En el marco de la visita oficial ambos mandatarios pasearon por La Habana Vieja

Fox y Castro se reunieron para fortalecer relaciones bilaterales

«Es muy importante este viaje para nosotros, lo hacemos al inicio casi de nuestro término (mandato) porque queremos fortalecer más las relaciones con Cuba, creo que tiene una gran importancia para México», dijo Fox a la prensa tras descender del avión.

«Estamos encantados de estar aquí», añadió el presidente, quien fue recibido junto a la escalinata del avión por el canciller cubano, Felipe Pérez Roque.

Desde el aeropuerto, el ex directivo de Coca Cola, de traje azul marino, se dirigió al Palacio de la Revolución donde le estaba esperando para el recibimiento oficial el veterano líder revolucionario, vestido con su uniforme verde olivo.

Tras la foto oficial, los líderes se retiraron para mantener en privado conversaciones oficiales, encaminadas a fortalecer unas relaciones históricas que se habían enfriado en los últimos años.

Los dos mandatarios hablaron de la situación en Colombia, Argentina y Venezuela.

«Pero sobre todo, nos hemos centrado en la relación bilateral; en el turismo, en la inversión, que mucho esperamos», dijo Fox, tras depositar una ofrenda floral ante el monumento al héroe de la independencia de Cuba en el siglo XIX, José Martí.

Castro acompañó después a Fox a dar un paseo por el centro colonial restaurado de La Habana Vieja y a una planta energética en las afueras de la capital. Por la noche, el líder cubano ofrecerá una cena a Fox.

En lo que parece un gesto para no molestar al gobierno de Castro, en el programa de la visita, elaborado con sumo cuidado, no está contemplado en principio mantener una reunión con disidentes, considerados por La Habana como contrarrevolucionarios financiados por Estados Unidos.

Sin embargo, Fox ha recibido presiones desde dentro de su partido, el centroderechista Partido de Acción Nacional (PNA), para que se encuentre con algunos activistas de la minoritaria y fragmentada oposición y se estaba especulando con que, por lo menos, podría hacerlo algún miembro de su delegación.

Fox, quien durante la campaña electoral condenó el abuso «flagrante» de los derechos humanos en Cuba y la «carencia de democracia» en la isla, ha mantenido un tono menos crítico desde su llegada al poder en diciembre de 2000. La visita de Fox, que ya estuvo en la isla en 1999 cuando era gobernador del estado mexicano de Guanajuato, tiene también un gran énfasis económico, ya que tratará de potenciar las escasas inversiones mexicanas en la isla así como unos intercambios comerciales en declive, que fueron de 333 millones de dólares el año pasado. «Cuba y México tienen un intercambio comercial importante y tienen potencialidades mucho mayores», señaló el vicepresidente cubano Carlos Lage.

México podría estar interesado en potenciar los vínculos en el sector energético, tanto vendiendo petróleo a Cuba, como invirtiendo en zonas de exploración.

Fox ha potenciado desde su llegada al poder los lazos con Washington y mantiene buena relación con el presidente George W. Bush. En contra de lo esperado, las relaciones entre México y La Habana parecen estar mejorando bajo el gobierno del centroderechista Fox, o al menos haber superado las tensiones existentes durante el anterior gobierno de Zedillo, perteneciente al Partido Revolucionario Institucional (PRI) que gobernó México durante 71 años.

Rompiendo con la tradición del PRI de no interferir en asuntos internos de otros países, durante la cumbre Iberoamericana de La Habana de 1999, la anterior canciller mexicana Rosario Grén se reunió con algunos opositores.

En esa misma cumbre el presidente Ernesto Zedillo hizo un llamamiento genérico a la democracia, que fue interpretado como una alusión a Cuba.

Todo ello produjo un enrarecimiento de las relaciones entre los dos países, que habían sido aliados durante años, defendiendo sus intereses frente a Estados Unidos.

El último presidente mexicano que hizo una visita de Estado a Cuba fue Carlos Salinas en 1994, ya que Zedillo sólo visitó la isla con motivo de la Cumbre.

Desde que Castro zarpó del pueblo costero mexicano de Tuxpán en 1956 para iniciar su insurrección, las relaciones entre los dos países fueron muy estrechas, siendo México el único país latinoamericano que no rompió relaciones con la isla cuando triunfó la revolución castrista. *

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