La diplomacia iraquí mueve sus piezas ante la Unión Europea para evitar la guerra

Crece la tensión en el Golfo por eventual ataque de EEUU

En las últimas 48 horas la diplomacia iraquí, muy activa en los últimos meses, tuvo dos importante signos: ofreció un «diálogo» sin condicionamientos al secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, y la decisión de enviar en días una delegación a España, que actualmente ocupa la presidencia de la UNión Europea (UE).

La delegación, como destacó la agencia iraquí Ina, tendrá la tarea de «activar un diálogo con la UE» presumiblemente –según fuentes diplomáticas– no sólo para analizar una eventual revocación a las sanciones impuestas por la ONU contra Irak, luego de la invasión a Kuwait (agosto 1990), sino, sobre todo, para pedir el apoyo de Europa contra la amenaza de intervención militar norteamericana.

Estas últimas jugadas parecen –a decir de varios analistas– indicar la voluntad de Bagdad de remediar el acrecentado aislamiento internacional provocado por su rechazo de ayer a un plan ruso para retomar los controles de la ONU, a cambio de una agenda para revocar el embargo.

En tanto, crece la preocupación en los países de la región por un posible ataque de Estados Unidos contra Irak.

La Organización de la Conferencia Islámica (OCI), la alianza de las 57 naciones árabes y musulmanas del programa de solidaridad recíproca, rechazó «por falta de sólidas pruebas» las acusaciones del presidente George W. Bush, según el cual, «dos países miembros, Irán e Irak, pertenecen al llamado ‘eje del mal'».

También Irán está preocupado por el desarrollo de la situación, con el cual recientemente Irak –tras 13 años del fin del sangriento conflicto bélico– impulsó un acercamiento.

La incertidumbre se extiende a los vecinos Turquía, Siria y Jordania, con los cuales en los últimos tiempos Bagdad mantuvo importante relaciones económicas y el propio Kuwait, al cual Irak le propuso un procesos de reconciliación.

Arabia Saudita es contraria a una intervención armada, que significaría unir la masa iraquí en torno a su líder, y por boca de su ex jefe del servicio de inteligencia el príncipe Turki al-Faisal hizo saber que el gobierno de Riad «está listo para colaborar con Estados Unidos si decide fomentar una revuelta contra Saddam Hussein en el interior de Irak».

Por su parte, el vicepresidente iraquí, Taha Yassin Ramadan, entrevistado por varios diarios europeos, definió como «absolutas mentiras» a las acusaciones norteamericanas contra su país y desmintió cualquier vinculación de Irak en los atentados del 11 de setiembre.

Irak, dijo Ramadan, es capaz de «resistir» un ataque como los de 1991 a 1998 y concluyó afirmando que «si (Estados Unidos) continúa así, atraerán otro fuego sobre sí y, al final, ocurrirá algo peor que lo del 11 de setiembre».

En tanto, los iraquíes –acostumbrados tras 11 años de embargo comercial– continúan con aparente indiferencia su vida de todos los días.

Así lo aseguró a ANSA un diplomático europeo, que pidió permanecer en el anonimato, para quien «los iraquíes están al corriente del desarrollo de la situación política en el mundo, incluidas las cotidianas amenazas estadounidenses de lanzar sobre Irak un nuevo ataque militar a gran escala».

«De este desarrollo –agregó la fuente– sea la prensa escrita como las radios locales informan continua y ampliamente, tal vez por eso parecen indiferentes a las amenazas de Estados Unidos, cosa que se refleja en la vida cotidiana».

La fuente concluyó desmintiendo la noticia difundida hoy por un grupo de la oposición al régimen de Bagdad, según la cual, los precios de muchos alimentos se habían duplicado por un acaparamiento del gobierno para acumularlos en caso de ataques. *

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