Movimiento de masas de Argentina en la mira de la CIA
ISIDORO GILBERT – CORRESPONSAL EN ARGENTINA
La libertad cambiaria es una exigencia del FMI sin que la institución le haya brindado el respaldo financiero suficiente para que el dólar no quede librado a las manos de Dios, el mercado, pero también la especulación. El gobierno se tira mañana a la pileta implorando que el valor de la divisa quede bajo control.
El Fondo no está de acuerdo cómo se pesificó; no admiten que se licuen las deudas a las empresas «y encima se les diga que no paguen», comenta el titular del Banco Central, Mario Blejer. Especialmente, el FMI dice no entender cómo pagará el Estado el costo de pesificar a un peso por dólar las deudas y a 1,40 pesos los ahorros: como los bancos no quieren y en algunos casos no pueden hacerse cargo de la diferencia, el Estado la pagará mediante un bono.
El FMI sostiene que el costo de ese papel debe estar en el presupuesto para que sea sustentable. El ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov irá el martes a Washington a explicar cómo piensa resolver el enigma; por lo pronto, él no sabe –lo confesó– cuál es el costo fiscal de la pesificación. Pero además, el FMI le reclama al gobierno el veto total a la ley de quiebras por entender que para salvar a empresas argentinas con problemas graves, se obliga a los bancos a atenderlos sin poder controlar su funcionamiento. El pronóstico sobre su gestión es reservado.
¿Puede Argentina prescindir del FMI? Depende como defina sus prioridades. Con el esquema actual, no. Fue una posición política resolver la manera de quebrar el corsé de la convertibilidad. Pudo haber sido menos complaciente con las grandes empresas endeudadas aquí pero con dólares en el extranjero y no ser cruel con los ahorristas que ya perdieron más del 30% de lo que depositaron.
Pese a la argumentación oficial, es evidente que hubo una licuación de activos y que los bancos que giraron dividendos o fondos, legal o ilegalmente al exterior, ponen poco de lo suyo para evitar la debacle: una vez más, como ha ocurrido casi cada década en las últimas tres, hay una socialización de las deudas y una apropiación privada de los beneficios. En este sentido, Eduardo Duhalde sigue los pasos de Domingo Cavallo que en 1982, hizo lo mismo.
Viejos aliados del ex ministro de Economía, los hermanos Rhöm, ahora ex conductores del Banco General de Negocios, están encartados en una investigación por fugas de divisas.
En la SIDE dicen que si la pesquisa va en serio, arrastrará también a más bancos y no solamente en Argentina. Es lo que creen también las legisladoras del ARI, Elisa Carrió y Graciela Ocaña. Por lo pronto la Justicia prohibió la salida del país del dueño del Galicia, Eduardo Escasany.
Si no se acuerda con el FMI, ¿qué pasa?
El país tiene divisas que rifará, tal vez, para defender la paridad de un dólar libre, para no ir a un sistema de cambios dirigido de acuerdo a sus necesidades, pero que es una falta grave para el FMI.
Duhalde no aceptó una imposición especial para los beneficiados de la licuación con dólares en el exterior; no diferenció a empresas con graves problemas de las que no los tienen. El presupuesto que envió al Parlamento es recesivo y mal financiado. Reconoce que el PBI caerá un 4%, pero será más elevado y así, la desocupación que ya trepa el 22%, como confesó Remes, podría elevarse mucho más. El 2002 será un año muy cruel.
No sería peor, pero abriría una nueva economía, una política de aliento a la producción y del mercado interno y externo sin seguir el recetario del FMI cuyas normas llevaron en gran parte a este país al colapso. Pero para eso debió definir de otro modo la ecuación de siempre: quien paga el costo de la crisis que debería incluir una reestructuración del ingreso. Grandes ganadores, como los exportadores de cereales, que no son lo mismo que los productores agropecuarios, que pagaron en pesos cosechas ubérrimas, liquidarán sus divisas a la nueva paridad y no se le aplican retenciones mientras se mantiene la reducción de sueldos estatales y jubilaciones en un 13%.
Si el dólar se desfasa, lo que no es inevitable porque el Banco Central tiene 14 mil millones en divisas para intervenir en el mercado, el alza de los precios de estos días puede derivar en una carrera alocada con salarios congelados. Es un escenario explosivo que uniría a los agraviados por el corralito y que se exhibió como una fuerza dinámica, con los desocupados organizados, los «piqueteros» y los trabajadores enrolados en las tres centrales sindicales.
Por ahora, las dos alas de la CGT mantienen una actitud contemplativa, visto la prosapia peronista del gobierno. Pero no es pacto de amor eterno. Duhalde no dio señales de que intervendrá controlando precios; machacará por medio de acuerdos débiles con los supermercados. Pero lanzó una reforma política para achicar gastos y trata de instalar la idea de reformular la carta magna para ir a un gobierno parlamentario, al estilo francés. Las reformas políticas no tocan seriamente el sistema de financiamiento de los partidos. Los dos grandes han usado no solamente a las grandes empresas, favores que luego se pagan, sino a dos organismos estatales, el del sistema de jubilaciones (el Ansses) y la obra social de los jubilados, el PAMI.
Son la principal fuente de pago de militantes rentados y fondos para campañas electorales o negocios personales escandalosos. Ninguno de estas dos vías de financiación es abordado por la reforma.
Los límites del movimiento contestatario
La idea de cambiar la carta magna, luce más a papeles de color para distraer a la opinión pública obsesionada con las penurias económicas. Por ahora, no cuenta con el respaldo de los aliados de Duhalde, especialmente de Raúl Alfonsín, y dependería de la estabilidad económica que se logre.
Curiosamente una convocatoria a constituyente es una demanda de los partidos de izquierda y de centro izquierda y tema de debate en las asambleas que organizan los cacerolazos.
No pocos peronistas y radicales temen que estos sectores puedan tener un número tan elevado en la eventual constituyente que finalmente se convierta en la carabina de Ambrosio.
Las protestas no ceden. Los ruidos de las cacerolas han llevado a la Cámara de Diputados a iniciarle juicio a la desprestigiada Corte Suprema de Justicia o que no queden impunes los crímenes de argentinos que participaron en las ahora históricas jornadas del 19 y 20 de diciembre que echaron a Fernando de la Rúa y hasta puede terminar siendo procesado.
Hay sectores de la coalición oficialista, que prefieren negociar con los más altos magistrados una salida honorable. Sería lo peor: los jueces deben tener un juicio justo, una defensa impecable y si son culpables, la sanción política y penal correspondiente.
No solamente lo demanda la construcción de una nueva legalidad; de cómo se hace dependerá la confiabilidad de inversores en la Justicia. La Corte se defiende y le anula una y otra ciertas normas que dicta la administración en una «guerra» que desnuda la confrontación entre Duhalde y Carlos Menem.
O sea «pesificación» vs «dolarización». Si el dólar trepa fuertemente, sin duda ganará cuerpo la dolarización. Esa subida puede ser alentada por la desconfianza pero también por la sensación de caos que genera el enfrentamiento entre la Corte y el Poder Ejecutivo, hasta que se rompa con el nudo gordiano. El caos permitiría seguir licuando deudas y se podrían adquirir por centavos, las empresas que se vendieron por millones.
Que el gobierno busque la manera de exhibirse como abierto a demandas de la calle, aunque vaya en otra dirección, no es incompatible conque el movimiento pop
ular parece mostrar que pierde energías pero no actividad permanente.
Los servicios de inteligencia creen que la pesificación de las deudas, conformó por ahora a sectores medios que tenían compromisos por hipotecas o a pequeños y medianos empresarios que han dejado de participar de las asambleas barriales. Pero por sobre todo, dicen allí, la presencia más abierta de militantes de izquierda con participación organizada, le dan a las asambleas un programa de ese color que no condice con el grado de politización de los vecinos, en general capas medias empobrecidas, y en los barrios más ricos, a tenor de cómo se vive en esa zona.
Abrir el corralito que impuso Cavallo para evitar el colapso bancario, unió a pobres, medios y ricos; incrementó su combatividad y comenzaron a pesar en la política. Al principio hubo espontaneidad, pero también actividad de militantes que se fueron de sus partidos, sea de izquierda, el radicalismo o el peronismo, que aportaron su experiencia. Y también combatividad.
Sin embargo, para los sectores de izquierda las movilizaciones de las capas medias y su confluencia con la lucha de los desocupados, les hace sentir que el país entró en la etapa de la revolución social con sus secuencias inevitables.
Hay algo que se palpa: las direcciones actuales de los partidos tradicionales, y también de las más recientes fuerzas políticas como el Frepaso, no podrán pasar el examen electoral y público de las masas enfurecidas. En este sentido, la reforma política anunciada por Duhalde busca salir al encuentro de la realidad, sin ir a fondo.
Sin embargo luce a un espejismo la lectura de sectores de izquierda sobre el estado real de rebeldía de la mayoría de los argentinos.
¿Hay goles de Estado buenos para la CIA?
Pero nadie desconoce que hay una nueva situación. El jefe de la CIA, George Tenet, dijo en el Senado norteamericano, que Colombia, Venezuela y Argentina, están en el centro de sus preocupaciones. Lo de los dos primeros países no asombran y lo hechos que se viven en Caracas en estos días no deberían atribuirse solamente a errores del coronel Hugo Chávez y su programa bolivariano. Bien podría entrar América Latina a una nueva fase donde la intervención militar para «eliminar el mal», acabe con un período donde el golpe de Estado, era condenado por la OEA.
Tenet no ha sido explícito para que se comprenda si su referencia a Argentina se debe a la crisis económica y su potencialidad explosiva, o si el «débil» gobierno de Duhalde no podrá frenar la radicalización de las masas y será necesaria alguna forma de intervención castrense. El capo de la CIA estaría pensando también como sectores de la izquierda histórica y de nuevo cuño que hay rebelión, no sólo rebeldía, y que hay que actuar antes de que sea tarde.
Es un hecho que los rumores de una asonada militar han estado de boca en boca los últimos días.
Incluso han circulado nombres para un eventual movimiento cívico-militar, donde el presidente sería un civil de ideas liberales a ultranza que se apoyaría en el establishment y en el estado de emergencia garantizado por los militares.
Que se menee el nombre del ex coronel Mohamed Alí Seineldín, quiere decir que se usa una imagen, no al personaje, en grupos de acción sicológica que ven en la dolarización la manera de frenar la inflación que se avecina, aunque su concreción provocará los mismos males, seguramente agravados, de la convertibilidad y grandes negocios para bancos extranjeros.
Así como no es fácil comprobar que Menem ha estado detrás de la acordada de la Corte Suprema de Justicia para buscar abortar el plan económico de Duhalde-Remes, tampoco lo es que el máximo tribunal esté complotando entre otros motivos, zafar del ominoso juicio político. Pero cada una de estas piezas encaja sin forzarlas en un cuadro de situación de brusco cambios en el poder político.
Duhalde se reunió con los jefes de las FFAA y no necesitó preguntarles si respaldan el orden constitucional: lo da por hecho. Quiere sin embargo que los militares tengan un espacio en su esquema de poder, no con representación, sino con actividades concretas. Nada que no este contemplado por la ley de Defensa, atrae hoy a los uniformados, pero si la legislación se cambia, no dudarían en actuar más abiertamente.
Ya se sabe que el desorden sacude la formación ordenancista de los soldados de profesión y muchos cuadros, que están también acorralados, que sienten los de sus vecinos arruinados, acaso duden de qué lado de la barricada se colocaría.
Lo objetivo es que Latinoamérica, por los países nombrados y las elecciones presidenciales en Brasil, bien podría entrar en una nueva etapa. Lo dicho por el jefe de la CIA molestó a altos funcionarios del gobierno, pero el canciller Carlos Ruckauf no dijo nada al respecto. El, al contrario, estuvo evaluando cual debería ser el comportamiento argentino ante cambios imprevistos en Caracas. O si apoyar las demandas de la oposición a Chávez en organismos internacionales.
Cuba, un debate no acabado
Ruckauf ha sufrido un revés. Su compromiso ante la diplomacia norteamericana de redactar una nueva censura contra Fidel Castro, no cuenta con el respaldo del presidente ni del aliado clave de Duhalde, el senador Raúl Alfonsín. El primer mandatario no cree que sea democrático el sistema político de Cuba, pero le reconoce como avanzado su régimen educacional y sanitario. Cuando era gobernador de la Provincia de Buenos Aires, supo de esos progresos con vacunas contra la hepatitis C que hacía estragos en su territorio.
Con aval presidencial, varios diputados justicialistas han abierto un canal con La Habana. Enviaron un mensaje: que la prensa cubana deje de atacar severamente a Duhalde, calificándolo como «lamebotas» como ya Castro lo humillara a De la Rúa.
Por lo que se lee, los cubanos entendieron que en el gobierno argentino, existe un forcejeo, que no le es fácil a Duhalde desligarse de compromisos que tomó su canciller y otros heredados, pero que no jugará, en todo caso, un papel protagónico en esta nueva cruzada de George Bush contra Castro y «contra el mal», esa mirada simplista, como dicen los franceses, de la realidad actual.
Ruckauf sostiene que el voto será de condena, pese a las protestas de radicales, frentistas y un sector del peronismo. «Ofreció más de lo que le pidieron», comentan en sectores del oficialismo que malquieren al ministro.
Por ahora, el gobierno reza para que con el dólar no vuelen sus ilusiones. *
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