Reabre Liberty Island, pero la Estatua de la Libertad sigue cerrada
De todos modos, los turistas no van a poder subir las 354 gradas a la corona de la Estatua de la Libertad, que permanecerá cerrada por motivos de seguridad probablemente hasta el próximo año, indicó el departamento de Parques Nacionales, que supervisa los sitios.
Los visitantes a Ellis Island, sede del Museo de la Inmigración, y a Liberty Island, deberán someterse a estrictas medidas de seguridad, similares a las que se aplican en los aeropuertos, indicó Brian Feeney, portavoz del departamento de Parques Nacionales.
Antes de embarcarse en los transbordadores rumbo a Ellis Island o a Liberty Island, los turistas deberán atravesar detectores de metal y sus pertenencias serán examinadas en máquinas de rayos X, dijo Feeney, quien agregó que sólo se van a permitir bolsos pequeños.
Las dos islas, que figuran entre las mayores atracciones turísticas de Nueva York, reciben unos 4 millones de visitantes al año.
100 días después del martes negro
A los 100 días de haber sido atacada por dos aviones convertidos en bombas, que derrumbaron las Torres Gemelas y dejaron unas 3.000 víctimas, Nueva York logró al fin apagar el incendio que ardía bajo los escombros, pero las heridas infligidas a la ciudad siguen abiertas.
«Todos los días, desde hace 99, abro las cortinas de mi departamento, y todavía recibo un shock, al no ver las Torres Gemelas», dijo a la AFP Susana Rodas, una secretaria que vive en el sur de Manhattan. «El paisaje de Nueva York cambió para siempre, y mi vida también», dijo.
El número de víctimas de los atentados ha bajado drásticamente, desde las primeras estimaciones realizadas en las primeras horas y días después que dos aviones secuestrados pulverizaron el World Trade Center, envolviéndolo en una ola de fuego, sangre y muerte.
El último balance de los muertos y desaparecidos en los atentados en Nueva York descendió a 2.992, según informó ayer jueves la oficina de emergencias de la ciudad.
Aunque el alcalde Rudolph Giuliani dijo desde el primer día que sea cual fuere el número de víctimas, éste «sería siempre demasiado alto», esta cifra es menos de la mitad de las primeras estimaciones, cuando se calculaba que unas 6.000 a 7.000 personas habían muerto en el atentado contra Nueva York.
Esta disminución del balance de víctimas se debe a los esfuerzos de verificación y de eliminación de repeticiones en los nombres de las víctimas, según explican responsables de la oficina de la ciudad que contabiliza a las víctimas de los ataques del 11 de setiembre contra las Torres Gemelas.
Cien días después del atentado, en la «zona cero», cuadrillas de trabajadores y rescatistas siguen removiendo escombros noche y día. Hasta ayer se habían removido 845.156 toneladas de escombros, que 64.367 camiones han transportado a una isla cercana. Los trabajos de limpieza de la zona durarán todavía varios meses, indicaron las autoridades. Y tomó casi cien días sofocar el tenaz fuego subterráneo que ardía desde el 11 de setiembre bajo las ruinas del World Trade, que ha consumido miles de toneladas de materiales de construcción, de muebles, computadoras, sin que los bomberos, que han trabajado en la superficie, pudieran apagarlo, por falta de acceso al fuego.
Fue sólo hasta esta semana que se apagó el incendio, que ha sido el más largo que ha consumido un edificio comercial en la historia de Estados Unidos, según indicaron el jueves fuentes de los bomberos, que como no podían atacarlo directamente, se limitaban a contenerlo, rociando algunos sectores.
La poderosa y orgullosa ciudad –cuya economía hace frente a serios problemas de presupuesto, que han obligado a drásticos recortes– ha sido golpeada en su psicología, y falta aún mucho tiempo para que restañen las heridas abiertas por el atentado.
«Desde el once, me siento siempre insegura, vulnerable, siempre estoy viendo quién está cerca de mí, quien se sienta a mi lado en el metro. Hago cosas que antes nunca haría, como bajarme de un vagón del metro si veo a alguien que me parece sospechoso», dijo a la AFP Melba Vásquez.
Pese a los fuertes golpes, Nueva York sigue de pie, y se prepara a las fiestas de fin de año, que estarán rodeadas de estrictas medidas de seguridad, y a decir adiós a su popularísimo alcalde Rudolph Giuliani, cuya dimensión creció tras el atentado, y que desde el 1º de enero dejará las riendas de la ciudad al magnate Michael Bloomberg.
«De pie, pero sin olvidar ni un sólo día a los muertos», concluyó Vásquez. *
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