El día después del Foro Social
Las cifras son apabullantes: 51.300 participantes registrados (43% de mujeres), 15.230 delegados de 4.909 organizaciones de 131 países, entre ellos 979 italianos, 682 franceses, cientos de argentinos y (más modestamente) de uruguayos, a los que se suman millares de jóvenes que desplegaron actividades propias. Un Foro de Parlamentarios paralelo congregó a 1.155 legisladores de todo el mundo, y un Foro de Autoridades locales previo reunió centenares de gobernantes como los alcaldes de Roma, París, Bruselas, San Pablo, Buenos Aires, Rosario, Montevideo (con ausencia circunstancial de Ciudad de México), entre otros. En la lista de figuras internacionales presentes destacan la responsable de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y ex presidenta de Irlanda, Mary Robinson (la misma que criticó en nuestro país la ley de caducidad), autoridades de la Unesco, el secretario general de la OIT Juan Somavía, el ex presidente socialista de Portugal Mario Soares, el representante personal de Lionel Jospin y varios ministros de su Gabinete, el representante personal de presidente Jacques Chirac (ambos dirigentes se enfrentarán en las elecciones presidenciales de abril), el secretario general del Partido Socialista francés, François Hollande, quien planteó ante la dirección del PT brasileño la afiliación de éste a la Internacional Socialista, lo que fue resuelto afirmativamente. En la nutrida delegación francesa encontramos también al ex embajador en Uruguay, Pierre Charasse. Obviamente estaban todas las autoridades del estado de Rio Grande do Sul y de la ciudad de Porto Alegre, dedicados en alma y vida a la organización del evento, que dinamizó en altísima proporción la vida de la capital estadual en todos sus aspectos, con beneplácito de una población que rodeó con afecto y simpatía a esta marejada de pacíficos invasores. Otros índices: trabajaron 2.500 periodistas y se registraron más de 50 mil accesos diarios al sitio web del FSM II.
Cambio cualitativo y proyección futura
Esta segunda edición del Foro Social Mundial fue cualitativamente diferente a la primera, que tuvo no obstante el mérito histórico de abrir e institucionalizar esta nueva vía con una proyección realmente internacional. Todos cuantos participamos en ambos coincidimos en que éste fue otra cosa, algo sustancialmente diferente. La elevación en flecha de la cantidad de participantes refleja el crecimiento del número de organizaciones que a lo largo de un año han enfrentado al neoliberalismo en todos los terrenos, el auge de su combatividad, la elevación de su conciencia. Esto es lo que está cambiando la realidad internacional. Es la contracara del neoliberalismo lanzado al asalto de todas las posiciones y de su pensamiento único que intenta apoderarse de las mentes. Es el dique a esa oleada turbia que pretende anegar el mundo y las conciencias. Todo esto, en su multiplicidad, su heterogeneidad, su variedad casi infinita, es lo que halló un reflejo concentrado, a menudo desordenado y con rasgos caóticos, en Porto Alegre. No menos de 800 talleres funcionando en esos días dan una idea de la inmensidad de temas que se procuró abarcar. Cada quien corrió de un lado para otro de la mañana a la noche, tratando de ubicar sus centros de interés. Terminamos cansados, pero contentos. De alguna manera ello permitió medir el crecimiento del movimiento mundial que se va entretejiendo en un sinfín de actividades, todas enfiladas en la misma dirección, hacia un objetivo bien definido. Mucha gente coincidiendo, con un programa claro.
Esto constituyó la trama íntima de esos días de intensos y extensos debates que abarcaron desde el 31 de enero (con la manifestación inaugural contra la guerra y por la paz encabezada por el ex presidente portugués Mario Soares, el director de la Asociación Brasileña de Empresarios por la Ciudadanía Oded Grajew, el prefeito Tarso Genro, el gobernador Olivio Dutra, el vicegobernador Miguel Rossetto, y Lula) hasta la marcha del lunes 4 contra el ALCA y el espléndido acto de clausura del martes 5, en que el punto máximo de emoción se originó en un texto de José Saramago que ya circula y sin duda publicaremos.
La proyección al futuro inmediato es muy significativa. Se acordó que el FSM III también se realice en Porto Alegre y sea precedido de encuentros continentales y regionales. La India se propone como sede en 2004. El año entrante participarán nuevos grupos sociales con variadas diferenciaciones, y se agregarán los idiomas italiano, árabe e indio. Los temas logísticos y de organización se tornarán por ende más complejos aún. Ante la vastedad que ha adquirido el movimiento, han pasado a ser un problema en sí mismo que amerita su consideración detenida, en condiciones inéditas, nunca conocidas en tamañas proporciones. Pero se parte de una base sólida. Lo que se realizó en Porto Alegre fue un prodigio, expresado en el montaje de una estructura complejísima en que se empeñaron las autoridades locales y unos dos millares de trabajos voluntarios y 315 intérpretes. Las fallas fueron superadas con iniciativa y buena voluntad por los participantes. En un taller sobre medios de comunicación faltaron los coordinadores brasileños (llegaron tan frescos una hora después) ante lo cual Ignacio Ramonet y un especialista norteamericano tomaron la organización en sus manos y todo marchó sobre ruedas. Los uruguayos pueden testimoniar la eficacia de los mecanismos para recuperar objetos perdidos en medio de ese maremágnum de gente que se desplazaba en el inmenso edificio de la Pontificia Universidad Católica (PUC) y en una serie de locales dispersos por la ciudad.
Maduración de la conciencia
Todo esto se enmarca en un proceso de maduración de la conciencia. Lula señaló que «Porto Alegre es una demostración inequívoca y sorprendente de renovación política y cultural, de organización de las fuerzas sociales, de propuestas políticas concretas y de mucha alegría de vivir de la sociedad civil internacional». Lo cual no excluye el debate frontal, a menudo ríspido, el choque de ideas, incluso el señalamiento crítico de actitudes de determinados partidos sobre temas fundamentales como la guerra. Típicas fueron en ese sentido las críticas de la italiana Rifondazione Comunista a partidos que aprobaron la guerra en Afganistán. Se reiteraron afirmaciones crudas, sin salirse del clima de un debate de ideas, de tono civilizado, con argumentaciones. En ese plano, el pastelazo de dos jóvenes de los grupos anarquistas de los «tutti bianchi» italianos a la ministra comunista de Deporte y Juventud de Francia, Marie George Buffet, cuando respondía a los periodistas al término de su intervención en un panel, fue la excepción a la regla. La norma fue la discusión ideológica, la confrontación de posiciones, sin llegar a rupturas. Como si primara la convicción de que para enfrentar a un enemigo muy poderoso –reunido en estos mismos días en New York– se requirieran acciones concertadas y convergentes por parte de todos los integrantes de la vastísima red de organizaciones presentes en el FSM II.
Controversia Porto Alegre-New York
El año pasado se registró un duro y prolongado debate entre el FSM I de Porto Alegre y el Foro Económico Mundial reunido en Davos, Suiza, televisado al mundo entero con intensa repercusión internacional. En esa ocasión, el magnate George Soros, rey de la especulación financiera (y autor de un libro lúcido sobre esos temas) puso la cara por sus cofrades. Ahora asistimos a un triste remedo de aquella polémica. Por primera vez en 31 años, los dueños de la riqueza que se reunieron cada año sin falta en la exclusiva ciudad suiza, se mudaron a New York. Querían evitar que llegaran hasta ellos las manifestaciones de pro
testa, como las que en Seattle, Estados Unidos, impidieron la reunión de la Organización Mundial del Comercio (OMC), o en Praga forzaron a levantar antes del término la reunión conjunta del FMI y el Banco Mundial (y hemos nombrado los tres organismos que conforman un verdadero poder supranacional). En la nueva situación del mundo, se previnieron contra cualquier contratiempo. Se amurallaron en la ciudad de las Torres Gemelas, montaron un cerco erizado de policías armados a guerra (como Berlusconi en Génova con la «zona roja» en julio del año pasado) que hicieron gala de su contundencia represiva contra los manifestantes que igual encontraron la manera de expresarse. En tales condiciones, el diálogo entre los dos foros, el lunes 4, tuvo apenas un carácter protocolar. De siete minutos de duración, entre dos interlocutores poco significativos, no pasará a la historia.
Mucho más interesante fue la conversación desde Porto Alegre con los manifestantes en la urbe neoyorkina. Por otra parte, la madre de Carlo Giuliani, el joven asesinado en Génova, estuvo presente en la ciudad gaúcha y recogió múltiples expresiones de cariño. La verdadera confrontación estuvo en el contenido de ambos eventos, dilemáticamente enfrentados. De un lado, los que anhelan paz y una justa distribución de la riqueza producida por la humanidad, los que piensan que es posible otro mundo, sin guerras, y condenan la política belicista que aspira a enseñorearse del planeta; del otro, los que discuten cómo acumular mayores riquezas, los propulsores de la globalización neoliberal que, en una nueva fase de su pensamiento único, pretenden criminalizar todos los movimientos sociales, ONGs, sindicatos, iglesias, partidos y ciudadanos opuestos al neoliberalismo, en aras de una pretendida «guerra de terrorismo» que se identifica con el apoyo a la guerra total proclamada por el presidente Bush.
Contra el neoliberalismo, contra la guerra
Estos fueron los grandes ejes del debate, ramificados en cientos de paneles, mesas redondas y conferencias: el enfrentamiento a las políticas económicas neoliberales, que están dejando el tendal, y detener la guerra que amenaza con extenderse a varios continentes en forma inmediata.
Si tuvieron enorme repercusión los sucesos de Argentina, fue precisamente porque demostraron hasta a los ciegos la quiebra absoluta de la receta neoliberal y del pensamiento único que la sustenta, con consecuencias arrasadoras para el conjunto de la sociedad. Aclaremos bien que esto no justifica un enjambre de intervenciones disparatadas a propósito de la situación argentina, incluidas aquellas que afirmaban que el país se encontraba al borde de la revolución, o incluso que ésta ya había comenzado.
Delegados de todos los continentes aportaron su visión sobre las consecuencias de la aplicación de la receta única neoliberal en sus países, lo que permitió abarcar el fenómeno en una dimensión planetaria, confirmando que los problemas son esencialmente los mismos y que dichas políticas están llevando a nuestros países a un precipicio, como lo demostraron las sucesivas crisis en la década pasada y como lo está revelando trágicamente ahora mismo la Argentina (de ahí la importancia de analizar detenidamente su caso, así como las expresiones de lucha que tienen en vilo a sectores multitudinarios de la sociedad, movilizados un día tras otro en defensa de sus intereses, en expresiones de acentuada combatividad).
En ese cuadro la lucha contra el ALCA, concebido como un proyecto norteamericano para su hegemonía total en el continente, desde Alaska a la Tierra del Fuego, constituyó un punto de justificado destaque. Encarado en sus múltiples dimensiones en varios talleres, fue el alma de la multitudinaria manifestación final del lunes 4 por la tarde.
El rasgo más característico de esta segunda edición del FSM fue la promoción de alternativas a la política neoliberal. Un avezado comentarista escribe: «Unas sesenta mil personas participaron en la mayor cita mundial contra la globalización neoliberal, y al igual que en 2001 lanzó numerosas y variadas críticas a un modelo económico que consideran fracasado y llaman a modificar. Pero si en 2001 el Foro fue más un grito de denuncia que un promotor de iniciativas, esta segunda edición cambió la pisada: las críticas estuvieron sí, a la orden del día, pero el evento logró en cierta forma el objetivo planteado inicialmente para este año, pasar de la protesta a la propuesta«.
Unido a éste, la paz y la necesidad de alumbrar un mundo sin guerras fue el otro tema cardinal que motivó la confluencia de las fuerzas participantes en el FSM II. Ya indicamos que se debatió sobre la responsabilidad de partidos y gobiernos que habían respaldado la guerra en Kosovo, y fundamentalmente los bombardeos a Afganistán. Mientras esto se discutía, no sólo proseguían los bombardeos en esa tierra calcinada, sino que Bush enviaba al Congreso el presupuesto de guerra más elevado de la historia y de cualquier país del mundo: 379 mil millones de dólares, con un aumento también récord de 48 mil millones en lo inmediato y que seguirá creciendo ininterrumpidamente en los años próximos. Semejante presupuesto está definiendo la orientación de la política exterior de los EEUU en el período iniciado el 11 de setiembre pasado. Consustancialmente con ella, Bus habla sin recato de extender la guerra a Irak, ya con fecha fijada, mientras siguen los bombardeos al sur y al norte de la línea de exclusión; amenaza a Irán y a Corea del Norte; patrulla la costa oriental africana y se relame por vengarse de Somalia, donde los marines yankis fueron arrastrados por las calles. Envía sus tropas a las Filipinas, y ya las dejó instaladas definitivamente en Afganistán (lo mismo que en el corazón de Europa después de las masacres de Kosovo). En América Latina, Bush coloca sobre la mesa la intensificación de la aplicación del Plan Colombia, un engendro belicista que involucra la participación directa de EEUU en el conflicto y que fue repudiado a texto expreso en varias instancias del Foro.
Este examinó en concreto la situación imperante en algunos puntos conflictivos, en particular el conflicto palestino-israelí, con participación de delegados de ambas naciones. Proclamó asimismo que «un mundo sin guerras es posible».
En la mesa redonda sobre ese tema participaron dos premios Nobel de la Paz: la guatemalteca Rigoberta Menchú Tum y el argentino Adolfo Pérez Esquivel, junto al delegado de los Médicos sin Fronteras, Morten Rostrup. El Manifiesto por un Mundo sin Guerras, remitido al secretario general de la ONU, Kofi Annan, a través de su representante presente en el Foro, señala que «los atentados terroristas del 11 de setiembre tuvieron como respuesta la inauguración del terror como forma de relación entre los países», agrega que «EEUU pasó a imponer por la fuerza su voluntad» y que «un clima de nueva guerra fría fue instalado en el mundo».
Los términos utilizados, en particular sobre el terrorismo de Estado, se asemejan a los de la declaración final del X Encuentro del Foro de Sâo Paulo realizado en diciembre pasado en La Habana.
Los dos Foros
Esta mención nos lleva a punto de extraordinaria importancia: la propuesta, presentada en Porto Alegre, de constituir un nuevo Foro de partidos políticos, que de alguna manera recoja la experiencia de más de 11 años del Foro de Sâo Paulo para los partidos políticos de América Latina e incorpore las tres grandes corrientes de la izquierda europea, tema a ser analizado en el FSM III el año próximo.
Lo veremos mañana. *
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