Bajo la consigna "Otro mundo es posible", también se repudió el belicismo

Declaración final del Foro Social Mundial criticó al neoliberalismo

El párrafo inicial define los campos: «Ante el continuo empeoramiento de las condiciones de vida de los pueblos, nosotros, los movimientos sociales de todo el mundo, nos hemos reunido en el Segundo Foro Social Mundial en Porto Alegre. Aquí estamos en gran número, a pesar de los intentos de romper nuestra solidaridad (…) para continuar nuestra lucha contra el neoliberalismo y la guerra, ratificando los acuerdos del Foro anterior y reafirmando que ‘otro mundo es posible'» (véase nuestras notas en LA REPUBLICA del viernes 8, páginas 22-23, y sábado 9, página 21).

 

Una amplia alianza para construir una alternativa

Poniendo énfasis en la diversidad, en todos los órdenes, de los movimientos sociales participantes, la Declaración afirma que constituyen en su conjunto «un movimiento de solidaridad global, unido para luchar contra la concentración de la riqueza, la proliferación de la pobreza y la desigualdad y la destrucción de nuestro planeta». En ese contexto destacan que «la diversidad es nuestra fuerza y su expresión es la base de nuestra unidad». El movimiento se proyecta en la lucha por alumbrar una alternativa frente al orden social existente. En sus palabras: «Estamos construyendo un sistema alternativo y usamos caminos creativos para promoverlo. Estamos construyendo una alianza amplia a partir de nuestras luchas y las resistencias contra el sistema», que se caracteriza por «privilegiar los intereses del capital y el patriarcado sobre las necesidades y las aspiraciones de los pueblos». A lo largo del documento se critica en forma contundente todas las formas de discriminación de género y se coloca en plano destacado la participación de las mujeres, tanto por sus reclamos específicos como por los postulados generales de la humanidad.

Al aludir luego al drama cotidiano del hambre, la falta de atención médica y las enfermedades prevenibles, las migraciones, la pérdida de tierras agrícolas, los desastres ambientales, el desempleo, el debilitamiento de los servicios públicos y la destrucción de la solidaridad comunitaria, el documento destaca que «tanto en el Sur como en el Norte luchas combativas y resistencias reivindican la dignidad de la vida».

 

Contra el terrorismo y contra la guerra global permanente

El 11 de setiembre marcó un cambio dramático, ante el cual la Declaración fija inequívocamente su posición. Los ataques terroristas son objeto de una condena tajante, así como los ataques a poblaciones civiles en otras partes del mundo. Luego agrega: «El gobierno de EEUU y sus aliados promovieron una respuesta militar masiva. En nombre de la ‘guerra contra el terrorismo’ se han vulnerado derechos civiles y políticos en todo el mundo. La guerra de Afganistán, en que se emplearon métodos terroristas, se está expandiendo a otros frentes. No es más que el inicio de una guerra global permanente que consolida la dominación del gobierno de Estados Unidos y sus aliados. Se sataniza al Islam, al tiempo que se exacerba intencionadamente el racismo y la xenofobia. Los medios de comunicación y la información que se vierte promueven un ambiente belicista». De ahí la conclusión: «La oposición a la guerra es parte constitutiva de nuestra lucha».

Desde esta posición de principios el documento aborda la situación prevaleciente en los puntos calientes del planeta (como por otra parte se hizo en forma pormenorizada en el Foro, temas a los cuales volveremos). Ante la represión de que son víctimas los palestinos, se indica que «movilizarse solidariamente con el pueblo palestino y sus luchas por la autodeterminación frente a la brutal ocupación promovida por el Estado israelí es una de las tareas fundamentales del movimiento», en el entendido de que «esto es vital para la seguridad colectiva de todos los pueblos en la región». Del mismo modo, los movimientos sociales condenan la militarización creciente, el aumento de gastos militares, la proliferación de guerras de baja intensidad, las operaciones militares planteadas en el Plan Colombia como parte de la Iniciativa Regional Andina, el Plan Puebla-Panamá, el tráfico de armas y los bloqueos económicos, en particular contra Cuba e Irak.

 

La quiebra del modelo neoliberal

Al insistir sobre el nuevo cuadro del mundo después del 11 de setiembre, con su secuela de atentados a los derechos civiles en EEUU y otros países, y a la guerra en Afganistán, la Declaración señala: «Esta guerra revela la cara brutal e inaceptable del neoliberalismo». Como era previsible, la situación argentina es objeto de especial consideración en el documento, del mismo modo que motivó una serie de conferencias, mesas redondas y manifestaciones callejeras de solidaridad con las luchas del pueblo argentino, con sus cacerolazos, piquetes y movilizaciones. La crisis argentina es considerada como la quiebra del modelo neoliberal, la demostración de su inviabilidad y el fracaso de la política de ajuste estructural del FMI.

Pero también estuvo sobre el tapete el hundimiento de la transnacional Enron, mencionada como ejemplo de la bancarrota de la economía del casino y de la corrupción de banqueros y políticos, que dejaron a los trabajadores sin empleo ni pensiones al tiempo que sus manejos fraudulentos con empresas fantasmas expulsaron a poblaciones enteras de sus tierras y promovieron la privatización de la electricidad y del agua en países en desarrollo.

A partir de este caso, se enjuicia in totum la conducta del gobierno de EEUU que, «en su afán de proteger los intereses de sus grandes empresas, se negó con arrogancia a respetar los acuerdos de Kyoto sobre el calentamiento global, los Tratados Antimisiles y Antibalísticos, la Convención sobre Biodiversidad, la Conferencia de la ONU contra el racismo y la intolerancia, la propuesta de reducir las armas pequeñas y otros tratados internacionales, lo que demuestra una vez más que el unilateralismo de Estados Unidos subvierte los esfuerzos de encontrar soluciones multilaterales a problemas globales».

 

Un cronograma de lucha sin tregua

De esta suerte se va entrelazando las luchas contra la guerra y contra el neoliberalismo. Sobre la deuda externa, se sostiene que es «ilegítima, injusta y fraudulenta» y un instrumento de usura internacional, y que los países del sur la han pagado muchas veces. Se habla de «la ilegitimidad de la Organización Mundial del Comercio» (OMC), y de la lucha por todos los medios, plebiscitos incluidos, contra el ALCA (lo cual motivó otra manifestación multitudinaria por las calles de Porto Alegre al término del evento). Y se concluye con un cronograma de acciones para el próximo período, que comienza por una invocación a la lucha por la democracia, o sea, el derecho a conocer y criticar las decisiones que adopten los propios gobiernos, sobre todo con relación a instituciones internacionales, y porque asuman su responsabilidad de rendir cuentas frente a sus pueblos. Agrega: «Mientras reforzamos la democracia electoral y participativa en todo el mundo, enfatizamos la necesidad de democratizar los estados y las sociedades y la lucha contra las dictaduras» para concluir: «Sólo la lucha de los pueblos puede lograr conquistas concretas».

Las movilizaciones propuestas sobre tales bases se inician el próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se extienden a lo largo del año en todos los continentes hasta abarcar incluso los primeros meses de 2003. La frase final del cronograma dice: «La OMC, el FMI y el Banco Mundial se reunirán en alguna parte y en algún momento dado. ¡Allí estaremos!«. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje