En los 70 en Kabul, cuando había minifaldas

Los años 70 han quedado en la memoria de muchos kabulíes como los del esplendor de la ciudad, cuando los extranjeros que visitaban la capital «no eran sólo de la Cruz Roja» y las jóvenes iban en minifalda.

«Kabul, capital de Afganistán desde 1776, es una ciudad de rápido crecimiento, donde los altos edificios modernos se codean con los bazares más bulliciosos y las amplias avenidas con los turbantes brillantes, los ‘chapanes’ (chaquetas), las escolares en minifalda, una multitud de rostros hermosos, y un nutrido y ruidoso tráfico».

Esta es la descripción de la capital afgana en la guía de viaje que la estadounidense Nancy Hatch Dupree publicó en 1970 y actualizó en 1977, dos años antes de la ocupación de los soviéticos.

Treinta años después, en Kabul los rostros hermosos y las minifaldas han desaparecido bajo las burqas, las casas se caen a pedazos, y hay miles de armas codeándose con miles de milicianos.

«Entonces los extranjeros no eran todos de la Cruz Roja o la beneficencia. Ni eran soldados. Eran turistas, muchos jóvenes», dice Golam Mohammad, el decano de Chicken street.

A sus 90 años, conserva la memoria y un excelente recuerdo de los últimos años del reinado de Mohammed Zahir Sha (1933–1973) y de la presidencia de su primo, Mohamad Daud, fundador de la República de Afganistán tras un golpe de Estado.

Golam Mohammad es tayiko, originario de la provincia norteña de Shamangán y él y su familia tienen tres tiendas de antigüedades en Chicken street, una de las pocas calles comerciales en buen estado de la capital.

«Ojalá volvieran esos tiempos» añadió y, tras un momento de reflexión, sentenció con confianza: «sí, algún día Kabul será otra vez así».

Golam se para a menudo a pensar acariciándose la larga barba blanca, y su sobrino aprovecha para tomar la palabra.

El régimen de los talibanes les obligó a guardar en la trastienda los tapices que reproducían figuras humanas y los instrumentos musicales.

«Al de la tienda vecina le destrozaron los instrumentos en la calle y a mí me amenazaron con cerrarme una semana la tienda si no retiraba este mural» de inspiración hindú en que aparece un caballero, explicó Ahmad Mir, un joven de 25 años que sólo ha vivido dos años en tiempos de paz. *

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