Duhalde cerró la vía judicial a los ahorristas
ISIDORO GILBERT
El Decreto de Necesidad y Urgencia, que tiene fuerza de ley, responde a la resolución de la Corte Suprema, emitida el viernes pasado, que consideró «inconstitucional» al corralito bancario y habilitó la posibilidad a un ciudadano de recuperar su indemnización laboral cautiva en el banco.
Solamente ayer se presentaron 20 recursos de amparo pero se calcula que en la Justicia hay en trámite otro millar presentado por ahorristas. Se aguardaban aún más, luego que la Corte Suprema le dio la razón a los ahorristas.
El abogado Ricardo Monner Sans calificó duramente el decreto, porque no es legal impedir que los ciudadanos reclamen justicia, uno de los derechos humanos esenciales. Para el letrado, conocido por haber impulsado la investigación judicial por el tráfico de armas, considera que el gobierno debió presentarse ante la Corte Suprema comentando sus argumentos sobre la gravedad económica y consecuencias que generaría la acordada.
El abogado Eduardo Barcesat denunció a Duhalde ante la Justicia por negar la defensa de los ciudadanos.
La Corte, que ayer agudizó las medidas de seguridad en el Palacio de los Tribunales, cometió un grave error procesal. No dio vista al Procurador, el jefe de fiscales, sobre el fallo que iba a adoptar. La suerte de la mayoría de los integrantes del Supremo Tribunal parece echada. Hoy comienzan las sesiones de la Comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados (que hace las veces de sala acusadora), analizando cada uno de los pedidos de juzgamiento que, en número de 29, se han pedido al Parlamento.
La Corte en la picota
No puede haber juzgamiento colectivo; la conducta de cada magistrado será analizada por separado y se piensa que al menos a siete de los nueve integrantes, les será duro poder defenderse. Una vez que la Cámara baja, con el voto de los dos tercios de sus integrantes, número hoy a mano por el amplio repudio que generó una década de Corte menemista, acusa a cada juez, éste queda suspendido hasta que el Senado Nacional lo releve o lo absuelva.
Ayer Duhalde reconoció que con la pesificación y el corralito, hay ganadores y perdedores. «No se puede conformar a todos», manifestó. La cabeza y la palabra de los funcionarios estuvo centrada en la suerte que vivirá el dólar, una vez que el miércoles, luego de 48 horas de feria bancaria y financiera, se abra el mercado de cambios con un peso flotando.
Todos ellos coinciden que habrá cimbronazos pero confían en que con las reservas en divisas disponibles pondrá en caja al billete verde, a pesar de que quien tiene un peso quiere cambiarlo por la divisa norteamericana, en gran parte por una vieja cultura antiinflacionaria, otra por una década y pico de convertibilidad, y mucho por falta de confianza en las actuales autoridades.
El Banco Central dispuso ayer que todos los bancos pesifiquen sus reservas en dólares y las entreguen a esa institución financiera. De hecho, les quita la facultad de comprar y vender divisas, actos que irritan a los ahorristas que por una ventanilla reciben pesos de sus ahorros en verdes, y por otro cajero, se venden dólares a un precio mucho más elevado.
Pesificación, licuación de deudas
La pesificación de las deudas a un peso por dólar fue un capo lavoro del lobby de las grandes empresas que pese a las afirmaciones del ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, han licuado fenomenalmente sus obligaciones. El hombre que logró el «milagro» dentro del gabinete nacional ha sido el ministro de la Producción, José Ignacio de Mendiguren, titular de la Unión Industrial, pero la voz, para casi todos, del grupo italo-argentino, Techint.
«La pesificación uno a uno de los créditos bancarios sin ningún tope o restricción generará una impresionante transferencia de riquezas desde ahorristas dolarizados y Estado hacia los endeudados», escribe «Página/12″. Y se pregunta: «¿Cuál es el criterio de equidad para que (el monopolio) Pérez Companc reciba el beneficio de la pesificación de su deuda de más de 350 millones de dólares? ¿Qué motivo económico existe para que ese ‘regalo’ se extienda a Techint, Amalita (por Fortabat, que controla la mayor cementera), las privatizadas y al resto de las compañías que conforman el núcleo duro del Poder Económico?».
La licuación actual se parece a otra que impuso en 1982 Domingo Cavallo desde el Banco Central: se trata de otra estatización de la deuda privada. Ese bono de compensación que el Estado entregará a los bancos por pesificar uno a uno los créditos frente al uno a 1,4 de los depósitos no es otra cosa que el costo que la sociedad asumirá de ese jubileo de deudas.
Jorge Remes Lenicov pensaba en pesificar deudas a 1,4, a la misma paridad que la establecida para los depósitos. El primer avance del lobby Grupos Económicos-Bancos lo hizo retroceder a 1,2. Y la colaboración indirecta de la Corte Suprema, que con su acordada disponiendo la inconstitucionalidad del corralito puso al borde del colapso al gobierno de Duhalde, permitió la arremetida final. «La retornada Santa Alianza del 90 (Grupos-Bancos) aprovechó el escenario de debilidad para terminar de vencer las ya escasa resistencia de Remes. Así se definió el uno a uno, que hoy podrá ser motivo de festejo para los endeudados en dólares, pero que significará una carga futura insoportable para un Estado quebrado», escribe el matutino.
«Un ejemplo para que resulte más evidente semejante obscenidad: la deuda de Pérez Companc se transformará en 350 millones de pesos, que ahora se reduce a 175 millones de dólares a un tipo de cambio de 2 pesos», sostiene.
¿A cuánto estará el dólar dentro de seis meses, un año, tres años? «Ese pasivo original se licuará a 120, 80, 60 millones de dólares, según la evolución del dólar libre, que seguramente no será apacible. Pérez vende petróleo, con cotización internacional en dólares, y por lo tanto sus ingresos son en moneda dura. Este es sólo un caso, pero hay otros similares y varios otros que tienen activos dolarizados en el exterior que bien podrían cancelar sus pasivos en dólares en el sistema local» escribe.
«Con el batifondo de las cacerolas, lo hicieron de nuevo», remata el diario. *
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