A 22 años de la invasión soviética a Afganistán
El 27 de diciembre de 1979, el jefe de los ex poderosos servicios de espionajes soviéticos, KGB, Iuri Andropov, dio la orden y en sólo 43 minutos las fuerzas rusas asaltaron el palacio presidencial de Afganistán del líder Aifuzullah Amin.
Nadie suponía que el golpe de Estado soviético en Kabul, que se había hecho tan rápido, sería una de las peores lecciones de la historia para Moscú, cuya ocupación duró 10 años pero con una resistencia armada afgana que logró echar humillado al ejército rojo.
La prensa rusa recordó el golpe de Estado al cumplirse el vigésimo segundo aniversario. El diario Komsomolskaia Pravda publicó una imagen del edificio, ubicado sobre una colina de Kabul como en los tiempos del rey Zahir Shah.
En la misma página hay fotografías tomadas en las últimas semanas, con escombros y ametralladoras cerca de la piscina del edificio oficial.
Lo que queda del edificio está bajo control de los jóvenes mujaidines, quienes no vivieron lo que se registró allí hace 22 años. Las operación –denominada Tempestad 333– fue guiada por el general de KGB Iuri Drozdov, a cargo de un comando de 30 hombres del grupo Alfa, recién creado por los servicios de inteligencia soviéticos. También había 30 hombres del GRU, los servicios secretos militares de la Unión Socialista de Repúblicas Soviéticas (URSS).
Los atacantes fueron apoyados en el exterior del edificio por un batallón de paracaidistas «musulmanes» provenientes de las repúblicas soviéticas de Asia Central y vecinas a Afganistán.
La guardia afgana fue doblegada fácilmente y los atacantes soviéticos perdieron nueve hombres y otros 52 resultaron heridos.
El médico personal de Amin –por orden del KGB– le puso veneno en la comida al líder afgano, en la que fue su última cena. Pero estaba con vida cuando los comandos ingresaron, por lo que fue asesinado e inmediatamente sepultado en una fosa común.
Concluía así lo que la prensa soviética llamó entonces «La Revolución Nacional y Democrática antifeudal y antiimperialista» liderada por el pequeño Partido Comunista de Afganistán.
«La radio de Kabul dio la noticia de que un tribunal revolucionario había condenado a muerte al traidor Amin y que la sentencia fue cumplida», recuerda en un libro de memorias el general del KGB Vadim Kirpicenko, quien coordinaba en Kabul el golpe dado por los filosoviéticos.
Después, Radio Kabul transmitió el mensaje al pueblo de Babrak Karmal, el hombre del Kremlin para conducir Afganistán, quien cerró las fronteras con Tajikistán para sostener el régimen, además de perseguir a la etnia pashtún y al partido Khalq, comunistas disidentes.
Comenzó así la ocupación soviética, que duró hasta febrero de 1989, cuando el general Boris Gromov emprendió la retirada hacia Moscú. *
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