos personajes se mantienen en cartel, por ende, es exclusivamente por obra de los canales, en particular la CNN, que hace campaña a toda hora contra Chávez. En paralelo, monta un show escandaloso contra Saddam Hussein, para ablandar la conciencia mundial y preparar la reiteración de las agresiones contra Irak. Chávez mantiene la más absoluta libertad de prensa y contesta con las únicas armas que tiene a mano: una audición radial, con la cual se pone en contacto con el pueblo. Simultáneamente, impulsa la aprobación de leyes susceptibles de paliar la crítica situación del país como resultado de la baja del precio del petróleo (del cual Venezuela es el cuarto exportador mundial), lo que unido a la fuga de capitales determinó la devaluación monetaria y la flotación del bolívar. Entre estas leyes se destacan la democratización de la tenencia de la tierra (que afecta a los grandes latifundistas), la explotación racional de los recursos del mar por los pequeños y medianos pescadores, así como el control de la actividad bancaria.
Volviendo a la cuestión mediática. El gobierno de EEUU ha subido un nuevo peldaño en los mecanismos de difundir la mentira como norma, con la creación de la Oficina de Influencia Estratégica (OSI) montada por el Pentágono tras el 11 de setiembre con el apoyo del secretario de la Defensa, Donald Rumsfeld. La idea –según lo describen las agencias– es «diseminar en secreto noticias de cualquier tipo a los medios locales (de Asia Central, Medio Oriente y Europa occidental, principalmente), verdaderas o falsas, para mejorar la imagen de Estados Unidos». Más específicamente: «el arco de las iniciativas iría desde el blanco más puro (comunicados de prensa genuinos) al negro más profundo (mentiras y operaciones clandestinas)». Es lo que se ha llamado «mentiras para despistar».
Con esto se cierra el ciclo de un silogismo perfecto. Premisa mayor: los medios de difusión USA, en primer término los canales de TV, se comprometieron después del 11 de setiembre a proporcionar exclusivamente las versiones del gobierno de EEUU, aduciendo razones de «patriotismo». Premisa menor: el Pentágono reconoce que lanza a circular mentiras por toneladas. Ergo, lo que difunden la CNN y consortes es desinformación pura. Esto es así en el caso particular de Chávez, y en todas las demás agresivas campañas.
La injerencia imperial y sus razones
Estos días de febrero se cumplen 13 años del sangriento «caracazo» de 1989 en que Carlos Andrés Pérez, al inicio de su segunda presidencia, ordenó ametrallar a los participantes de tumultos y saqueos en la capital, con un saldo de más de un millar de muertos. Los adecos implantaron como norma el reparto del poder con los copeyanos, desde el Pacto del Punto Fijo, después de que el pueblo derrocara a Pérez Jiménez en las grandes acciones del 23 de enero de 1958. Fue la elección (y reelección) de Chávez lo que dio vuelta la situación, cambió radicalmente el cuadro político, los redujo a posiciones marginales. Ahora vuelven por la revancha, apelando a cualquier recurso, incluso fomentando un pinochetismo redivivo. A las declaraciones de C.A. Pérez arriba citadas se agregan las de su último ministro de Planificación, Ricardo Hausmann, ahora docente de economía de la Universidad de Harvard, quien afirmó que «la única solución para resolver la actual crisis es que Chávez se vaya del gobierno».
Esto es apenas un eco de las declaraciones de los medios oficiales norteamericanos. Previo a la acción de Soto se registró una andanada del secretario de Estado Colin Powell contra Chávez. Luego, la embajadora norteamericana Donna Hrinak, en un programa de TV montado por la oposición intervino agresivamente contra el gobierno, en particular por su posición contraria al ALCA y acusándolo de connivencia con la guerrilla colombiana, sin tomar en cuenta que Venezuela es uno de los países amigos facilitadores del acuerdo en Colombia. Analistas señalaron «la insólita declaración de una diplomática que se permitió defender en público la argumentación de los sectores más radicales de oposición al gobierno ante el cual está acreditada». Pero no fue la única. El vocero del State Department, Richard Boucher, aleccionó a Chávez, enseñándole que «debe respetar las instituciones democráticas, como todo el mundo». Oficiando como un rodaje de trasmisión del gobierno norteamericano, (y probándose la ropa por anticipado) el propio FMI tuvo la desfachatez de proclamar que el organismo «no tendría problemas en respaldar un eventual próximo gobierno de transición» y que le brindaría su apoyo. Tras cartón, la firma de inversiones estadounidense Goldman, Sachs & Co. hizo caudal de la baja del crudo y del retiro de divisas para pronosticar «una profunda recesión» y una debacle política y económica.
El analista Heinz Dieterich estima que EEUU está instrumentando un plan contra Venezuela en tres niveles: «la guerra de destrucción económica, la guerra psicológica y la guerra paramilitar. Lo más avanzado es la guerra psicológica a través de los medios de comunicac
ión. Los medios son, de hecho, la punta de lanza del plan de Washington para destruir este proyecto de democracia popular con desarrollismo democrático nacional», sostiene.
Así le quieren hacer pagar la independencia de su política exterior, su oposición al ALCA para hacer primar un proyecto de unión latinoamericana según los preceptos bolivarianos, los esfuerzos por vigorizar la OPEP y defender el precio de una materia prima esencial. Es el momento de recordar al Libertador, precisamente, cuando decía que «Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad», con el agregado de que «jamás conducta ha sido más infame que la de los norteamericanos con nosotros». *
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