Muchos fallecieron dentro de los vagones y otros al tirarse del ferrocarril en marcha

Tragedia en Egipto: murieron 373 personas al incendiarse un tren

En el paso a nivel de Rekka, una pequeña estación en la verde campiña regada por el Nilo, 75 kilómetros al sur de El Cairo, la campanilla intermitente sigue sonando obsesivamente, y el semáforo titila sin interrupción desde hace horas. Allí los bomberos, enfermeras y camilleros, con mascarillas blancas sobre el rostro, descargaron 325 cuerpos carbonizados de los pasajeros muertos dentro de los vagones. Entre ellos había mujeres y niños, y también al menos unos 60 heridos. Las víctimas habían subido el martes a las 11 de la noche en El Cairo, rumbo a Luxor, sobre un convoy compuesto sólo de vagones de segunda y tercera clase, «un tren de pobres», como comentan los locales.

Volvían a sus respectivos centros de origen en el Alto Egipto, en ocasión de los tres días de fiesta del Gran Bayram, la mayor fiesta musulmana, que coincide con la gran peregrinación a La Meca.

«Es extraño que justamente los cuatro vagones de segunda clase –comentó con tono amargo uno de los ferroviarios cercanos al tren– hayan quedado intactos, mientras los siete de tercera fueron devorados por las llamas». Justamente en ese momento llegaba sobre el otro andén de la antigua Tebas (hoy conocida como Luxor) el tren expreso «español» (llamado así porque se construyó en España), sólo con vagones de primera y segunda. «En ése es mucho más difícil que suceda una tragedia así. Al tren incendiado, que tarda 12 horas para el trayecto completo, se puede subir pagando muy poco. Todo el viaje cuesta como máximo 17 liras egipcias (unos tres dólares)», comentó el ferroviario. Hasta ahora, los investigadores no presentaron ninguna hipótesis concreta sobre el origen del incendio, refirió a los cronistas el procurador general de El Cairo, Maher Abdel Wahed, que llegó al lugar en las primera horas de la tarde, recién terminada la recuperación de los cuerpos carbonizados.

«Podría haber habido un cortocircuito, pero trabajaremos a fondo para ver si hubo responsabilidades, y la investigación, en la que participarán 20 magistrados, será particularmente rigurosa», agregó.

Por la mañana, habían circulado rumores según los cuales el fuego se habría desarrollado tras la explosión de dos garrafas de gas en el vagón cafetería. «Que nadie sueñe con mencionar actos de terrorismo –exhortó el primer ministro Atef Ebeid, que fue al lugar con varios ministros–, aquí no hay ningún elemento que lo permita».

Mientras el magistrado hablaba y se dirigía hacia los vagones, de los que sólo quedaron los hierros retorcidos, con jirones de pintura plateada en el exterior y en el interior sólo un denso color negro provocado por el humo, los bomberos recomponen piadosamente restos de cuerpos humanos en una bolsa de plástico.

El maquinista, Mansur Yussef El Qomos, de 45 años, dijo que vio cómo las llamas envolvían los vagones desde la ventanilla de la locomotora. De inmediato accionó un freno rápido para frenar el convoy y fue a ver qué sucedía: con un ayudante, Ashraf Naguib Takla, desenganchó los vagones en llamas y alejó los que habían quedado unidos a la locomotora. Sin embargo, una primera reconstrucción que debe aún verificarse había hecho decir a otro maquinista que Yussuf El Qomos no se había dado cuenta del incendio. Para llamar su atención habría hecho falta una pequeña carga explosiva colocada sobre las vías por el personal ferroviario, advertido por teléfono por otros que habían visto pasar los vagones en llamas. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje