La tumultuosa transición argentina
ISIDORO GILBERT – CORRESPONSAL EN ARGENTINA
Que esto es así, lo exhiben los nuevos cacerolazos que se desataron la madrugada del sábado luego que la Corte Suprema avalara la confiscación de los ahorros, el famoso «corralito». El alto tribunal no quedó solo en la furia porteña: la renuncia de esos jueces así como la de la mayoría de los funcionarios, sobre todo el ex intendente Carlos Grosso (cuya testa ya rodó), quien confesó que fue elegido «por su inteligencia y no por prontuario», fue demandada por las multitudes. Grosso era jefe presidencial de asesores.
Estaba escrito que grupos no identificados cometieran desmanes contra los símbolos de la política: la Casa de Gobierno y el Parlamento. Pero no hay que confundir una reacción pacífica y no reprimida en esta ocasión, con la violencia posterior donde la interna peronista pudo tener algún rol.
Es seguro que en las jornadas del 19/20 de diciembre ninguno de los 28 muertos ofrendó su vida por el justicialismo y menos aún para que el nuevo presidente, expresión del acuerdo frágil entre diversas corrientes peronistas, ungiera como ministros o altos funcionarios, a hombres perseguidos por sus prontuarios: el peronismo es un torrente que cuando baja de la montaña arrastra piedra, lodo y agua cristalina. De lo último hay poco.
La reiteración de la bronca popular ha sido sobre los corruptos en el control del Estado. Es su fortaleza pero también sus limitaciones. Abundan consignas puntuales («Fuera la Corte corrupta», «Queremos nuestros ahorros», «Abajo Cavallo y Menem», etc. ) pero falta cómo canalizarlas. Es que los movimientos carecen de dirección: la espontaneidad, una realidad, no es un mérito en sí mismo, porque así como se inicia, se apaga aunque vuelva a encenderse, anárquicamente.
Que en las últimas horas del abismo en que cayó la Alianza hayan prevalecido organizaciones de izquierda que sí saben lo que quieren, desnuda en cierto modo su debilidad para acaudillar el desencanto que fue producto de una cantidad infernal de agravios sobre los sectores populares, al que le puso su moño final Domingo Cavallo con su «corralito» sobre los ahorros de millones de ciudadanos. El vandalismo no llegó de la izquierda conocida.
El nuevo Presidente fue ungido por la Asamblea Legislativa mediante una resolución con vicios legales. El cuerpo no está autorizado por la Constitución Nacional a modificar la Ley de Acefalía que en su actual versión debió otorgar al ex gobernador puntano, el mandato para completar el período del funcionario dimitente. Luego, la Asamblea no tiene facultades para convocar a elecciones y menos aún, modificar la ley electoral que requiere una mayoría espacial para ser reemplazada. La Ley de Lemas, según la mayoría de los constitucionalistas, arremete contra el sistema de elección establecido en la carta fundamental. Por eso un juez federal dispuso suspender las elecciones del 3 de marzo.
La sucesión presidencial no fue clara, pero ni el Parlamento podría remediar lo oscuro: sólo la Corte, y ya se sabe cuál es su filiación política. Si el peronismo colocó en una resolución electiva de Rodríguez Saá los otros asuntos, fue para resolver la sucesión en la imposibilidad de un acuerdo para un nombre que cubriera todo el mandato. Es lo que le están recordando al mandatario los grandes electores del PJ, apenas a una semana de su designación. Desde su discurso liminar y con cada anuncio, exhibe una voluntad inocultable de que él debe ser quien cumpla el tiempo faltante y le da una nueva impronta al peronismo.
Sordos ruidos se oyen
Los roces casi sordos derivan en estruendosos. Los gobernadores de Córdoba, Santa Cruz y Buenos Aires, José Manuel de la Sota, Néstor Kirchner y Carlos Ruckauf, le han dicho claramente que quieren elecciones el 3 de marzo por Ley de Lemas y que debe prepararlas.
Rodríguez Saá emergió como provisional, porque él aceptó el desafío para encauzar la economía y llamar a elecciones con la compleja herencia. Hasta donde se sabe, la Liga Federal que integra, o sea, las provincias gobernadas por el justicialismo que son las pequeñas y de base económica atrasada, que explica los caudillajes fuertes que utilizan al Estado para mantener su hegemonismo, no acompañan por ahora la propuesta de extensión del mandato hasta 2003.
Hoy una cumbre peronista le recordará el acuerdo a Rodríguez Saá: si no cumple, podría ser relevado por una nueva Asamblea Legislativa. Pero debe resolver como supera la impugnación judicial a la Ley de Lemas.
La suerte del gobierno se juega en las primeras semanas de enero en la economía. El sistema bancario está dislocado. No hay casi circulante y menos dólares para un sistema de convertibilidad falazmente conservado y los ahorros no están a disposición de sus propietarios, en su gran mayoría de pocos recursos. Hay remarcado de precios y escasez de medicamentos. Si se declaró la cesación de pagos, no fue por una decisión ideológica, sino consecuencia de la imposibilidad de poder pagar vencimientos que se vienen: pero se le giraron 17 millones de dólares al FMI para mantener un vínculo con el mundo financiero mundial, que mira para otro lado.
Rodríguez Saá puso en primer lugar de la agenda los problemas del empleo y el hambre. Su propuesta alimentaria y de crear un millón de empleos precarios, pero los trabajos al fin son todavía caóticos y carecen de la financiación. Pensaron cubrirla con el «argentino», la opción pensada frente a la devaluación o la dolarización. Pero el Presidente eyectó al titular del Banco Nación y mentor de la moneda 3: David Expósito quería emitir 15.000 millones de argentinos, lo que es una invitación a que naciera con una depreciación fenomenal. El argentino murió antes de nacer: lo supliría el Lecop, bonos que se envían a las provincias y los nacionalizaría.
Los expertos discuten si pueden tirarse al mercado 3 o 4 mil millones Lecop, sin que pierda demasiado su valor hoy en paridad con el peso. La «desprolijidad» dejó estupefacto al canciller español, Joseph Piqué, quien vino para proteger los intereses de las empresas de ese origen, que controlan los servicios públicos y el petróleo. Piqué tuvo un encuentro ríspido con el canciller José María Vernet; dicen de éste que la diplomacia no es su don.
La visión de Piqué alertó a los norteamericanos, brasileños y otros que hicieron sentir su peso reclamando un plan orgánico y sustentable. Leído como se debe, piensan que la mezcla de improvisación, dificultades y rencillas políticas, pueden dar lugar a una crisis político-social y se preparan para incidir sobre ella. George Bush, tangencialmente, reclamó las elecciones.
El mantenimiento de la convertibilidad, una exigencia de los grandes grupos concentrados, requiere una nueva vuelta de tuerca sobre el presupuesto. Para conservar la ficción de un dólar igual a un peso, sin las reservas necesarias, se requiere de déficit cero o, aún, superávit fiscal. Ninguna de las dos opciones es viable y la Argentina necesitaría de auxilio financiero para un presupuesto con un déficit manejable en condiciones normales.
El Presidente designó nombres en carteras claves con problema de prontuario y sin representar a los gobernadores con poder. Es posible que Rodríguez Saá haya debido recurrir a la ambulancia, por las dificultades en lograr los mejores para un mandato breve. Grave error: ya tiene que producir cambios.
Rodríguez Saá creyó que debía conseguir reducir la tensión con gestos hacia la izquierda y el movimiento obrero. Derogó leyes como la reforma laboral, signada por el escándalo cuando fue aprobada, prometió a las organizaciones defensoras de derechos
humanos poner en libertad a miles de luchadores sociales, suscribió, por la influencia del secretario de Justicia, Alberto Zuppi, un proyecto que profundiza la libertad de expresión, así como anticipó que el decreto de De la Rúa impidiendo la extradición de represores será derogado. Pero a las FFAA las calmó: no propiciará extradiciones.
Sin financiación puso en marcha un ambicioso programa laboral. Al menos en una de las dos ramas de la CGT creen que Juan Perón ha renacido en el cuerpo del gobernador puntano, lleno de energía, gestos que recuerdan al general de 1945 y una ambición asombrosa.
Va de suyo que proclamar la cesación de pagos, aún obligada, generó un fuerte impacto en la sociedad. Washington no impugna el paso y aunque prefirió que no lo diera lo que quiere es saber cómo sigue la película.
Pero el programa de Rodríguez Saá no piensa tocar intereses clave para que pongan lo suyo para revertir la crisis, ni, por ahora, piensa ajustar a las empresas de servicios privatizadas, aunque una reforma de los contratos parece ineludible. Hay puntos oscuros, como el futuro de la educación o el papel de los militares.
El programa económico de emergencia no puede abrir el «corralito» de los depósitos lo que se ha comprobado como intolerable: es el talón de Aquiles de este y de cualquier futuro gobierno. No hay reclamos a la banca extranjera, que controla gran parte del sistema, para que sus casas matrices se hagan cargo de los compromisos con los ahorristas. El discurso presidencial ante la Asamblea aunque genérico, modificó el eje del debate económico dominado por el neoliberalismo.
Hoy habrá una cumbre justicialista para ratificar los comicios. Esta discusión enoja a las multitudes que fustigaron la politiquería: es como que no han leído bien el mensaje de las calles, aunque se recuestan sobre las movilizaciones para justificarse, cada uno con sus palabras. Los que quieren elecciones sostienen que esa fue una de las demandas, cosa discutible. O que es necesario legitimar en las urnas al futuro presidente.
Bienvenida Argentina a Latinoamérica; adiós a la ilusión menemista del Primer Mundo. Las cacerolas están sin guardar. *
Te recomendamos
¿mesías?
Milei rendirá tributo al mesiánico Rebe de Lubavitch, que predicaba supremacismo racial judío
Desde proclamarse mesías y decir que los judíos son la raza superior hasta los escándalos de pederastia encubiertos por la organización: este es el movimiento al cual Javier Milei rendirá tributo en el Palacio Libertad.
Compartí tu opinión con toda la comunidad