Un "domingo infernal"
CLAUDIO MARCELLO – SYDNEY, ANSA
Las llamas recibieron ayer un leve parate con el inesperado cambio de dirección del viento que hizo replegarse sobre sí mismos a algunos de los focos ígneos.
Los bomberos seguirán luchando toda la noche (local) para impedir que se produzcan fallas en las líneas de contención, mientras se esperaba un domingo de infierno con previsiones de fuertes vientos desde el sur y oeste y una temperatura de hasta 40 grados.
Las llamas quemaron hasta ahora más de 250.000 hectáreas de terreno, exterminando miles de ejemplares de ganado y animales selváticos y ahora están a menos de 25 kilómetros del centro de la capital australiana.
En numerosas zonas en riesgo están ya preparados para activar de uno a otro momento los planes de evacuación.
Los incendios hasta ahora no se han cobrado víctimas, pero más de 150 viviendas fueron destruidas en los primeros tres días, más de 4.400 personas evacuadas y 4.600 casas están sin electricidad.
Por el contrario, otras 11.000 casas expuestas a las llamas pudieron ser salvadas por los bomberos y los pobladores.
Un ejército sin precedentes de 20.000 bomberos y voluntarios llegados de toda Australia se desplazó desde ayer en el área, de a 10.000 por turno.
Se trata de la fuerza en campo más numerosa jamás desplegada en Australia contra un desastre natural, con el apoyo de militares y helicópteros del ejército y la marina.
También se usan imágenes satelitales y maquinaria con rayos infrarrojos para tener un mapa siempre actualizado del frente de los incendios.
Asimismo entrarán en acción aviones de reconocimiento y aviones cisterna.
Se consideran particularmente en riesgo las poblaciones y el Parque Nacional de Blue Mountains, al oeste de Sydney. Un enorme incendio con un frente de 30 kilómetros está fuera de control desde hace una semana y roza algunas aldeas.
Se teme además que uno de los incendios pueda «saltar» el río Hawkesbury al norte de Sydney, poniendo en peligro los barrios situados al norte.
Todos los parques nacionales fueron cerrados y se estima que miles de especies selváticas murieron o están heridas, pero para los guardias forestales es demasiado peligroso intentar salvarlas.
Sydney está ahora cubierta por una manta de humo, el sol tiene una luz espectral y las famosas playas están ennegrecidas por cenizas y hojas quemadas.
A los pobladores próximos a los incendios se pide ayuda en lo que respecta al abastecimiento de agua: los dueños de piscinas deberán colgar un paño colorado a la entrada para señalar su presencia a los bomberos, equipados con bombas portátiles.
El premier de Nueva Gales del Sur Bob Carr interrumpió las vacaciones en China y regresó ayer a Sydney.
Rápidamente anunció leyes más severas contra los piromaníacos (la pena máxima es ahora de 14 años), después de que trascendió de que al menos 40 de los 100 incendios que se abaten sobre el estado fueron provocados.
Carr además rechazó las críticas según las cuales los incendios se vieron facilitados por un trabajo insuficiente de prevención, subrayando que se habían mejorado notablemente las técnicas de lucha a las llamas tras los incendios devastadores de 1994 y 1997. *
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