"Estamos cansados de que nos roben"
LILIANA SAMUEL, BUENOS AIRES, AFP
«Estamos cansados de que nos roben», clamaron la madrugada del sábado miles de argentinos frente a la Casa de Gobierno, en un espontáneo caceroleo que provocó la renuncia de un alto funcionario del nuevo gobierno antes de ser reprimido por la Policía.
Miles de personas haciendo sonar abolladas cacerolas y las bocinas de sus autos se concentraron en la tradicional Plaza de Mayo, en repudio a la corrupción y el robo de la clase política, según los estribillos que coreaban, tanto del nuevo gobierno del peronista Adolfo Rodríguez Saá como de sus antecesores, comprobó la AFP.
Los cánticos aludieron a Carlos Grosso, con varias causas por presuntos hechos de corrupción cuando fue alcalde de Buenos Aires en el gobierno de Carlos Menem (1989-99) y nombrado jefe de asesores de la Secretaría General de la Presidencia.
La protesta derivó finalmente en la renuncia de Grosso pasada la medianoche del viernes. La noticia de la dimisión fue recibida en la Plaza con algarabía, al grito de «que se vayan todos, que no quede ni un solo» corrupto en la Casa de Gobierno.
«Se va a acabar, se va a acabar esa costumbre de robar», fue la consigna más repetida en la Plaza, al son ensordecedor de las cacerolas de los manifestantes que como única bandera, enarbolaban la argentina.
Tras varias horas de manifestación sin presencia policial, el masivo y espontáneo caceroleo para expresar la bronca y desconfianza contra los políticos fue finalmente dispersado con gases lacrimógenos y camiones hidrantes, luego de que un grupo de jóvenes se acercó a la puerta de la Casa de Gobierno, donde encendieron una hoguera.
En medio del caos, manifestantes pintaron numerosas leyendas en la fachada de la Casa Rosada, en un infrecuente aspecto para la sede del Ejecutivo que lucía como un paredón de los suburbios.
Familias enteras, jóvenes, niños y viejos, mujeres embarazadas y de la tercera edad, la mayoría de clase media, se desbandaron llenando las calles céntricas de Buenos Aires, mientras en la Plaza se desataba una batalla campal entre policías y un grupo de manifestantes que respondió a pedradas.
La protesta se realizó sin banderas partidarias, aunque había diputados de izquierda y centro-izquierda entre la muchedumbre.
«Que los políticos no nos usen para llenarse los bolsillos. Que los que están ahí (en Casa de Gobierno) se vayan. Primero tenemos que comer todos los argentinos, después hablemos de lo demás», resumió indignada una manifestante en Plaza de Mayo.
«Estamos cansados de que nos roben», declaró Miguel, un estudiante de Ingeniería, mientras una señora apuntaba contra «esos atorrantes (bandidos) que se llevaron toda la plata» y un jubilado de 78 años aseguraba que «nunca» había visto a «tantos sinvergüenzas». *
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